Cursar estudios universitarios conlleva tomar la decisión más trascendente para un adolescente: qué carrera escoger. Los años posteriores están supeditados a esa decisión, ya que marcan el camino a seguir hacia el futuro laboral del estudiante. Por este motivo, miles de españoles toman la complicada resolución de cambiar de carrera y encauzar su porvenir por el camino que consideran más correcto. Durante el próximo proceso de matriculación universitaria se calcula que más de 9.000 alumnos cambiarán de estudio universitario. El Imparcial ha recogido las motivaciones de alumnos que han tomado esta complicada decisión.
Comenzar un estudio de tipo universitario requiere una profunda reflexión para decidir cuál va a ser el camino de los siguientes tres años (si es una diplomatura) o del siguiente lustro (si es licenciatura). La gran variedad en la oferta de
carreras universitarias es un gran aliciente para el estudiante, que descubre cómo la universidad le brinda la posibilidad de hacer realidad su sueño laboral. Pero, cada año, la
decepción invade a miles de estudiantes, que deciden transformar su sueño y migrar a otra facultad.
Al terminar el bachillerato, muchos estudiantes no perciben con nitidez la carrera que representa mejor sus intereses. Las intensas dudas protagonizan, en muchos casos, los instantes decisivos a la hora de emprender un estudio universitario. La falta de convencimiento de los estudiantes ocasiona la “
crisis universitaria”, el instante en el que el estudiante se plantea si está estudiando lo que realmente desea. Entre otras razones, esta situación influye en los más de 9.000 estudiantes que cambiarán de carrera en el próximo año.
En el curso
2009-2010, un total de
9.191 alumnos cambiarán de carrera, según ha hecho público el
Comisionado de Universidades e Investigación de Cataluña, encargado de elaborar informes en torno al mundo universitario. Los datos publicados confirman la tendencia al alza que se está registrando en los últimos años; en el año 2003, 5.033 estudiantes decidieron comenzar otra carrera y abandonar los estudios que estaban cursando, cifra muy inferior a los más de 9.000 que lo harán en este próximo curso.
Joan Majó, catedrático de la
Universidad Politécnica de Barcelona y director general del Comisionado que ha publicado estos datos, considera estas cifras muy negativas, ya que la tendencia creciente muestra las deficiencias del sistema universitario. Ha explicado que los cambios de carrera suponen un enorme gasto para la administración pública, que financia el 82% de los estudios de cada alumno en las universidades públicas; además, si el estudiante no obtiene titulación es una inversión sin retorno.
El sitio web
aprendemas.com publica un estudio realizado por el
Consejo de Coordinación Universitaria, que refleja que un
26 por ciento de los estudiantes universitarios
deja sus estudios o cambia de carrera. Además, el estudio profundiza explicando que un
16 por ciento de estos abandonos se registra durante el
primer curso y un
10 por ciento, durante el resto de la carrera. Aprendemas.com destaca que muchas universidades están trabajando en ofrecer un servicio eficaz de
tutores personales a los estudiantes (profesores, estudiantes de últimos cursos o ya licenciados que hacen un seguimiento del estudiante).
Majó hace referencia a la
mala orientación educativa como una de las motivaciones por la que los estudiantes se cambian de carrera. También menciona que la propaganda que realizan las universidades de sus estudios debería ordenarse y normalizarse para que no se produzcan “
desajustes”.
Esta tesis es el argumento principal que esgrime
Alejandro, un estudiante madrileño que decidió abandonar la licenciatura de Ciencias biológicas para comenzar Historia. “Cuando llegas a la carrera lo que sabes de las asignaturas es lo que viene en los libritos de la matrícula. Te dice cuáles son las asignaturas, y te
explica en dos líneas de qué trata, poniéndotelo apetecible”. El alumno de la Universidad Complutense de Madrid confiesa que al empezar primero de Biología descubrió que las asignaturas no reflejaban la idea que se había hecho al matricularse.
Camila, estudiante argentina, explica que, a medida que iban avanzando las asignaturas, se dio cuenta de que no era lo que ella esperaba, y decidió cambiar de carrera y empezar ciencias biológicas. La decisión fue dura, ya que había enfocado todos sus esfuerzos y ganas en la licenciatura que estaba cursando. Pero
la idea de estudiar algo que no le gustaba demasiado y, en consecuencia, trabajar durante toda la vida en algo que no disfruta le hizo tomar la firme decisión de cambiar.
Los
malos resultados, el
cambio de modelo de enseñanza en el paso de bachillerato a la universidad, o el
desencanto relacionado con la imagen mental y la realidad de la carrera escogida son alicientes definitivos para abandonar y empezar de nuevo en otra rama universitaria. Pero enfrentado a estas conclusiones los jóvenes tienen la sensación de
haber perdido un año si se abandona la licenciatura escogida en primer lugar.
El
estrés que conlleva para los estudiantes tomar esta decisión se multiplica cuando la reflexión se dirige hacia la concepción temporal. Los estudiantes que deciden cambiar de estudio nada más comenzar consideran que han perdido un año, pero mantienen firme su idea de cambiar de carrera; sin embargo, los estudiantes de una licenciatura (cinco cursos) que se encuentran en segundo curso o en tercero, toman la determinación de acabar el primer ciclo, es decir aprobar hasta tercero, y a partir de ahí tomar una decisión. Sólo si los resultados no son favorables toman la decisión de abandonar la carrera pasado el primer curso.
Este último enfoque es el que ha tomado
Matías, un estudiante que en segundo curso de Ingeniería Química se planteaba abandonar la carrera que había decidido al no acompañarle buenos resultados. Aún así, ha decidido cursar hasta tercero y cambiar de estudios una vez acabado el tercer año. Este es el “
periodo de prueba” que efectúa a la ingeniería, y una vez concluido tomará una decisión.
La “crisis universitaria”, que golpea a los estudiantes a lo largo de su carrera, provoca que miles de alumnos decidan cambiar de rumbo y empezar de cero. El estrés provocado por la obligación de tomar la decisión que condiciona el futuro “
para toda la vida”, según comentan los alumnos entrevistados, es uno de los motores que desembocan en el cambio de carrera. Los diversos enfoques que los alumnos aplican a esta relevante decisión –perder un año, estudiar algo que no le gusta-, describen la lucha interior de los estudiantes que encallan en sus estudios universitarios y pintan el paisaje del mundo universitario español, en el que más de 9.000 alumnos cambiarán de carrera el próximo curso.