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EPISTOLARIO

Marina Tsvietáieva: Cartas de amor a Konstantín Rodzévich

domingo 22 de julio de 2018, 16:52h
Marina Tsvietáieva: Cartas de amor a Konstantín Rodzévich

Edición y traducción de Reyes García Burdeus. Renacimiento. Sevilla, 2018. 132 páginas. 14,90 €.

Por Pepa Echanove

“Sólo le pido un favor: ¡ame mis versos! ¡No me deje sola con mis versos! No quiero que cualquiera me ame (me oiga…) mejor que usted…”. Aplaudimos la reciente edición y traducción a cargo de Reyes García Burdeus de una treintena de cartas que estuvieron guardadas hasta el año 2000 en el Archivo Estatal de Literatura y Arte de Rusia. Se trata de la correspondencia que mantuvieron Marina Tsvietáieva y Konstantín Rodzévich entre 1923 y 1938. Además de ofrecernos nuevos aspectos y detalles de la biografía más íntima y luminosa de quien fuera una de las escritoras más grandes de la literatura rusa de este siglo, estas cartas corroboran la esencia de la identidad creativa de Tsvietáieva, la misma que se percibe en el conjunto de su obra, ya se trate de ensayos críticos, narrativa, teatro o poesía: una forma de existir plenamente en las palabras.

“Las palabras te arrastran, como las rimas, sobre todo a mí, que conozco su vida propia -escribe desde Bohemia en 1923-. Nos perdemos en las palabras (yo, usted no), son como profundas tinieblas y en ocasiones terribles bancos de arena, a veces a causa de las palabras se me seca la boca, como si me hubiera engullido el Sahara”. En la escritura de Tsvietáieva se vacían sus sentimientos sin pudor, con desesperación. La urgencia encuentra su vía de escape en las frases más simples y delatoras, sin artificios ni segundas interpretaciones: “Si el domingo no puede, venga el lunes. El martes ya lo tengo ocupado. Si estuviera en su lugar vendría el domingo”.

La insatisfacción es uno de los temas recurrentes de su obra, de su vida e igualmente se respira entre las líneas de sus cartas. A veces el sufrimiento ante lo convencional (la rutina, los tumultos o cualquier cosa demasiado terrenal) se expresa con una nota de sarcasmo o de ironía: “¡NO SOPORTO más que nos veamos en las cafeterías. Sólo de pensar en la inevitable mesita que nos separa me angustio! No es humano”. La búsqueda de la autenticidad del ser y del amor son también temas muy presentes en estas páginas. “Sólo puedo relacionarme con lo auténtico: una felicidad auténtica, un dolor auténtico, una crueldad auténtica: únicamente con el fondo del ser humano, con todo lo que comienza a surgir de ese fondo”.

La relación con Rodzévich estuvo llena de altibajos. Marina estaba casada con Sergei Efron (amigo y compañero de Rodzévich en la Guardia Blanca), a quién decidió no abandonar a pesar de haberlo dado por muerto durante los años de la revolución soviética, antes de su reencuentro en Praga. Por su parte, Rodzévich se casaría más tarde, en París en 1926, con María Bulgákova. En él se inspiró Tsvietáieva tras la ruptura para escribir dos de sus poemas más conocidos (“Poema de la montaña” y “Poema del fin”). “Sea feliz, si no es por su esposa, que sea por París, por el verano y - de todo corazón le digo - por mi amistad, que vale mi amor”.

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