Opinión

Vida frente a muerte

Rafael Ortega | Lunes 29 de diciembre de 2008
La Jornada de la Sagrada Familia ha sido un éxito. El 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, ha coincidido este año con esta Jornada y ha sido lo que todos los católicos esperábamos: una nueva llamada de atención para recordar que la vida, en todas sus vertientes, está por encima de la cultura de la muerte.

Las Eucaristías celebradas en todo el país, con la Santa Misa Oficiada por el Cardenal Rouco en la madrileña Plaza de Colón como eje, han servido para situarnos en la línea férrea vital que no debe temer el descarrilamiento propuesto, cada vez con más fuerza, por la mal llamada “progresía” y que quiere utilizar la palanca de la muerte para sacarnos de los raíles.

El Cardenal Arzobispo de Madrid ha presidido, como decíamos, la ceremonia, acompañado por varios obispos. Los demás prelados, como ya anticipábamos, días atrás, lo han hecho en sus diócesis como pastores de sus rebaños, a quienes se deben en primer lugar, y sus palabras se han hermanado con las del Cardenal Rouco, que ha recordado, a su vez las de Juan Pablo II: “el futuro de la humanidad pasa por la familia” y las de Benedicto XVI : “la familia es la principal agencia de paz” , para después afirmar que “estamos a vuestro lado en esta coyuntura histórica, excepcional por tantos motivos, en la que vuestros esfuerzos por hacer de vuestras familias santuarios de la vida, hogares del amor y testimonios de esperanza para los hombres y la sociedad de nuestro tiempo, resulta una tarea tan difícil como hermosa”.

¡Ahí queda eso!. Recordatorios y afirmaciones muy importantes y clarificadoras, para todos aquellos que intentan desmontar el hecho familiar y hablan de la necesidad de crear otras cosas a las que también quieren llamar familia. O para aquellos que prefieren la cultura de la muerte antes que la de la vida. A esos también Rouco, con su anguloso rostro gallego, les ha dicho que “nones”. Que “es posible y urgente vencer la cultura de la muerte con la cultura de la vida. Se puede y urge vencer la cultura de la dura y egoísta competencia, ¡de la egolatría!, con la cultura del amor verdadero”.

Esta vez, las autoridades eclesiales españolas han tenido mucho cuidado para no hacer de la Eucaristía de la Plaza de Colón de Madrid una manifestación política, como ocurrió el pasado año. Los primeros en entenderlo han sido los asistentes a la Eucaristía, que suponemos han seguido en vivo en directo los acólitos de Zapatero desde sus pantallas de plasma monclovitas. Lo que son las cosas: han asistido a una Misa, naturalmente, a regañadientes. Han tenido que ver a los miles de asistentes, han escuchado al Cardenal Rouco y al Papa, que desde la ventana de su apartamento en el Palacio Papal del Vaticano, se dirigía en español a los concentrados en Madrid. Una catequesis doble y además con la constatación que en el día de los Santos Inocentes no podía faltar la broma: Benedicto VI ha hablado en español, pero un locutor traducía sus palabras al italiano. ¿Habrán podido lo asesores de Zapatero con tanto trabajo?. ¿Sabrán traducir a lenguaje entendible para el Presidente del Gobierno, lo que han querido decir tan altos dignatarios eclesiales?.

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