En Putinistán. Un país alucinante en manos de un presidente alucinado, Xavier Colás nos ofrece una obra tan oportuna como actual. A través de su notable conocimiento adquirido como corresponsal en Rusia, brinda al lector una explicación profunda de lo que viene sucediendo en el citado país. Al respecto, si bien la guerra contra Ucrania constituye el hilo conductor, realiza una adecuada contextualización histórica, abordando periodos que no deben pasar desapercibidos (estalinismo, posguerra fría…) ya que explican ciertos comportamientos presentes.
La figura de Vladimir Putin va cobrando peso a lo largo del libro; en algunas ocasiones, Colás lo relaciona con el modus operandi de jararcas del comunismo como Stalin, Kruschev, Breznev y Andropov, su verdadero mentor. Durante estos liderazgos, Putin fue un personaje menor, adscrito al KGB. Posteriormente, tras implosión de la URSS y la aparición de una Rusia post-comunista, vemos cómo emergen una serie de ideas que, en última instancia, avalan el revisionismo del actual mandamás ruso.
Al respecto, destaca la ampliación de la OTAN a los países del Este de Europa, interpretada por Moscú como una afrenta y una amenaza para su seguridad. Junto a ello, dentro de una política exterior marcada por la megalomanía, Putin creó la Unión Aduanera de Eurasia como réplica a la UE: “Occidente malinterpretó todas estas maniobras imperiales en la oscuridad pensando que serían un proyecto menor (…) Putin era lo opuesto a Gorbachov: creía que podía controlar el Estado, pero sabía que no podía reformarlo. La política exterior se convertiría en doméstica: los problemas estarían fuera” (p.91). Como se deduce, el nacionalismo ruso ocupó el lugar dejado por la difunta URSS y esto se ha traducido en una política exterior tan asertiva (en el extranjero cercano) como sibilina, basada en el apoyo entre bambalinas a todo a aquel que en Occidente quiera erosionar el Estado de Derecho (Trump, partidarios del Brexit, Le Pen…).
En íntima relación con este argumento, cualquier protesta que acontece en el interior de Rusia se imputa a agentes externos, detrás de los cuales siempre se coloca a Estados Unidos. Se trata de una narrativa maniquea y plagada de lugares comunes, vertebrada alrededor de conceptos mediáticos: “El neofascismo real se usaría para romper la UE, y el neofascismo imaginario serviría para romper Ucrania” (p.103). De una manera más particular, recordemos que Putin apela al objetivo de desnazificar Ucrania, excusa comprada por sectores de la extrema izquierda europea, para justificar lo que simple y llanamente constituye una agresión a un país soberano.
El autor hila fino enumerando dos consecuencias fundamentales derivadas de la agresión a Ucrania, en las que quizás el público europeo no haya reparado adecuadamente debido al protagonismo de los horrores de la guerra. En este sentido, Xavier Colás señala que el sector más liberal de Rusia ha quedado debilitado, lo que impide que pueda surgir un sistema político compatible con occidente. Igualmente, estima que el Putinismo durará tanto como la vida: “2020 es el año en el que tomar parte en el debate público comienza a ser oficialmente peligroso” (p.278)
Además, los compatriotas de Putin parecen haber admitido la máxima que viene a sostener que menor democracia y más autoritarismo es sinónimo de riqueza. Sin embargo, el capitalismo no ha convertido a Rusia en una democracia liberal como muchos esperaban: “Ante la injerencia en Ucrania, Washington y Bruselas fueron enérgicos en su condena, pero ambos coincidieron en que Ucrania, como país, no era para tanto” (p.214). Así se comportaron tanto Obama como Trump. Biden, por el contrario, sí fue consciente de la importancia que, para un orden internacional liberal basado en normas, tiene frenar a Putin y a sus delirios basados en ínfulas y paranoias.