Opinión

Pushkin cumple 225 años

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 02 de junio de 2024

El próximo 6 de junio se cumplen 225 años del nacimiento de Pushkin (1799-1837), príncipe de las letras rusas y espejo de los poetas europeos. Nada le faltó a su vida: libros por doquier, deudas, aventuras, amoríos -incluso el intento de seducir a la hija del general Vorontsov, gobernador general del Cáucaso- conspiraciones, hijos y un duelo fatal en el que nunca sabremos a ciencia cierta si le manipularon la pistola para que no pudiese defenderse. Lo enterraron casi en secreto porque el zar temía que su funeral se convirtiese en un acto de masas que infringiese el orden público. Del hombre que lo mató, un oscuro militar francés llamado Georges d´Anthès, de quien se decía que era amante del embajador de los Países Bajos Van Heeckeren, no se acuerda nadie, pero Pushkin -me pongo en pie para nombrarlo- ya era inmortal.

No hay poeta más ruso que este joven que publicó su primer texto con apenas 15 años. Se trataba de una carta “Al amigo poeta” y vio la luz en la revista literaria “El mensajero de Europa”. Para entonces, ya tenia en su haber una formidable cultura. Hijo de una familia noble, creció en un hogar donde se hablaba francés, pero criado por una abuela materna y una aya, Arina Rodionovna, que le enseñaron el amor por la lengua y las tradiciones rusas. Puedo imaginarlo escuchando los cuentos que Alexander Afanasiev recopilaría unas décadas más tarde. Aprendería las leyendas de los viejos príncipes de la Rus de Kíev y de Nóvgorod. Le enseñarían los juegos de palabras, los refranes y las consejas en las que el ruso es pródigo. Supongo que corregirían poco a poco su caligrafía porque, en Rusia, saber escribir a mano era todo un arte. Recuerdo a mi primera profesora, Yevguenia, que se esforzaba en vano en mejorarla.

Tampoco hay poeta más europeo que nuestro Pushkin. Si el Romanticismo busca un ejemplo, ahí está él a la altura de Byron. Nada le envidia y todo le disputa. Si se trata de vida escandalosa, yo creo que hasta lo supera porque ni Byron se atrevió a desatar la ira del zar como si hizo varias veces Pushkin. Lo salvaron sus amigos y su talento. Nadie como él sintió la pulsión de la aventura. Viajó a través del Cáucaso hasta Armenia y dejó como testimonio el “Viaje a Arzrum durante la campaña de 1829”. Conoció la vida vibrante de San Petersburgo y la distancia gélida de las fronteras del imperio. Se salvó de la deportación a Siberia por los pelos en tiempos de Alejandro I -entre los decembristas se contaban muchos de sus amigos, pero también disfrutó del perdón de Nicolás I. Compuso la historia de amor más romántica del siglo XIX: “Eugenio Oneguin”, que se publicó por entregas entre 1823 y 1831 y tuvo su edición definitiva en 1837. Chaikovski compuso una ópera a partir de la historia manteniendo los versos originales del poeta.

El ruso más ruso y el europeo más europeo debería tener algo que decirnos en este tiempo aciago que vivimos. Desde hace años, los intentos de “cancelar” la cultura rusa han hecho de Pushkin uno de sus objetivos prioritarios. Si la “cultura de la cancelación” es la mayor traición a la cultura, los ataques a Pushkin son una injusticia y eso debería importar algo. La obra de Pushkin habla por la cultura rusa más allá de la política y la guerra y habla también por lo que los seres humanos- todos los seres humanos- somos capaces de admirar y compartir. Pushkin, como el formidable tesoro de nuestra civilización, pertenece a la humanidad entera. Desde su obra, puede entenderse la modernidad hasta llegar a nuestro tiempo. Precisamente porque Europa atraviesa sus horas más oscuras, deberíamos volver a sus páginas y a sus versos.

Hay, pues, que defender a Pushkin y su lengua, la lengua rusa, en la que se ha expresado una cultura luminosa que cada 6 de junio celebra su día y que este año, además, festeja el 225º cumpleaños del autor de “La hija del capitán” (1836). En toda la Federación de Rusia y en las instituciones culturales rusas de todo el mundo hoy es un día de fiesta, de recitales y de conciertos. La fecha es propicia a la poesía y a la memoria del legado de más de mil años de cultura rusa.

¡Viva Pushkin!