El Real Madrid despidió este domingo un 2024 legendario. La cosecha muestra una Liga, una Liga de Campeones, una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental. Semejante bagaje merecía un cierre al año a la altura de esa excelencia y los merengues correspondieron con esa necesidad simbólica. Golearon al Sevilla con una media hora inicial impresionante, en la que borraron del mapa a su rival y brillaron todas las estrellas del ataque. Es más, Kylian Mbappé inauguró la fiesta con su mejor gol con la elástica blanca. Ya empieza a liderar.
El público que acudió al Bernabéu asistió a los fastos del último título y al homenaje que el club madrileño le brindó a Jesús Navas. El lateral andaluz se retiró en esta fecha tras 21 años de actividad y 988 encuentros como profesional en los que conquistó, entre otras cosas, un Mundial y dos Eurocopas con España. Arrancó desde el banquillo y allí contempló el potencial devastador del vigente campeón. Porque los locales desataron todo su arsenal desde el principio, en una voluntad arrolladora precoz que confirma el crecimiento del equipo.
Carlo Ancelotti ordenó a Rodrygo hacer las veces de Vinicius (sancionado) y a Brahim, las de Rodrygo. Y dejó el centro, con libertad, para Mbappé. El técnico italiano ha proclamado que ya ha terminado el proceso de adaptación del francés (de sus 14 goles, seis los ha marcado en el último mes) y su pupilo respondió con una gran actuación que inauguró con un cañonazo desde media distancia que se coló cerca de la escuadra. Corría el minuto 10 y para entonces la sinfonía capitalina, bien afinada en la elaboración e intensa en la recuperación, ya había generado acercamientos amenazantes por todos los flancos.
Bellingham fluctuaba entre líneas con lucidez, Brahim desestabilizaba por la derecha junto a Lucas Vázquez, Dani Ceballos organizaba el eje (paso adelante del éx bético) y la circulación de pelota fluía con naturalidad. El bloque preparado por Xavi García Pimienta no podía más que achicar. Aún así, se negaron a retrasar a su defensa. Esa es una señal de identidad del estratega catalán, que ha logrado que los hispalenses se olviden de las apreturas de la lucha por la salvación. Venían de dar mucha batalla al Atlético en el Metropolitano y trataron de replicar la receta, pero no tuvieron acierto por las virtudes madridistas.
'Carletto' había pegado al lateral zurdo Camavinga a Lukebakio, el mayor peligro oponente. La argucia, que demuestra la débil confianza en Fran García, funcionó de maravilla -le secó al regateador belga- y por ese perfil se gestó el 1-0. Además, la actividad de Bellingham y de Mbappé aceleraban las jugadas y producían inquietud en el repliegue sevillano. En el 17 otra combinación frenética acabó en el centro de Lucas que Kylian no embocó con todo a favor y en el 20 Brahim no llegaba de milagro a un centro del astro inglés, que había sentado a su par. La maquinaria lucía engrasada como nunca y Fede Valverde le puso la guinda con derechazo atronador desde 25 metros, imparable para el meta Álvaro Fernández -minuto 21-.
La impotencia andaluza era notoria. Los pivotes Agoumé y Lokonga no llegaban a tapar los pases interiores ni a lanzar contragolpes. Su única llegada en el prólogo aconteció por una diagonal de Carmona con centro al área que no aprovechó Idumbo -minuto 19-. Con 2-0 quisieron adelantar las líneas, con el Madrid bajando un tanto las revoluciones. Ganaron ambición mas se encontraron con el envés de la apuesta porque dejaron espacios a su espalda. Emergió en este punto Rodrygo, primero con un chut demasiado cruzado -tras un robo arriba- y después con un latigazo inapelable sensacional que culminó una contra maravillosa nacida de Bellingham y regada entre Brahim y Vázquez -minuto 34-.
Los hispalenses mostraron su garra de inmediato, con el centro precioso del destacado Juanlu y el testarazo de Isaac Romero que acortó distancias -3-1, minuto 35-. Sin embargo, su tendencia a la guerra de guerrillas no fructificó y el favorito estuvo a punto de abrir más la brecha antes del descanso, cuando Lucas Vázquez marró un mano a mano con Álvaro en el 43 -después de que Fede Valverde rompiera toda la retaguardia con un balón en profundidad-. Los datos honraban al desempeño capitalino, con un 65% de posesión, 11 remates completados y sólo cinco concedidos. Y el juego aumentaría la precisión descriptiva de la estadística en la reanudación.
El Sevilla buscó sorprender rápido en el segundo tiempo, aprovechando un lapso de relajación local. De hecho, Issac estrelló en Courtois una ocasión propiciada por un fallo en el pase del guardameta en el minuto 47. Pero el coloso despertó a continuación y sentenció el envite con calidad. En el 53 Lucas volvió a llegar por derecha y cedió atrás a Mbappé, que pintó un pase delicado y preciso para que Brahim anotase de chut cruzado, en el área pequeña. En otra muestra de armonía futbolística madridista que ilusiona a la tribuna y que premió la entrega y trabajo del internacional marroquí.
Con el encuentro resuelto, hubo tiempo para que Chamartín ovacionase a Jesús Navas, que disfrutó de una despedida de 30 minutos. Su aportación al fútbol español no entiende de colores. Su entidad le pidió que aguantase hasta diciembre y lo ha hecho, aunque sólo ha podido ser titular en cuatro partidos. El infierno del dolor en la cadera le ha vencido. Se marcha a los 39 años recién cumplidos, con el respeto de todos. Deja a sus compañeros alejados de los fantasmas del descenso y a cinco puntos de los puestos europeos. Y ayudó a defender la honra hispalense, que topó un zurdazo de Isaac en el palo y se dio el gusto de festejar la diana postrera de Lukebakio -minuto 86-.
En el otro banquillo se respira un ambiente esperanzador después de la tormenta. Las lesiones han torpedeado al vestuario merengue desde enero y no han remitido en los 11 meses siguientes. En este curso son ya casi 30 dolencias las que ha padecido una plantilla que se ha repuesto de todas esas adversidades con una jerarquía y personalidad triunfales. Atrás queda un año para el recuerdo que recordó al balompié internacional el pedigrí del rey del Viejo Continente y que puso en valor la trascendencia de los secundarios. Ésta ha sido la virtud fundamental que ha coronado a Ancelotti como el mejor entrenador del planeta.