España volvió este sábado a la actividad después de la final del Mundial, partido en el que su fútbol de pase tocó cotas absolutas ante una Argentina impotente. No es fácil regresar de ese éxtasis a la competición puesto que el listón quedó instalado en las nubes. Pero esta selección española dirigida por Luis de la Fuente, que lleva 39 encuentros disputados seguidos sin conocer la derrota, no conoce los límites. El seleccionador está trabajando para que la relajación y la complacencia no atraviesen la puerta de su vestuario y esa concienzuda labor dio frutos en el primer partido de la Liga de Naciones.
El desafío era mayúsculo: jugar en Wembley frente a Inglaterra, la vigente subcampeona de la Eurocopa y semifinalista del pasado Mundial. La visita al templo londinense suponía un examen exigente a la motivación de los jugadores españoles y éstos respondieron con una actuación notable, si bien cayeron en momentos de desconexión que les costó tener que remontar en la segunda mitad. Pero este colectivo ha desarrollado una capacidad competitiva que le ha convertido en un sistema rocoso. Es complicado verle sucumbir y lo demostraron por enésima vez. Los cambios introducidos por De la Fuente revitalizaron el rendimiento y cuando recuperaron la presión alta todo se allanó.
La entrada al campo de Álex Baena (autor del 2-2) y de Mikel Oyarzabal fue crucial. También lo fue la comparecencia desde el banquillo de Pedri. Ellos tres participaron en la reacción española que se adueñó del cuero y desembocó en la victoria postrera. Es más, los tres intervinieron en el gol decisivo, un tanto que mostró la excelencia combinativa de España. La jugada se basó en una red de pases, a ritmo alegre y con cambios de juego vibrantes, que terminó por localizar grietas en el muro inglés. Así, la acción registró un total de 15 pases hasta que Oyarzabal batió a James Trafford con una vaselina sutil. El pase filtrado por Aymeric Laporte y la asistencia precisa de Banea constituyeron el acelerador definitivo antes del colofón goleador del atacante vasco. En una obra de arte que ha recorrido el planeta ante el asombro generalizado. España ha vuelto a resplandecer y a llenar el paladar de los amantes de este deporte.