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Hace 125 años…

sábado 25 de mayo de 2013, 17:55h
El 21 de mayo de 1888 el Cardenal Lavigerie, Cardenal, fundador de los Misioneros de África, (Padres Blancos) y de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África (Hermanas Blancas) bajo el auspicio del Papa León XIII, inició una campaña contra la esclavitud en África cuyo 125º centenario se conmemora en estos días. Con ese motivo, desde finales del año pasado y a lo largo de 2013, se suceden las actividades por todo el mundo que conmemoran la lucha contra la trata de seres humanos y el éxito final de su abolición.

No les ocultaré que me caen bien los Padres Blancos y las Hermanas Blancas. Me gusta su estilo de vivir el Evangelio con la gente y de correr el destino de los pueblos africanos con quienes viven y a quienes sirven en escuelas, dispensarios, talleres… Me encanta esa pasión por África que les rezuma por los poros de la piel y el rigor con que estudian las cuestiones africanas. No conozco a nadie que ame tanto ese continente ni sé de nadie que haya dedicado más esfuerzos a combatir los prejuicios, los tópicos y las mentiras sobre los pueblos africanos. Con ellos –con los Padres y las Hermanas- he aprendido todo lo mejor que sé sobre el África blanca y el África negra, sobre el Magreb, el Mashrek y los desiertos, las religiones y la sabiduría profundísima de ese continente prodigioso. Cuando los cooperantes y expatriados se marchaban a docenas de Argelia durante la época del FIS y del GIA (¿se acuerdan? Aquellos que degollaban gente…) los Padres Blancos decidieron quedarse en el país y compartir la suerte de los argelinos. Comprometerse con África era seguir en Argelia. He aquí a las Hermanas y los Padres Blancos y cuando llegue el Día del Juicio habrá un montón –pero un montón, ¿eh?- de argelinos, malienses, keniatas, burkineses, etíopes y otros muchos testificando a su favor. Ese Día los millones de pobres, de machacados de la Historia, de esclavos, de excluidos y de olvidados alzarán la voz por estas mujeres y estos hombres que lo dejaron todo para morir y, sobre todo, vivir por África y, especialmente, por los africanos. Así llevan desde 1868 y ahí siguen. Si tienen ocasión de conocerlos, no la dejen pasar.

Ellos siguen denunciando las atrocidades, los atropellos y los abusos que sufren los pueblos de África, que luchan por salir adelante y, cuando lo consiguen, sólo encuentran el silencio de los grandes medios de comunicación, las universidades y las demás instituciones que influyen en nuestra sociedad. En este aniversario de la lucha contra la esclavitud, África sigue sufriendo formas de opresión que van desde el silencio ante las buenas noticias que cada día da el continente –hay países que están superando la pobreza y creciendo como Angola o Nigeria- hasta el expolio de las tierras o los abusos que sufren los africanos que emigran a Europa.

Tomen el caso del acaparamiento de tierras para la producción de agrocombustibles, que está devastando comarcas y forzando a la población a abandonar las tierras de sus antepasados, los lugares sagrados y las aldeas. En la República Democrática del Congo, en Mozambique, en Tanzania, en Etiopia, en Madagascar, en Senegal, en Malí y en otros países, grandes empresas compran tierras para cultivar maíz, jatropa, caña de azúcar y palma cuyo aceite servirá para agrocarburantes. Desde 2006, más de 30 millones de hectáreas de tierra africana han pasado a manos de propietarios privados extranjeros que las utilizan para cultivar alimentos destinados a la exportación –y de ellos los africanos apenas ven nada- o a la producción de combustibles de origen vegetal. Este acaparamiento de tierras está abriendo las puertas de potenciales conflictos, nuevas y viejas formas de pobreza y la destrucción ambiental producida por los productos químicos que algunos utilizan para optimizar las cosechas.

África está saliendo de la miseria pero lo hace con una mano atada a la espalda porque algunas de las actuales instituciones jurídicas y políticas internacionales están más diseñadas para que los pueblos de África sigan postrados que para que se levanten. Hay empresas que cultivan con métodos que jamás serían admitidos en ningún país de Europa y si en España nos escandaliza la corrupción -la de los corruptores y la de los corrompidos- muchos callan cuando se trata de ver quién corrompe y quién se beneficia de la corrupción en África.

Hace 125 años el Cardenal Lavigerie alzó una voz profética para pedir la libertad de los esclavos y el fin de la trata. Sus palabras siguen teniendo hoy la misma vigencia. “Amad a África por sus heridas ensangrentadas y por sus gritos de dolor, por sus grandes hombres y por sus santos. Amadla con sus recuerdos y sus leyendas.” Hoy África se debate entre la postración y la libertad, entre la opresión y el crecimiento, entre la corrupción y la liberación. Hace más de un siglo que hombres y mujeres deciden seguir a Cristo en tierras de África pidiendo con los africanos el pan y la palabra.

Hoy esta columna les rinde homenaje y celebra este 125º aniversario de la campaña contra la esclavitud del Cardenal Lavigerie.
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