El Real Madrid empezó esta 24ª jornada en el liderato de LaLiga y puede terminarla en el tercer puesto. El motivo es su empate cedido en El Sadar ante Osasuna. Se trata de el tercer encuentro consecutivo que los capitalinos no ganan en el torneo doméstico, tras la sorprendente derrota en Cornellá y el punto del derbi contra el Atlético. Todo eso es tan cierto como que hay futbolistas que arrastran un cansancio supino por la falta de rotaciones aplicadas por Carlo Ancelotti. Sin embargo, si se atiende a lo específico de esta tarde, se comprueba que en las tablas concedidas por los merengues mediaron condicionantes que exceden al control del club de Concha Espina. Porque la actuación de los colegiados puede regar con fuerza el incendio en torno al estamento arbitral.
Empezó bien el conjunto madrileño, todavía de resaca tras el éxtasis del Etihad, con una actitud responsable y un juego brillante. 'Carletto' no repartió descanso a la mayoría de sus peones, en parte porque la plaga de lesiones en la línea defensiva descabalga el planteamiento. Sólo relegó a Mendy, Dani Ceballos y a Rodrygo para dar entrada a Brahim Díaz, Fan García y un Luka Modric que aprovechó la oportunidad con creces. El Balón de Oro croata digirió un gran primer tiempo de su delegación, con pases filtrados venenosos y una presión efectiva tras pérdida. En torno a su timón desplegaron los visitantes un fútbol mandón que apocó al sistema preparado por Vicente Moreno, que no pudo más que replegar en su campo y tratar de pescar alguno de los pelotazos que enviaban al fundamental Ante Budimir.
El prólogo atendió a la superioridad madridista y en ese lapso avisaron con un ramillete de pases al espacio, a la espalda de la zaga navarra, que generaron peligro y dudas en la tribuna local. Vinicius recibió el primer cuero al hueco y sentó a Catena, que tocó la pelota con la mano desde el suelo en el segundo minuto. El VAR y el árbitro no entendieron penalidad alguna en el lance y de inmediato Kylian Mbappé se desmarcó al galope, emitió un centro de seda y 'Vini' perdonó el testarazo casi a puerta vacía. El torrente del favorito fluía con celeridad y filo, y recogió el merecido premio en el minuto 15, cuando Jude Bellingham puso en vuelo a Fede Valverde y éste centró con precisión para que Mbappé se adelantara a todos y festejase una nueva diana de su cosecha.
El 0-1 hacía justicia a lo visto y Osasuna tenía ya destacado como su mejor hombre al portero Sergio Herrera -que es el segundo que más paradas hace de Primera División-. Les pilló a desmano la intensidad rival a unos rojillos que llegaban a esta cita mirando hacia a Europa pero con un triunfo en sus últimos once duelos ligueros y después de sufrir una dura eliminación en la Copa del Rey a manos de la Real Sociedad. Aún así, Moreno alineó a sus mejores jugadores (salvó al sancionado Byomo, que dejó un agujero costoso en el lateral diestro) y éstos entrarían en calor pasado el minuto 20. Lo hicieron con su receta habitual de centros laterales, pujanza física y acciones a balón parado. Una volea alta del fino Aimar Oroz desperezó a la ofensiva pamplonica, mas Mbappé a punto estuvo de aumentar la distancia en el marcador en el minuto 23. Herrando emergió 'in extremis' para arrebatarle la diana.
El área de Thibaut Courtois se fue llenando poco a poco de pases aéreos, con el lateral Eraso subrayado. Precisamente, un saque de banda largo del carrilero derivó en un cabezazo deslucido de Budimir -minuto 22-. Apretaron con presonalidad los locales en torno a la media hora y un cañonazo rasante de Oroz desde la frontal no se coló porque el meta belga lució reflejos -minuto 29-. Pero resistieron los visitantes en base al rendimiento de la pareja de centrales formada por Asencio y Tchouaméni. Se manejaron con solvencia por arriba y a su lado el improvisado lateral diestro Fede Valverde secó a Bryan Zaragoza, el regateador cedido por el Bayern que protagonizó el 4-2 que le dedicaron al Barcelona de Hansi Flick a finales de septiembre.
