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ORIENT EXPRESS

En defensa de la cultura rusa

Ricardo Ruiz de la Serna
domingo 27 de marzo de 2022, 19:14h

Por todo el mundo se extiende la idea de “cancelar” la cultura rusa como represalia o protesta por la guerra en Ucrania. No se trata sólo de excluir a Rusia, esto es, a los rusos, de los próximos estrenos de productoras como Disney, Warner o Sony o de que plataformas como Netflix dejen de verse en el país. Esta oleada de cancelación comprende todas las manifestaciones de la cultura rusa. El Museo Ruso de Málaga, uno de los tesoros de la ciudad, quedará, en palabras del alcalde “hibernando”. Se mantendrá la exposición permanente, pero no acogerá nuevas muestras. Es bueno reseñar que todos los artistas cuyas obras pueden admirarse están muertos. El Teatro Real ha cancelado la actuación del Ballet Bolshoi en respuesta a la suspensión por parte del teatro moscovita de la actuación del maestro Plácido Domingo. El Festival de Peralada ha hecho lo propio con el ballet del Teatro Mariinsky de San Petersburgo

De esta furia no se salvan, como hemos visto, ni los artistas difuntos: la Filmoteca de Andalucía suspendió la proyección de “Solaris”, la película que dirigió en 1972 Andrei Tarkovski (1932-1986). Hay orquestas que han dejado de programar a Chaikovski (1840-1893). Se ha borrado a Chejov (1860-1904) de festivales de teatro. En una universidad italiana se pidió la cancelación de un ciclo de conferencias sobre Dostoyevski (1821-1881), pero los profesores se rebelaron y detuvieron la ofensiva. El alcalde de Florencia, Dario Nardella, también se ha opuesto a derribar la estatua que el escritor ruso tiene en la ciudad de los Medici. Es reconfortante saber que no se ha perdido por completo la claridad moral en Europa.

La “cancelación” cultural no es sólo censura, sino deslegitimación de una determinada persona o creación. Es un mecanismo de control social tan represivo e injusto como la ideología “woke” que lo inspira. Lo que se está intentando no es la condena de un gobierno o de un Estado, sino la de un pueblo que ha dado al mundo páginas radiantes. Hay que recordarlo en esta hora terrible de Europa. La agresión contra Ucrania es injusta, pero una injusticia no se repara con otra injusticia. Un linchamiento -y eso es lo que se pretende con Chejov, Chaikovski, Tarkovski y tantos otros creadores muertos- es una injusticia no sólo hacia el pueblo ruso, sino hacia la humanidad entera, a quien pertenece el tesoro de sus obras.

Esta guerra es una lucha fratricida entre eslavos, entre europeos, entre pueblos que han compartido siglos de historia en común. La guerra nos deshumaniza y es la cultura la que nos hace humanos. Hay ocho siglos de literatura prodigiosa desde que el príncipe Ígor salió a la guerra contra los Polovtsianos y otro tanto de música fabulosa que culminó en la maravillosa obra homónima de Borodin. Odesa fue la cuna de Bábel (1894-1940) y de Ana Ajmátova (1889-1966). Gógol (1809-1852), natural de Poltava, cantor de la grandeza y la libertad cosacas, escribía en ruso. En Berdichev, en el norte de Ucrania, nació Vasili Grossman (1905-1964), judío soviético, comunista y uno de los escritores en ruso más brillantes que dio el siglo XX. ¿Será alguno de ellos el siguiente en la lista de los “cancelables”? ¿Será título suficiente haber escrito en ruso? ¿Cómo satisfarán estos autores la exigencia de condenar el espanto que estamos viviendo? Quizás caigan víctimas de una medida colectiva como la que han adoptado varias ferias del libro de distintos países al excluir a las editoriales y agencias literarias rusas.

Hay más de mil años de cultura rusa y ellos hablan por el pueblo ruso. Por él alzan la voz los iconos que, como decía Florenski, nos traen el más allá como se nos presentan las imágenes en los sueños, y las cúpulas de las catedrales de San Basilio. A ese pueblo lo representan Tolstoi y Dostoyevski, ese genio cuya estatua salvó un alcalde lúcido. Por los rusos hablarán, cuando todo esto haya pasado, los ballets de Diaghilev y las sinfonías de Shostakovich. Ese pasado y ese pueblo merecen algo más justo que el borrado de su deslumbrante cultura.

El arte no sólo nos recuerda quiénes somos, sino que también nos indica a qué podemos aspirar: lo bueno, lo bello, lo verdadero. Cuando esta guerra termine, necesitaremos el arte para reconstruir todo lo que los bombardeos rusos han arrasado. No. No quito responsabilidad al gobierno ruso, pero no se pretende cancelar a un presidente ni a un primer ministro ni a un Estado. Se está intentando estigmatizar la cultura rusa -y, a través de ella, al pueblo que la alumbró- por el solo hecho de ser rusos. Eso es una injusticia y una traición a los valores europeos, esos mismos en cuyo nombre se pide con razón auxilio y apoyo para Ucrania.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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