El reconocimiento formal de Somalilandia por parte de Israel, anunciado el 26 de diciembre de 2025, supone un movimiento rompedor en uno de los escenarios más sensibles del momento: el eje Mar Rojo–golfo de Adén, donde se cruzan rutas comerciales globales, rivalidades regionales y preocupaciones de seguridad de las grandes potencias.
Somalilandia —que se separó de Somalia en 1991 y opera de facto como entidad autónoma, aunque sin reconocimiento internacional generalizado— gana visibilidad precisamente porque su costa mira a un cuello de botella marítimo del que depende una parte crucial del tráfico mundial. Después del hundimiento del régimen de Mohamed Siad Barre (1919-1995) y los conflictos civiles que asolaron el país a lo largo de los años 80, los insurgentes de Somalilandia, en su mayor parte miembros del clan Isaaq, lograron el control del territorio y proclamaron la independencia, que ningún Estado había reconocido hasta el pasado día 26.
Desde el punto de vista militar y de seguridad, la geografía se impone. La cercanía al estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de entrada al Mar Rojo, convierte a Somalilandia en un punto potencialmente útil para vigilancia marítima, el intercambio de inteligencia y la cooperación antiterrorista. En un entorno donde la navegación se ha vuelto más arriesgada y politizada, los houthis ya han demostrado el potencial desestabilizador que sus acciones terroristas suponen para el comercio marítimo. A Israel se la ha presentado la oportunidad de aumentar su presencia en la ribera sur del corredor. Medios internacionales han señalado además que la posición de Somalilandia, frente a las costas del Yemen, puede tener interés para neutralizar la amenaza houthi.
Hay también un factor económico y comercial. La inestabilidad del tráfico marítimo supone una amenaza global. En efecto, si la seguridad del estrecho se deteriora, el impacto se transmite a seguros, fletes, tiempos de tránsito y precios. En ese marco, el puerto de Berbera resulta una plaza de enorme importancia: se encuentra en plena transformación por inversiones y planes logísticos conectados con el Golfo y con el Cuerno de África. Más que un puerto, es un verdadero "hub" de conectividad regional. Por otro lado, a propósito de la cooperación económica en sectores como la tecnología, la agricultura y la salud, en los que Israel destaca, este reconocimiento supone una oportunidad para que Jerusalén entable relaciones con una administración que presume de estabilidad relativa y que busca inversiones y legitimidad.
Sin embargo, la jugada es peligrosa. Para el gobierno federal de Somalia, Somalilandia es parte indisociable del territorio nacional. Mogadiscio ha calificado el reconocimiento como un ataque a su soberanía y ha anunciado que lo combatirá diplomática, política y jurídicamente. La reacción no se limita a Somalia, sino que ha surgido todo un frente árabe e islámico opuesto al reconocimiento.
En el Cuerno de África, donde la cuestión de fronteras y secesiones siempre ha sido delicada, el precedente importa tanto como la influencia sobre la ruta comercial. La dimensión diplomática es, quizá, la más simbólica. Israel justifica su decisión invocando el espíritu de los Acuerdos de Abraham. En efecto, para Somalilandia, el reconocimiento supone una oportunidad de salir del aislamiento; para Israel, por su parte, se trata de una ocasión para proyectar poder en un paso estratégico que conecta Oriente Medio, África Oriental y el Índico.
Sin embargo, la ola de rechazo ha sido inmediata y amplia. Ha habido condenas de más de 20 países — entre ellos Omán, Jordania, Egipto, Argelia, las Comores, Yibuti, Gambia, Irán, Irak, Kuwait, Libia, Maldivas, Nigeria, Catar, Pakistán, Palestina, Arabia Saudí, Somalia, Sudán, Turquía y el Yemen— así como de la Organización de Cooperación Islámica, además de manifestaciones de apoyo a Somalia por parte de la Unión Africana. Algunos han interpretado que la decisión podría vincularse a debates sobre posibles desplazamientos forzados de palestinos.
La importancia de Somalilandia para Israel proviene de su ubicación y del momento histórico: cuando el comercio global es más vulnerable y la seguridad del Mar Rojo se disputa en varios escenarios —político, militar, tecnológico— cualquier puerto, costa o aliado en la zona adquiere un valor estratégico crucial. Jerusalén ha ganado una cabeza de puente en África.