Siruela. Madrid, 2025. 246 páginas. 19,95 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Aránzazu Miró
Notre Dame de la Alegría, de Ana Rodríguez Fischer, es una reescritura de la primera novela que publicó en un ya lejano 1995. Catedrática de literatura española en la Universidad de Barcelona, con esa primera novela ahora inencontrable (salvo por suerte su presencia en bibliotecas) obtuvo el Premio Fémina Lumen. Magnífico comienzo, desde luego, para una trayectoria que podemos decir sólida y, a la vez, muy variada.
Objetos extraviados tuvo como título esa primera versión, a partir de la cita que a modo de exergo se mantiene también en esta: «El sueño es un depósito de bienes extraviados», que aparece firmada tan solo por Ramón –Gómez de la Serna–, a quien Ana Rodríguez Fischer agradece en su libro «el primer y valiosísimo ensayo sobre la pintora» a quien dedica la novela. ¿Podríamos decir que es una biografía ficcionada de Maruja Mallo, la sinsombrero enmarcada en la generación del 27 y que tuvo una trayectoria extensísima? Anclada en la verosimilitud, es un recorrido por los pensamientos y textos, por las obras, por las idas y venidas y las exposiciones de la pintora surrealista Maruja Mallo. Y con ella, del entorno en que se desarrolló. Oportuna revisión.
¿Qué está pretendiendo la creadora Maruja Mallo, como personaje que nos habla en primera persona de sí misma?: «Es lo que estoy haciendo aquí, aballarlo todo: suavizar un paisaje espiritual como en la pintura se suaviza, aballándolo, un paisaje material, físico, terreno.» Aballar, en pintura, es desvanecer líneas. La propuesta novelística de Ana Rodríguez Fischer consiste en un largo pero entrecortado soliloquio de la artista en sus últimos días, hospitalizada, tras los 93 de activismo y rebeldía que lleva vividos; es ella misma, en primera persona, quien explica y recorre su existencia, sus relaciones y amores y su propia obra.
Rodríguez Fischer justifica la reescritura y el cambio de título, tras aceptar la propuesta de reedición de aquella, en que ahora se ha permitido mayor libertad en el uso de la voz propia de la pintora; considera que en la primera escritura, que fue consecuencia de la tremenda inmersión en el momento cultural a partir de la confección de su tesis doctoral sobre la narrativa de Rosa Chacel, ella misma se sentía tan imbuida en el momento que quiso ser muy fiel a la voz de la artista; algo así como si estuviera publicando los diarios íntimos, en que sabemos que si el editor no los llena de notas explicativas resultan crípticos.
Esa es la palabra que utiliza Ana Rodríguez Fischer. Cotejando ambas versiones, entiendo su intención, pero reconozco que la primera también me parece magnífica; no sé yo si la hubiera mantenido. Sí es verdad, incluso ahora, que es aconsejable realizar la lectura junto a un buscador de imágenes y artistas.
Me parece un acercamiento a la figura biográfica muy interesante; no es precisamente fácil, pero eso también es parte de su encanto. Revivir esta extraordinaria novela con todo lo que arrastra saber más de Maruja Mallo y ese entorno tan pretendidamente silenciado. Y, desde luego, aprovecho a recomendar el recorrido novelístico de esta profesora de literatura, porque despliega una gran variación de temas y los impregna de su tono adecuado: desde su segunda, Batir de alas, de 1998, en que se traslada a un universo de recuerdos en torno al crecimiento de unos chavales, con una voz delicada y nostálgica; o, de regreso al mundo cultural, cuando en El poeta y el pintor nos traslada al gongorismo literario y al entorno toledano de finales del siglo XVI para entender la figura del pintor El Greco.
Y espectacular es la larga carta que la poeta rusa Anna Ajmátova escribe a Marina Tsvietaieva cuando sabe que se acaba de suicidar. Con Antes de que llegue el olvido obtuvo el Premio Café Gijón 2023. Ahí sí que la narración tiene un tono claramente divulgativo. Maravilla cómo Ana Rodríguez Fischer se permite cambiar de registro.