Opinión

Celebración de Haití

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 28 de abril de 2024

Este año se cumplen 220 años de la independencia de Haití, el primer país del mundo en el que triunfó una revuelta de esclavos. La suya fue una gesta gloriosa. Entre 1791 y 1803 lucharon contra Francia por la libertad y fueron los primeros de Hispanoamérica y el Caribe en ganarla. Como recordaba C. L. R. James (1901-1989) en “Los jacobinos negros. Toussaint L´Ouverture y la Revolución en Haití” (Turner, 2003; Katakrak, 2022), “en una sola ocasión- en Santo Domingo, Haití- consiguieron los esclavos deponer el sistema esclavista”. La grandeza de aquella lucha es, pues, un ejemplo para toda la humanidad. A Haití no se le perdonó esta osadía. En 1825, bajo amenaza de una nueva invasión para restablecer la esclavitud en la isla, Francia exigió para la paz el pago de una suma astronómica: 150 millones de francos. El nacimiento de la primera república negra y la abolición de la esclavitud -otros tardarían varias décadas en declararla- son dos momentos que abren la puerta para la entrada de Haití en la historia de la mano de los generales Toussaint L´Ouverture (1743-1803), Jean-Jacques Dessalines (1758-1806) y Henri Christophe (1767-1820), que se proclamó emperador y a quien Alejo Carpentier (1904-1980) consagró su deslumbrante novela “El reino de este mundo” (1949).

En la independencia y el desarrollo posterior de Haití, la cultura y la religión vudú desempeñaron un papel fundamental. Desde el juramento de Boïs-Caiman hasta la resistencia cultural a la ocupación estadounidense entre 1915 y 1934, la religión de los “lwas” o loas ha inspirado la pintura, la escultura y la música de los haitianos. Relacionada con la santería cubana y la umbanda y el candomblé del Brasil, la religión vudú hunde sus raíces en el golfo de Guinea y se sincretiza con el catolicismo en Haití. Su presencia es patente en todos los aspectos de la cultura haitiana. Sirva como ejemplo la obra literaria de Gary Victor (1958), el gran novelista haitiano afincado en Francia, cuyo libro “La piste des sortilèges” cuenta las aventuras de Sonson Pipirit en su intento de rescate de Persée Persifal, asesinado por un diputado corrupto. En su periplo, frecuenta el trato de los vivos, los muertos y los espíritus e ilumina la cultura de la isla.

Algunos ejemplos de pintura haitiana pueden admirarse desde el 25 de abril y hasta el 22 de septiembre en la exposición “Haití: África en el Caribe. Desde el arte Naif hasta el arte Vodou”, que acoge el Museo de América gracias a la colaboración entre el Ministerio de Cultura, la Embajada de Haití en España, la galería de arte Karel´s y el propio museo. Comisariada por el galerista Stavros Nicolopoulos y por el artista haitiano afincado en España James Thegenus, en la muestra se exhiben obras de artistas haitianos en la tradición de los grandes pintores del siglo pasado -Hector Hyppolite (1894-1948), Philomé Obin (1892-1986), Castera Bazile (1923-1966) y Rigaud Benoit (1911-1986), por ejemplo- agrupados en torno al Centro de Arte de Puerto Príncipe, fundado en 1944 por el acuarelista estadounidense Dewitt Peters (1902-1966). Destaca la instalación de un santuario vodou obra de James Thegenus, pintor del cuadro “Ezili Freda” que puede verse expuesto. Es de destacar también el paisaje onírico de Lily Honson titulado “Ensueño terrenal” y que nos remite a las claves de la pintura surrealista. No en vano el arte naif y el arte vudú admiraron a André Breton (1896-1966).

Se trata, en suma, de una magnífica oportunidad de conocer de cerca el arte de este país y este pueblo admirable. Mientras visitaba la exposición, recordaba aquel pasaje bellísimo de “El reino de este mundo” en que cuenta cómo “aquella tarde los esclavos regresaron a sus haciendas riendo por todo el camino. Mackandal había cumplido su promesa, permaneciendo en el reino de este mundo. Una vez más eran birlados los blancos por los Altos Poderes de la Otra Orilla”.

No dejen de visitarla.