En la etapa de Louis Van Gaal como entrenador del Barcelona se instauró en el Camp Nou un lema con aires lapidarios: "La crisis de noviembre". Por aquellos tiempos el conjunto catalán acostumbraba a sufrir un bajón de rendimiento en el citado mes. Y en la actual temporada ha ocurrido lo mismo. Después de haber enamorado al planeta con su fútbol en octubre -los cinco partidos que jugaron los resolvieron con goleadas, incluidos los duelos ante el Bayern y el Real Madrid-, las dudas han contaminado a estas semanas. En ese segmento han dilapidado el colchón que habían construido en la cima de LaLiga, al sumar uno de los últimos nueve puntos en juego antes de la visita de este martes a Son Moix. La situación estaba empezando a tornarse en resbaladiza, así que debían dar un paso al frente en Mallorca. Y lo dieron con contundencia.
Hansi Flick ha exigido en público a sus jugadores que compitan con intensidad y concentración. Su estilo así lo demanda para mantener un éxito silimar al cosechado en el primer tercio de curso. Durante su carrera en los banquillos ha demostrado que no le tiembla la mano si ha de tomar decisiones duras para que el proyecto salga a flote. Esta tarde comenzó a demostrarlo en 'Can Barça' al no dar ni un minuto de juego a Robert Lewandowski. El pichichi liguero llegó a calentar pero no llegó a saltar al verde a pesar de que los locales pusieron en aprietos a los azulgranas, sobre todo en el primer tiempo. El estratega germano colocó al intenso Ferran Torres en el rol de 'falso nueve' y acertó, pues el atacante español se vació y aprovechó la oportunidad al anotar el 0-1 en el minuto 12. Con su innegociable compromiso, siguió una jugada aparentemente muerta en el área rival que derivó en un despeje que Mojica estrelló en su compañero Valjent. De repente surgió un balón suelto y 'el Tiburón' hizo caja con un derechazo que se coló a trompicones.
El tempranero gol vino a confirmar las buenas sensaciones que había sembrado el conjunto visitante en el prólogo. Impusieron rápido un monólogo en la posesión (66% al descanso) y una presión asfixiante que sacó de eje al bloque dirigido por Jagoba Arrasate. Los baleares, que viajan a sólo dos puntos de los puestos que dan acceso a la Liga de Campeones, juegan con todo en su feudo. Allí se han erigido como una de las mejores defensas del torneo. Pelean cada cuero con agresividad y buscan la portería ajena a toda velocidad. Adelantan la defensa con valentía y tutean a todo el que aterriza en la isla. Esta vez quisieron repetir la receta, pero se toparon con el aplomo azulgrana en el pase. Esta virtud está personificada, en el presente, en el papel de Pedri como generador en la base de la jugada y en la irrupción de Marc Casadó. El mediocentro de 21 años volvió al once tras cumplir una sanción y agilizó las circulaciones de su delegación con su asombrosa naturalidad. Su talento es fundamental para marcar el ritmo y verticalizar.
Ese doble pivote 'inventado' por Flick ejerció como gobierno del choque hasta la media hora. Hasta esa frontera los catalanes disfrutaron de lo lindo. Combinaban por dentro, entre líneas, con Dani Olmo dañando y asociándose con Ferran para encontrar, después, a Raphinha o a Lamine Yamal. El arsenal de esa ofensiva, aún sin el goleador polaco presente, es oro y una tortura para la defensa que deba frenarlo. La dureza de Valjent y Raíllo no daba para contener un torrente al que sólo ponía peros el desempeño destructivo de Samú Costa. El luso, como siempre, estuvo colosal al corte y terrible en el pase. El tempo acelerado 'culé' desbordaba a la retaguardia bermellona con asiduidad y belleza coral, y a punto estuvo de significar la sentencia prematura del resultado. El meta Leo Román salvó a los suyos al repeler una volea de Torres -minuto 19- y de inmediato Lamine chutó sin pericia una transición fulgurante.
