El equipo de Flick aplastó tras un primer tiempo discreto. Fermín López, clave. Doblete balsámico de Lewandowski y artista Lamine Yamal. Los ingleses se volvieron a pegar un tiro en el pie.
El Barcelona tardó casi dos horas y media en despertar en los octavos de final de la Liga de Campeones. Por eso llegó el Newcastle con sorprendente vida a los últimos 45 minutos de la eliminatoria, después de haber arrancado un insospechado empate en la ida, jugada la pasada semana en el norte de Inglaterra. Durante ese largo segmento, los azulgranas no compitieron con la intensidad, concentración y agresividad colectivas requeridas para sobrevivir en Europa; agujerearon su esfuerzo defensivo y padecieron de lo lindo frente al noveno clasificado de la Premier League. Pero al fin aceleraron y entonces pasaron por encima, dibujando este miércoles un segundo tiempo para los anales, en el que anotaron cuatro goles en 25 minutos y casi hicieron historia.
Hansi Flick quedó preocupado por las dudas ofrecidas en St. James' Park. Por eso el fin de semana rotó ante el Sevilla. Sus jugadores habían quedado tocados de la eliminación copera frente al Atlético y mostraron síntomas de desconexión mental y física. El técnico alemán decidió guardar a sus primeros espadas en LaLiga y alineó a todos ellos en esta fecha, incluido un Eric García que volvía de lesión... y se tuvo que retirar en el minuto 21. Sin embargo, desplegar al abrumador arsenal no le conllevó tranquilidad al estratega germano porque sus muchachos prosiguieron con el tono flácido y los visitantes empezaron el choque sorprendiendo: presionando con valentía y acumulando centros al área defendida por Joan García.
El equipo preparado por Eddie Howe venía en volandas después de haber conquistado la cancha del Chelsea y comprendió que no tenía nada que perder en este evento. Quiso aplicar la misma receta de la ida, con la exuberancia anatómica por bandera. Sólo efectuó una modificación en su once, dando entrada al atacante referencial Anthony Gordon (segundo pichichi de esta 'Champions', que arrastraba molestias la pasada semana), y ordenó competir asumiendo riesgos, con la defensa adelantada (a pesar de contar con dos centrales lentos) y yendo a por todas en los duelos. Una volea tempranera de Dan Burn detenida por el meta azulgrana abrió la espita de un choque jugado al ataque en cada esquina. Sin miramientos. Las cartas quedaron boca arriba y la enorme diferencia técnica de los dos conjuntos sólo sería relativizada si los favoritos no se aplicaban con ahínco tras pérdida.
El Barça por supuesto aceptó el reto táctico y en su primer acercamiento inauguró el marcador. En el sexto minuto Lamine Yamal sentó a su par en el centro del campo y generó un agujero tremendo para correr. El zaguero Malick Thiaw cayó en el señuelo, perdió la marca del genial juvenil y la pelota voló hacia Raphinha, que tras combinar con Fermín López conectó un zurdazo que se coló pegado al poste. Quedaron así de rápido grabadas a fuego las virtudes que llevarían a la victoria a los locales: Lamine dañaría mucho más por el centro, los desmarques en profundidad de Fermín desharían la solidez inglesa y la movilidad de Raphinha dañaría entre líneas. Por esa vía penaron unos británicos a los que salvó el arquero Aaron Ramsdale de inmediato, con una salida apresurada muy lejos de su área para tapar una escapada de López.
Había golpeado primero el sistema catalán pero hasta el descanso no cumpliría con la condición descrita (sacrificarse en la ejecución de la presión alta) y lo pagó caro. Las 'Urracas' plantaron batalla a su manera, teniendo muy claro que su horizonte pasaba por atacar el libreto del fuera de juego de Flick, a la espalda de los laterales suplentes locales (Alejandro Balde y Jules Koundé seguían de baja). Con esa argucia, y la permisividad rival, alcanzaron a responder cada tanto oponente. La serie comenzó en el minuto 15, cuando el notable lateral zurdo Lewis Hall se despegó por su perfil y centró una pelota que cruzó el área hasta que Anthony Elanga empató a placer. En el 18 Marc Bernal volvió a adelantar a los suyos al embocar una acción ensayada botada por Raphinha y prolongada, sin oposición, por Gerard Martín (el canterano sigue enrachado, quinto gol del curso); y Elanga regresó las tablas al marcador tras un error grosero de Lamine (tiró un taconazo en la frontal de su área) que derivó en el centro de Harvey Barnes, también desde la derecha de la zaga barcelonesa, ya ocupada por Ronald Araújo -minuto 28-.
