El jeque Hamad bin Khalifa Al Thani, emir de Catar entre 1995 y 2013 y conocido desde su abdicación como el Emir Padre, ha fallecido este 12 de julio de 2026, a los 74 años. La noticia la ha publicado el Diván del Emir y la nota de prensa no especifica la causa del fallecimiento. Numerosos países han publicado ya notas de condolencia e incluso algunos, como Jordania, han decretado luto oficial durante varias días.
Nacido en Doha el 1 de enero de 1952, en el seno de la dinastía que gobierna Catar desde el siglo XIX, se formó militarmente en el Reino Unido y desarrolló el inicio de su carrera en las Fuerzas Armadas cataríes. Designado heredero en 1977, desde entonces fue asumiendo responsabilidades cada vez mayores en materia de defensa, seguridad y administración del Estado. El 27 de junio de 1995, mientras su padre, el emir Khalifa bin Hamad Al Thani, se encontraba en el extranjero, el heredero tomó el poder sin violencia y se mantuvo en él hasta 2013, en que abdicó. En menos de veinte años, el jeque había transformado Catar en una potencia regional y en un actor mundial gracias al uso estratégico de los recursos energéticos y el llamado «soft power».
La modernización de Catar fue posible, pues, gracias a su liderazgo y al equipo de colaboradores del que se fue rodeando; por ejemplo, el jeque Hamad bin Jassim bin Jaber Al Thani, durante años ministro de Asuntos Exteriores y después primer ministro, y la jequesa Moza bint Nasser, esposa del emir, que desempeñó un papel fundamental en los proyectos educativos, sociales y culturales. Esta modernización comenzó con la explotación del yacimiento gasístico North Field, que el emirato comparte con Irán. Durante el reinado de Hamad, se realizaron cuantiosas inversiones en licuefacción, transporte marítimo e infraestructuras energéticas. Catar se convirtió así en uno de los principales exportadores de gas licuado de todo el mundo. El país gozó de un crecimiento económico sin precedentes. Según datos de la Catar Foundation, durante el reinado del difunto emir, el producto interior bruto catarí se multiplicó más de veinticuatro veces y el PIB por habitante creció casi seis veces. Esta conversión del país en un exportador indispensable de gas licuado, creó una red de intereses estratégicos. Los socios comerciales de Catar, tanto Estados como empresas, se convirtieron en garantes de su crecimiento.
Los ingresos obtenidos del gas se invirtieron en la modernización del Estado y el desarrollo de los recursos de poder blando que han convertido al emirato en una referencia en ciencia, cultura y deportes en todo el mundo. Para ello, resultó esencial la cadena de televisión por satélite Al-Jazeera, que es hoy el medio de comunicación más influyente no sólo en el mundo árabes, sino en toda África y la mayor parte del sudeste asiático. Incluso antes de ascender al trono, como señala Hugh Miles en «al Jazeera. How The Arab TV News Challenged The World» (Abacus, 2005), el difunto emir impulsó la idea de una cadena de televisión árabe internacional ya desde antes de ascender al trono. La idea consistía en convertir la cadena de televisión catarí ya existente en un medio de referencia internacional gracias a la transmisión por satélite. Era algo revolucionario si pensamos que, por aquel entonces, televisiones como la egipcia recibían cada día instrucciones del orden en que debía informarse sobre la actividad de los distintos ministros del entonces presidente Hosni Mubarak. En 1998, el emir decretó que la radio y la televisión nacionales, la agencia nacional de prensa y los departamentos públicos de prensa y publicaciones fuesen independientes. Esto creó un ecosistema en que los contenidos, los programas y las contrataciones de periodistas y analistas quedaban fuera del control del Estado. No es exagerado decir que esto supuso una verdadera revolución para el mundo árabe: en ningún otro lugar había esas condiciones de libertad.
El resto es historia. Doha se convirtió en el centro de la discusión política, económica y cultural de todo el mundo árabe. Catar gano una influencia inimaginable una década atrás. El mundo pudo informarse de las guerras de Afganistán e Irak, de la «guerra mundial contra el terrorismo» lanzada por el presidente George W. Bush después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y de las Primaveras Árabes gracias a la cobertura informativa de una cadena de televisión que competía desde el emirato con los gigantes de la comunicación global BBÇ y CNN. Hoy los ha superado en buena parte del mundo.
Otras herramientas de la influencia de Catar en el mundo han sido la diplomacia de mediación, el liderazgo cultural y la acogida de eventos deportivos como el Mundial de fútbol de 2022. Esta política ha permitido a Catar multiplicar su visibilidad, mantener relaciones con actores enfrentados y convertirse en un intermediario útil para potencias occidentales, gobiernos regionales y movimientos políticos de muy distinta orientación y, con frecuencia, enfrentados.
Así, este domingo ha fallecido el arquitecto del Catar contemporáneo, el emir que recibió un Estado pequeño y lo convirtió, gracias a la riqueza gasística y al uso estratégico de la influencia y la persuasión, en una potencia energética, financiera, mediática y diplomática. Bajo el reinado de su hijo, Tamim bin Hamad Al Thani, Catar ha mantenido las grandes líneas de la estrategia diseñada por Hamad bin Khalifa, pero con un estilo más institucional y adaptado a un entorno regional mucho más complejo. El futuro del emirato dependerá de su capacidad para conservar el equilibrio entre sus alianzas con Estados Unidos y Europa, sus vínculos con Irán y su papel como mediador en conflictos internacionales al tiempo que avanza en la diversificación económica y el desarrollo tecnológico y reduce su dependencia de los hidrocarburos