Marcos Marín Amezcua | Lunes 07 de diciembre de 2009
Se ha efectuado en Estoril, emblemática ciudad de Portugal, la XIX Cumbre Iberoamericana. Ausencias importantes deslucen su realización, pero al mismo tiempo no han impedido que se llevara a cabo; desde Madrid 1992 no se ha logrado reunir al completo a todos los jefes de estado y de gobierno iberoamericanos. La región está viva y tiene muy diversas y apremiantes preocupaciones. De manera que tampoco es para tomar esas ausencias a la tremenda. Las cumbres iberoamericanas van y son ya punto obligado de la diplomacia de sus países miembros participantes.
¿Han servido las Cumbres Iberoamericanas? La respuesta no es sencilla. No puede quedarse en un simple ‘sí’ o en un rotundo ‘no’. La complejidad del vasto mundo iberoamericano así lo sugiere. No es totalmente cierto que Sudamérica preferiría un foro local liderado por Venezuela ni tampoco es verdad absoluta que España y Portugal tienen un mayor interés sólo en Europa. Unos y otros espacios tienen muchos otros foros e intereses a defender en política exterior que no se cruzan necesariamente entre ellos, pero a estas alturas la interdependencia sugiere, recomienda, apremia a seguir impulsando este espacio de diálogo interregional.
Por otra parte, las reuniones entre mandatarios han favorecido una comunicación más directa y además, han propiciado echar a andar mecanismos novedosos para la solución de problemas, así como los paralelos más concretos, con objetivos específicos y puntuales inaplazables, que dan cuenta de la importancia que este foro ha cobrado en pro de objetivos comunes alejados de la simple y protocolaria retórica, que no es lo único que campea en la Cumbre de turno como a veces se reclama.
Crisis políticas de última hora no han sido resueltas con anterioridad y Estoril no fue la excepción: La aprensión de Pinochet, el 11 de septiembre, las crisis venezolana o argentina pasaron de ellas. Acaso no era función de las cumbres el resolverlas. O quizá es necesario crear un mecanismo más eficaz dentro de su margen de acción, que induzca, favorezca o propicie de manera abierta a un mayor compromiso para solventar esas crisis regionales, de las que nadie está exento.
Así pues, la versión portuguesa no ha dejado de lado el tema hondureño (galimatías que sólo Dios entiende a cabalidad a estas alturas) y no hay razones para que en Estoril le resolvieran las cosas a Honduras. Eso deben resolverlo los hondureños.
Mirando la página de la Secretaría General Iberoamericana, podemos ver una gama de documentos importantes aprobados en este foro recientemente concluido. A saber: La declaración de Lisboa o un pronunciamiento sobre el caso hondureño. En el primer caso se pone el acento en acciones concretas que debemos celebrar. Temas de integración, educación, tecnología y otros están sobre la mesa.
El foro iberoamericano ha cobrado una importancia notable. Iberoamérica ha recorrido un camino gigantesco para llegar a constituirlo. Es obligación de los gobernantes impulsarlo y crear en su seno los beneficios regionales que avalen su eficacia y pertinencia.
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