Senegal se proclamó el pasado domingo campeón de la Copa África 2026. Lo hizo al imponerse a Marruecos en la final. Ganaron los Los Leones de la Teranga al buen seleccionado entrenado por Walid Regragui y a la organización del torneo, que mostró cómo la corrupción en el fútbol puede tomar forma si hay millones de dólares de por medio. Porque el país marroquí ejerció como anfitrión del campeonato africano del peor modo: con arbitrajes escandalosos y con artimañas en las instalaciones y desplazamientos de los rivales que dejaron claro el pelaje del país que va a compartir la organización del Mundial 2030 con España y Portugal.
Durante todo el torneo el equipo marroquí mostró su potencial a través de su organización táctica y su talento individual, personificado en Brahim Díaz, Achraf Hakimi, el goleador Ayoub El Kaabi o el portero Yassine Bounou. Todos ellos conforman un escuadrón capaz de competir con cualquiera, como demostró su histórico rendimiento en el Mundial de Catar, donde fueron semifinalistas. Es por eso que ha llamado la atención sobremanera las nítidas ayudas que han recibido del estamento arbitral preparado por la Confederación Africana de Fútbol (CAF). Cuando no pudieron imponer su calidad, el trencilla de turno les tiró un salvavidas que desestabilizó justo a tiempo a los oponentes más difíciles.
Esa dinámica, denunciada por todos y cada uno de los seleccionados perjudicados, se repitió en la final. Y, claro, Senegal no es cualquiera. El conjunto ahora preparado por Pape Thiaw era el vigente campeón y cuenta entre sus filas con algunos de los pilares del balompié africano, como son Sadio Mané, Kalidou Koulibaly o el meta Édouard Mendy. No son cualquiera y tiene el poder del que carecen otros para denunciar la injusticia, así que cuando vieron que el trofeo se les podía escapar a manos del anfitrión por la clara corrupción arbitral reinante, se plantaron. Un gol anulado y un penalti en contra muy polémicos bastaron para que los futbolistas senegaleses abandonaran el campo en señal de protesta.
Ahí saltaron las alarmas del árbitro (su rostro mostraba una angustia estridente), de la organización marroquí, de la CAF y de la FIFA. El escándalo (justificadísimo) estaba montado, con el fondo de la grada senegalesa batallando para invadir el campo y con Gianni Infantino sudando lo que no está escrito. No en vano, espera que el dinero del régimen marroquí le llene los bolsillos como ocurrió con Rusia, Catar, Estados Unidos y ocurrirá con Arabia Saudí. A todos ellos les salvó Mané, que como capitán y líder de la selección senegalesa ordenó a sus compañeros volver al césped y competir "como hombres", sabiendo que tenía todo y a todos en contra.
Regresaron al campo, Brahim falló el polémico penalti en el descuento y en la prórroga Pape Gueye conectó un golazo que le dio la copa a Senegal. El fútbol firmó otro de esos episodios que entran en la definición de justicia poética. La CAF e Infantino respiraron aliviados, aunque la tremenda mancha a la organización marroquí queda fijada. Visto lo visto, será una sorpresa pestilente que la FIFA entregue a Marruecos la final del Mundial que comparte con España y Portugal. En todo caso, todo es posible con un Infantino que, al ver que el plan no le salió bien y que Senegal alzó el trofeo, amenaza ya a Mané y compañía con sanciones por su rebelión en la final de la Copa África. Y, por supuesto, ha ordenado a la CAF que haga lo propio. No les queda otra si quieren 'pescar' el botín de Mohamed VI.
Pero ahí no quedó el vergonzoso esperpento: han visto la luz vídeos grabados mientras se disputaba la final en los que se comprueba cómo la organización ordenó robarle la toalla a Mendy. La noche en la que se desarrolló el partido por el título cayó sobre el estadio una tormenta sobresaliente, así que ambos porteros necesitaban secarse para poder rendir bien. También circulan teorías sobre la magia negra. El casi es que tanto los jugadores (Ismaël Saibari) como los recogepelotas marroquíes estuvieron largos ratos peleando para hurtar la toalla del guardameta senegalés, al tiempo que el partido se estaba jugando. La escena es indescriptible, con el portero suplente de Senegal protegiendo la toalla y siendo asaltado por tres recogepelotas y un miembro de la organización en directo. El vídeo ha dado la vuelta al planeta y el bochorno apunta hacia Marruecos.