El motor uruguayo juega bien y lo juega todo, y evidenció que sus músculos empiezan a estar al límite. 'Carletto' le mantiene pese a todo, como hizo con Camavinga hasta que la anatomía del mediocentro francés no dio para más. En este tramo de temporada, "situación de emergencia" según la lectura del estratega italiano, siguen ambos adheridos al verde y respondieron a las demandas de su técnico. Esta vez también compitieron como es debido y esa seguridad propulsó a su colectivo, que bordeó el 0-2 en el minuto 32, cuando Mbappé se volvió a escapar al espacio y regaló a Vinicius un remate plácido que marró el brasileño con todo a favor. El carioca reclamó otro par de penaltis antes del descanso -uno de ellos muy posible al derribarle Moncayola en el vértice del área- mas el electrónico no se movería. Eso sí, en el minuto 40 el guión madridista padeció una convulsión porque el trencilla sacó la roja directa a Bellingham por una protesta, dejando ojipláticos a los presentes. Esta decisión resultaría decisiva en lo sucesivo y Asencio le quitó el empate a Budimir en el minuto 43, con un cruce providencial.
En vestuarios el Madrid había manejado casi el 60% de la posesión y había chutado nueve veces, por las cuatro de los navarros. El desnivel en el balance estadístico podía haber sido mayor ya que los centrales aplicaron un rigor excesivo, que permitió el protagónico colegiado, sobre los desmarques de Mbappé. Mas en la reanudación el viento soplaría de manera diversa ya que la inferioridad numérica de los capitalinos les constriñó a cerrar filas. Y los pamploneses aprovecharon la situación para volver a empujar. Quedó entonces un escenario en el que los locales dispondrían de más espacios y los visitantes buscarían dañar en transición. La incertidumbre se apoderó del envite y ahí, tras un par de acercamientos sin consecuencias, el equipo arbitral volvió a sacudir la dinámica.
En el minuto 55 Zaragoza despertó para dibujar un centro maravilloso, Moncayola remató en el área pequeña, Courtois despejó y Budimir marró el intento posterior de manera incomprensible. El árbitro señaló un córner inexistente y el VAR le llamó para denunciar una posible pena máxima de Camavinga. El francés pisó al atacante balcánico después de que éste hubiera rematado. No le condicionó en absoluto su remate, pues el contacto llegó un rato después, pero el cuerpo arbitral acabó pitando penalti. Y Budimir estableció el 1-1 con categoría. Mientras celebraba su 16º tanto en este curso y el que le coloca como máximo goleador histórico de Osasuna en LaLiga, el banquillo del vigente campeón no salía de su indignación y asombro.
Moreno interpretó el brete como un botín fenomenal y reforzó su centro del campo antes del desenlace. Sabía que sus oponentes irían con todo a por la victoria, a pesar de jugar con uno menos. Y así ocurrió, aunque Ancelotti sólo introdujo las piernas frescas de Rodrygo. Exprimiría aún más el entrenador transalpino a sus primeros espadas, con el crucial combate ante el Manchester City a la vista. No confió en nadie más de los convocados y con sus cansados mimbres no llegaría el anhelado gol épico. Vinicius se hizo gigante por el perfil izquierdo, generando ocasiones de todo tipo -la mejor, un derechazo sacado por Catena tras haber regateado a dos defensores y al portero, minuto 75-, y Mbappé desperdició una opción clara en el 72 y se fabricó un mano a mano con Herrera del que salió victorioso el portero -minuto 91-. Al final, Courtois abrochó el punto ante Rubén García y el Madrid regresa a casa con más enfado que agotamiento.