El Mallorca aguantó como pudo y localizó algo de aire cuando Antonio Sánchez trazó desmarques de ruptura que desafiaban a la trampa del fuera de juego visitante. Los locales amenazaron en el minuto 24 con un testarazo desviado del malloquín, a centro de Mojica, y desde entonces crecieron en su confianza. Con el paso de los minutos, el tremendo despliegue físico isleño consiguió limitar la brillantez contrincante, no sin padecer sustos serios cuando los favoritos superaban la presión balear. En el 31 Valjent despejó, in extremis, un pase de Olmo en un tres para uno mal resuelto por los atacanres azulgranas; en el 37 Ferran controló mal un pase de Raphinha en vuelo que le permitía encarar al portero; y en el minuto 46 Román sacó el pie para desviar un mano a mano con brasileño. Con todo, avanzó el esquema de Arrasate, aunque le faltaba tino en el último pase. No en vano, caerían hasta 11 veces en el fuera de juego de Flick. Pero un primer toque de Sergi Darder descubrió el desmarque de Maffeo en el minuto 43 y el lateral le regaló a Muriqi el empate mientras la zaga 'blaugrana', sita en el centro del campo, se preguntaba qué había pasado.
La genialidad de Darder y el 1-1, en el único tiro a portería de los locales y en el único desajuste barcelonés, condujo el encuentro a vestuarios. Bien pudo haber constituido un golpe a la confianza de los futbolistas azulgranas en el plan de su técnico, con las dudas descritas todavía frescas. Sin embargo, en la reanudación aumentaron el compromiso en su valiente apuesta y funcionó de maravilla. Su 'performance' en la segunda mitad se sintió como un grito de reivindicación en el que todos los peones elevaron su intensidad, su energía. Compitieron en plenitud desde que el colegiado pitó y en el minuto 56 ya se habían puesto por delante de nuevo. El flujo de fútbol asociativo generó tres llegadas claras -disparo alto de Lamine, mal remate de Ferran en el área y falta en la frontal de Raphinha que rechazó el arquero- como aviso antes de que el afinado Pedri y Olmo trazasen una pared sin espacios, el fichaje veraniego emitiese un balón maravilloso en profundidad y Mojica derribara a Yamal. Raphinha facturó el penalti e inauguró la goleada venidera.
Jagoba sabía que sus muchachos estaban en pleno declive y sin respuestas. Morlanes, Mojica y Valery habían ofrecido un nivel muy flojo... pero decidió quitar a Darder, el creativo más capacitado para encontrar fisuras en la espalda de la línea defensiva 'culé'. Introdujo a Dani Rodríguez, un inexplicable suplente al que sólo se le entiende esa condición dentro de la rígida política de rotaciones de su entrenador (para esta cita también dio descanso a su portero titular Greif). Y el atacante dejó clara su categoría al instante, con un centro que casi emboca Samú y un latigazo que rozó el larguero del arco protegido por Iñaki Peña -minuto 71-. Mas la producción local llegó hasta ahí y Lamine reclamó los focos con su calidad.
El astro juvenil destrozó el duelo con su clase, con dos centros de exterior deliciosos que desembocaron en el doblete a placer de Raphinha -ya lleva once dianas en Liga, minuto 74- y en el tanto de Frenkie De Jong, después de que el neerlandés amortizase un rechace de Morey -minuto 79-. No ha perdido el Barça ni un encuentro liguero en el que flamante Golden Boy haya sido titular. Ni uno. Sus ocho asistencias ligueras no admiten debate. Aunque todavía luce falto de ritmo por las consecuencias de la lesión que le ha tenido parado, en esta fecha apareció para resolver y espantar los fantasmas. Para relanzar a su delegación en el liderato. Pau Víctor puso el broche a la 'manita' en el apogeo postrero de Frenkie -minuto 84- que, además, restó fuerza a las sospechas de falta de puntería azulgrana. Esta fue la tarjeta del ejercicio en este partido adelantado en el calendario por la disputa de la Supercopa de España: 20 remates realizados, nueve de ellos entre palos y cinco tantos. La excelencia está de vuelta.