Los Lunes de El Imparcial

Mijaíl Shishkin: El cabello de Venus

Novela

Domingo 24 de mayo de 2026

Traducción de Marta Sánchez-Nieves. Impedimenta. Madrid, 2026. 512 páginas. 29,95 €. Libro electrónico: 14, 99 €. Excelente iniciativa la de Impedimenta de poner a nuestro alcance este título mayor de la novela rusa, que nos ofrece toda una gran aventura literaria

Por José Pazó Espinosa



Mijaíl Shishkin nación en Moscú en 1961. Traductor del inglés y del alemán, lengua esta última en la que también ha publicado algún libro (Tras los pasos de Byron y Tolstoi), vive en Zurich, Suiza. En 1993, publicó el relato “La lección de caligrafía” en la revista Znamia. A esta obra le siguió el mismo año la novela A todos les espera una misma noche, que lo afianzó como autor. En 1995 se mudó a Suiza con su mujer, donde vive en la actualidad.

Es difícil saber si la carencia de traducciones de autores rusos se debe a la cancelación cultural que Europa ejerce sobre Rusia desde hace ya más de una década, pero de lo que no cabe duda es que supone un empobrecimiento para una literatura europea en la que su presencia ha sido constante y de enorme peso. Es muy difícil hacerse una idea cabal de las letras europeas y universales sin pasar por Pushkin, Gogol, Tolstói, Turguénev, Dostoievski, Chéjov, Pasternak o Mayakovsky, por citar a algunos.

En ellos, late siempre una sentimentalidad profunda hacia las clases populares y hacia la mujer, junto con una representación tragicómica del teatro social humano. Algunos de sus autores han vivido en el destierro, o incluso han escrito en otra lengua que su ruso materno, como Nabokov, lo que también refleja las vicisitudes históricas y políticas de enorme alcance que ha sufrido el país a lo largo de su historia. A pesar de todo ello, su efecto en la literatura centroeuropea e incluso japonesa fue enorme en el final del siglo XIX y comienzos del XX. Además, Shishkin es autor de Mi Rusia, también publicado en España, obra que muchos leen como un alegato contra la Rusia de Putin, pero que es una oda de amor a la Rusia tradicional, con sus luces y sombras.

Pero en ese escenario de cancelación cultural (entre otras formas de cancelación) llega a las librerías españolas la novela El cabello de Venus, 20 años después de su publicación en ruso. Pero nunca es tarde si la dicha es buena, en este caso para los lectores y para la literatura. Y llega en un envoltorio magnífico de la editorial Impedimenta, cuidadosamente editada y traducida con rigor y naturalidad. Es de apreciar la tipografía y hasta el tacto del papel para los que amamos esas cosas, un Coral Book Ivory de 70 gramos, como indica el colofón.

El cabello de Venus, también “culantrillo de pozo”, es un helecho perenne que extiende sus hojas en forma de abanico y crece en lugares muy húmedos. En algún momento de la novela, el narrador dice que Tácito (creo recordar) afirmó que las almas nacen de la humedad, y la narración es, sabiendo esto, una especie de cabello de Venus que se despliega en abanico, delicado y decorativo a su manera. El título es un juego de palabras, como si la obra hubiera nacido de la humedad de un pozo, un pozo al que nos acercamos los lectores y asomamos nuestras cabezas, que se reflejan en la superficie como en un espejo.

Para los estándares de hoy, la novela es un peso pesado, con sus 500 páginas. Es complejo describir su argumento. Si se releen críticas en castellano y en otras lenguas, se ve que cada reseñador entresaca y selecciona algunos elementos del libro, pero poco coincidentes aparte de dos o tres detalles: es una novela compleja, hay varias voces en ella y refleja a un narrador diluido con una memoria evanescente. Aunque la realidad es bastante más, pero su definición, reconozcámoslo, supone un reto para el crítico, de la misma forma que su lectura supone un reto para el lector.

Sin solución de continuidad, sin contextualización, la narración comienza con un interrogatorio, una conversación en modo pregunta y respuesta, anónima, en la que un traductor desmemoriado, el autodenominado Truchimán, inquiere de forma indirecta a un joven refugiado ruso en Suiza por detalles de su vida, por cómo llegó a su situación. El que esto escribe, asistió en los años 90, en los juzgados de Columbus, Ohio, a detenidos hispanos que pedían un traductor en los interrogatorios que les hacía la policía o los jueces una vez detenidos.

Allí vio lo que era hurgar en vidas ajenas complejas y desgarradas, y en cómo las palabras, las preguntas y las respuestas sobre una vida son como pasos de esos insectos que caminan sobre el agua, los zapateros, que crean con su caminar una tensión superficial, que les permite quedar en la superficie, pero nunca penetrarla. Y esto nos lleva de golpe a uno de los corazones de El cabello de Venus. Shishkin, su autor, en algún momento ha declarado que “la palabra es la única forma de superar la muerte”. Pero ¿lo es de verdad? Qué es lo que salvan las palabras, ¿una realidad o una ilusión? ¿Lo que en verdad ocurrió o su reinterpretación? ¿No representan quizá la sombra de una emoción, el reflejo de un sentimiento, por lo demás, incomunicable? Esta es quizá una de las paradójicas conclusiones de esta novela llena de palabras, aunque volveremos sobre ello.

A esa primera entrevista le siguen otras. Todas anónimas y todas fragmentarias. Y a ese brazo fluvial se le unen más: unos son relatos históricos que parecen seguir los pasos de Jenofonte, pero que en realidad son una trasposición del narrador; otro, el diario de una cantante rusa, Isabella Yuryeva; el último, la propia narración personal del autor en forma de stream of consciousness, un torrente narrativo en el que al final cabe casi todo: la sentimentalidad hacia los demás, la introspección en sordina hacia uno mismo, los detalles costumbristas de la educación de una mujer rusa enamorada de enamorarse…

El lector pasa de un afluente a otro sin puente o escala, ya que en el libro no hay ningún capítulo ni apartado. Las entrevistas se marcan con las llamadas de pregunta y respuesta, y el diario con las fechas, pero aparte de esas convenciones narrativas no hay nada más a lo que el lector se pueda agarrar, que le pueda servir por lo menos para dar un tempo particular a la lectura. En esta novela, uno se debe lanzar al río con poca ropa y algún flotador que le permita sacar la cabeza y respirar en las partes del río en la que hay rápidos, que rugen y se retuercen con fuerza.

Es una novela rusa hecha para un lector de espíritu ruso, que se entrega a la lectura como a una campaña militar, en la que las distintas voces le asaltan como tiradores, en la que hay remansos de calma, momento de extrema velocidad y muchas salas oscuras en las que acostumbrarse a avanzar con lentitud y usando el tacto de las paredes.

Y de todo esto, ¿qué saca el lector? En cierta manera, Impedimenta, que es un editorial detallista con los lectores, podían entregar con el libro una insignia que dijera “Yo he leído El cabello de Venus”, para que el lector o la lectora pudiera lucirla con orgullo. Pero, ya más en serio, la lectura del libro de Shishkin es toda una aventura literaria en una época de mucho libro de parque de barrio y poca selva real. El lector puede salir de ella con las pantorrillas más fuertes y desarrolladas, la vista acostumbrada a la visión lejana y panorámica, el ingenio aguzado por el ejercicio de recomposición que ha debido hacer y, sobre todo, con el corazón henchido, porque si bien las palabras no sirven en realidad para superar la muerte, sí sirven para que, mientras estamos vivos, podamos a veces atisbar el enorme misterio que hay detrás de ellas.

TEMAS RELACIONADOS: