Han transcurrido 365 días desde que un M-82 de Spanair se estrelló en el arroyo de la Vega sin apenas haber despegado, poco después de las 14.45 horas y con un saldo de 154 víctimas mortales. Las primeras pesquisas, hechas públicas en un informe provisional de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) y que alude a errores humanos y fallos mecánicos, ha sido criticada y puesta en cuestión, al menos, hasta que se edite un texto final. Algunos familiares de víctimas con los que ha tenido ocasión de conversar EL IMPARCIAL vivirán este día con dolor y sin haber superado todavía la pérdida.
A pesar del incesante ulular de sirenas y de que más de mil personas participaban en las tareas de rescate y asistencia, un año después del siniestro del avión de
Spanair los trabajadores de
Barajas destacan "el denso humo que inundó el aeropuerto" la tarde del 20 de agosto de 2008. "Es muy difícil de explicar: estábamos en medio de un gran ruido, pero el silencio era total. Tan sólo se oían los movimientos de los que asistían a los heridos".
Es la sensación que guarda un agente de las
Fuerzas de Seguridad del Estado, que acudió poco después del siniestro al arroyo de la Vega, situado entre las dos pistas de despegue, donde cayó el avión poco después de las 14.45 horas. Vivió también el accidente de 1983 entre un DC9 de Aviaco y un Boeing 727 de Iberia, con 101, fallecidos y en ambos casos no olvida el "fuerte olor", y reconoce que, "afortunadamente, han avanzado muchísimo los métodos de rescate y asistencia en estos 25 años".
Recuerda la confusión que se vivió en
Barajas en los minutos posteriores al siniestro y que cuando se confirmó que "se había caído un avión nadie se lo quería creer. Tendíamos a minimizar las consecuencias". Es una opinión compartida por muchos trabajadores, que se resistían a creer que la normalidad de un aeropuerto con una media de 1.200 vuelos y 150.000 pasajeros diarios se había visto truncada por una catástrofe con 154 fallecidos.
"No te esperas lo que te vas a encontrar" asegura
Miguel Ángel Sánchez García, jefe de dotación de los bomberos de
Barajas, que llegó al siniestro tres minutos después de que la torre de control activara las sirenas de los tres parques con el aviso de un accidente. "Sólo con ver la columna de humo ya sabíamos que el accidente era grave, pero pensábamos que el avión estaba más entero. Cuando avanzas hacia la tragedia te das cuenta de su magnitud. El humo y el fuego dificultaban mucho el trabajo, que centramos en encontrar y rescatar a los supervivientes de los hierros, tras ver que aún había gente con vida", destaca.
Aquella tarde actuaron en el accidente unos 70 bomberos de
AENA, los 3 jefes de dotación y los 21 de guardia, además de "otros cincuenta que se presentaron al saber la noticia", recuerda Sánchez. A pesar de su profesión asegura que a "un accidente aéreo no te acostumbras nunca", y rememora que las labores de evacuación de víctimas y fallecidos terminaron sobre las 11 de la noche, pero al día siguiente continuó la recogida de enseres.
Lejos del lugar donde cayó el avión, entre las dos pistas de despegue, en las terminales también se sentía la tragedia, como recuerdan en la farmacia de la
T2, donde se vivió el nerviosismo, el miedo y el abatimiento de los empleados de Spanair, que acababan de perder a 9 compañeros (tan sólo se salvó una de las ocho tripulantes auxiliares). "Se dijo que Spanair suspendía los vuelos, pero cuando se volvió a abrir el aeropuerto (no hubo operaciones en dos horas) se reanudaron", recuerda una empleada del establecimiento.
"Muchos tripulantes tenían miedo, no querían subir a un avión y pedían tranquilizantes", recalca, y destaca que también asistieron a un familiar de un fallecido aquella tarde, en medio de una gran tristeza. La misma que sintieron centenares de empleados de Barajas ajenos a la compañía
Spanair. Fue el caso de los trabajadores de un restaurante, que no podían dejar de recordar que, tan sólo unos minutos antes, había servido un almuerzo a los pasajeros del vuelo 5022 durante el retraso en la salida por una avería relacionada con el indicador externo de la temperatura.
El juez mantiene imputados a dos técnicos de SpanairUn año después del accidente aéreo en el que 154 personas fallecieron el 20 de agosto de 2008 tras estrellarse un avión de
Spanair en el aeropuerto de Barajas, el juez que investiga el siniestro mantiene imputados a dos técnicos de la compañía.
Estado del avión después del accidente. Efe
El titular del Juzgado de Instrucción número 11 de Madrid,
Juan Javier Pérez, mantiene imputados por 154 delitos de homicidio imprudente -el número de fallecidos en el accidente- y 18 de lesiones imprudentes -los heridos- al mecánico de Spanair Felipe G.R. y al jefe de mantenimiento de la compañía en Barajas, Jesús T.A.
El magistrado, que en un principio imputó también a un técnico de mantenimiento aunque finalmente retiró dicha imputación, justificó las de los otros dos en los indicios que se desprendían del informe preliminar elaborado el 8 de octubre de 2008 por la
Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC).
El pasado lunes se conoció el informe "interino" de la CIAIAC, según el cual el avión siniestrado despegó con los flaps replegados y falló el sistema encargado de advertir a la tripulación. El informe considera que en la operación de despegue se "rebasaron" tres barreras de seguridad: la lista de comprobación para configurar el avión, las listas de comprobación para confirmar y verificar la configuración y el
TOWS (sistema de advertencia de configuración), que no advirtió de la configuración errónea de despegue.
Médicos y forenses aprenden de tragedias asíEl personal sanitario y los forenses no se acostumbran, por mucha experiencia que tengan, a tragedias como el accidente del avión de Spanair en
Barajas o los atentados del 11-M, aunque la experiencia que adquieren en cada una de ellas ayuda a actuar mejor en la siguiente, como se demostró hace un año.
El 20 de agosto de 2008 se movilizaron más de 2.700 personas -bomberos, sanitarios, guardias civiles, policías, psicólogos y forenses- para atender a los heridos en el accidente aéreo registrado en el aeropuerto de
Barajas, apoyar a los allegados de los 154 fallecidos y para la identificación de éstos.
Sobre las 14.25 horas de aquel día los servicios de emergencia recibieron el aviso y se activó el procedimiento de atención a numerosas víctimas. La doctora
Isabel Casado, jefa del departamento de Capacitación y Calidad de Samur-Protección Civil, ha explicado a Efe que se iba a casa cuanto entró el aviso y tuvo que movilizar a todo el personal necesario, con el hándicap de que un tercio de la plantilla estaba de vacaciones, pero la ventaja de que localizó a muchas personas que estaban librando o de vacaciones.
Por su parte, el director del
Instituto Anatómico Forense de Madrid,
Eduardo Andreu, estaba de vacaciones cuando le comunicaron el accidente, cogió un tren hacia Madrid y se puso al mando del proceso de autopsias e identificaciones de los fallecidos, para el que se estableció un protocolo similar al del 11-M.
Ambos coinciden en que un profesional no se acostumbra a estas grandes tragedias y no es fácil intervenir, por lo que es muy importante tener un protocolo de actuación claro, y en el caso del accidente de
Barajas se contaba con "la ventaja" de la experiencia de los atentados de marzo de 2004.