Destino. Barcelona, 2024. 592 páginas. 22, 90 €. Libro electrónico: 11,99 €.
Por Ángela Pérez
Manuel Vilas (Barbastro, 1962) cuenta en su haber con una amplia y reconocida trayectoria, desplegada en la novela, el relato, el ensayo, la poesía y el libro de viajes. En 2023, su novela Nosotros se alzó con el Premio Nadal 2022 y hace unos años alcanzó una gran resonancia con Ordesa encaramada prácticamente desde el momento de su aparición a los primeros puestos de la lista de libros más vendidos, pese a no ser una de las obra típicas que suelen alcanzarlo.
Ordesa, en clave de autoficción, es un libro valiente, escrito en un momento doloroso de su existencia: “Comencé a escribir Ordesa unos cuantos días después de la muerte de mi madre”, confiesa. Al igual que habla, a corazón abierto, de su divorcio, y de su adicción al alcohol y otras sustancias, no precisamente beneficiosas, con lo que iba hacia un peligroso camino sin retorno. Ordesa sale a colación en la obra que ahora nos regala, El mejor libro del mundo: “Comencé a recibir mails y wasaps llenos de admiración y sorpresa […] Ordesa se agotaba en las librerías y las reimpresiones del libro no daban abasto. Todo el mundo se puso a hablar del libro, y yo no tenía ni idea de por qué esta vez sí y otras veces no”.
Precisamente este asunto es uno de los aborda en su última novela, el éxito o el fracaso de un libro, de un escritor, quizá por razones incomprensibles o sorprendentes. Manuel Vilas vuelve a la autoficción en grado superlativo con El mejor libro del mundo, desde el que nos interpela un personaje llamado Manuel Vilas. Nos interpela y cuenta su día a día, con sus avatares, sus desdichas, sus alegrías, sus decepciones, su síndrome del impostor, su fragilidad, su participación en festivales, ferias, congresos… poniéndose en la piel de un autor que trabaja con ahínco para escribir “el mejor libro del mundo”. Y que reflexiona sobre numerosos autores como su muy amado Kafka -amor del que da cuenta en su ensayo Dos tardes con Franz Kafka (Alianza)-, que desfilan por sus páginas.
Autoficción, un género muy transitado pero difícil, pese a que no lo parezca a primera vista, que aquí se envuelve en una ironía salvaje, un humor sin cortapisas dando como resultado una obra muy divertida, aunque su trasfondo no lo sea tanto: “Cualquier forma de relato se pierde si no está animada por el conflicto, y el conflicto básicamente se asienta en algún tipo de injusticia, de desorden, de dislocación, de abismo”.
El mejor libro del mundo: todo lo que usted quería saber sobre la condición de escritor y no se atrevía a preguntar.