La improbable salud del Newcastle cruzó la media hora en plenitud. Los titubeos defensivos del Barça le permitía asociarse y amenazar en transición, casi sin notar las trascendentales ausencias de Bruno Guimaraes y Lewis Miley. Siguieron apretando arriba, provocando imprecisiones de los favoritos y avisando. Gordon perdonó la remontada en el 29, al rematar mal un centro del omnipresente extremo ex del United; en el 37 Gerard Martín salvó a su colectivo neutralizando, al límite, el enésimo desajuste táctico 'culé'; y en el 38 Joao Cancelo se jugó el penalti al agarrar del hombro a Elanga, que le estaba torturando. Sollozaba el Barça, amarrado por sus fantasmas, mas decidieron elevar la exigencia antes del intermedio y con ese arreón escueto, como no puede ser de otro modo, impusieron su calidad hasta sellar el 3-2. El dubitativo Robert Lewandowski desperdició dos llegadas muy claras en un fogonazo en el que Raphinha probó a Ramsdale y Yamal tuvo tiempo para fallar con todo a favor y, a continuación, anotar una pena máxima cometida por el errático Kieran Tripper sobre el extremo brasileño -minuto 51-.
Este golpe moral sobre la bocina supondría el golpe de gracia para un conjunto inglés que se volvió a disparar en el pie, con errores propios decisivos. En la ida Thiaw les arrebató el merecido triunfo en la última jugada al cometer un penalti infantil sobre Dani Olmo y esta tarde el lateral diestro desatendió la marca de Raphinha justo antes del entretiempo. Ellos mismos se habían ganado el derecho a soñar contra todos los pronósticos y enterraron esas esperanzas. A partir de ahí no tendrían ninguna opción de responder, ya que Flick tocó la tecla en su charla del vestuario y el Barça afrontó la segunda mitad como una posibilidad de reivindicación. Y cuando un león se siente desprestigiado, cuando muerde no cabe más que resignarse.
En la reanudación los locales jugaron con la intensidad adecuada y borraron del mapa a los británicos, tal y como pronosticaban los analistas cuando se realizó el sorteo de octavos. Presionaron con hambre, robaron a toda velocidad y se desplegaron con un ritmo de pase y verticalidad que les son familiares. Pasaron a controlar el juego tras haber navegado sin dominio desde el primer minuto del cruce. Así, detonaron la tormenta perfecta que convirtió a las 'Urracas' en el sujeto pasivo de una paliza que bordeó la leyenda. Ramsdale capeó los primeros intentos de Raphinha mas no pudo hacer nada ante lo que se le vino encima. En el 52 Fermín coronó su rosario de desmarques punzantes de ruptura con una definición llena de clase para sumar su sexta diana del torneo (además, apila 16 asistencias en esta temporada); Lewandowski se sacó la espina con un doblete que arrancó al cabecear a la red, sin dificultad, un córner espléndido de Raphinha -minuto 56-, y siguió al cruzar un derechazo inapelable tras una asistencia artística de Lamine, que había sentado a su defensor, una vez más recibiendo por dentro; y en el minuto 72 el capitán puso el broche con su segundo tanto del evento, al agradecer un error tétrico de Jacob Ramsey, que le entregó la pelota en el punto de penalti.
Quedó en el arroyo, desarmado, un escuadrón de Howe que se quiso proteger con tres centrales a destiempo, perdió por el camino a Sandro Tonali y que pasó de buscar la épica a quitar a sus atacantes para evitar un sonrojo mayor. Sólo respirarían en el descuento, cuando Barnes apareció para cabecear fuera un córner y Hall llegó a la línea de fondo para disparar sin consecuencias. Flick se felicitó por haber asistido a un segundo tiempo legendario gracias a que sus jugadores compitieron de verdad en las dos fases del juego, y se quedaron a un solo gol de haber conseguido la mayor goleada del club en la máxima competición continental. Los únicos lunares, la mencionada lesión de Eric García, la dolencia sobrevenida a Joan García -que obliga a Wojciech Szczesny a volver a salir del anonimato- y el hecho de no haber dejado la portería a cero todavía en este torneo. Sea como fuere, la calidad técnica abrasó a la calidad física y el Barça, que sigue sin caer en el Camp Nou desde su regreso al templo, parece haberse soltado en el Viejo Continente.