El equipo preparado por Gregorio Manzano es sin duda la revelación de esta temporada futbolística. El conjunto balear ocupa puestos de Champions League y es el mejor club en su estadio de la Liga, superando incluso a Barcelona y Real Madrid. Con una plantilla no muy extensa ha soportado las exigencias de la alta competición marcando el mejor inicio de su historia. Y todo ello inmerso en una de las mayores crisis institucionales y económicas que se recuerdan en la isla.
El fútbol es un deporte dominado por las grandes instituciones. Las organizaciones consolidadas histórica y económicamente alcanzan la gloria sistemáticamente producto de sus astronómicos desembolsos. Los futbolistas más dotados en este juego ganan los trofeos para sus imperiales clubes al mismo tiempo que firman grandes contratos de publicidad. El camino hacia el éxito comienza por adquirir a los mejores (jugadores y entrenadores) para más tarde realizar el trabajo puramente futbolístico. Son muy raras las ocasiones en las que el éxito se obtiene sólo producto del buen trabajo realizado, sin excesos económicos. El
Oporto de Mourinho campeón de Europa en 2004 o el
Estrella Roja de los jóvenes
Prosinecki y
Savicevic que se sentó en el trono de campeón continental en 1991 son dos ejemplos memorables.
Ya en nuestros días y en nuestra Liga encontramos un ejemplo de éxito en el trabajo deportivo sin aliño económico institucional. Ante la mano de hierro con la que gobiernan los gigantes Barcelona y Real Madrid ha surgido un rebelde intruso, el
Real Mallorca de Gregorio Manzano. Con unos mimbres muy humildes el equipo balear se ha convertido en
imbatible en su estadio con ocho victorias en ocho partidos jugados, incluso
por delante del F.C. Barcelona (ambos 22 goles a favor, pero el Mallorca tres goles menos encajados). Además ha puntuado en salidas complicadas como la de
Mestalla frente al
Valencia –tercero en la clasificación- y en el
Vicente Calderón –casi todo el partido con uno menos- y consiguió llevarse los tres puntos del
Reyno de Navarra (imposible para Rea Madrid y Barça).
Estos datos reflejan el éxito entrañable de un equipo compacto y fuerte sobre el campo pero endeble y repleto de incertidumbre institucionalmente.
Gregorio Manzano –profesor y psicólogo antes que entrenador- ha conseguido con una fórmula mágica sobreponerse a las peliagudas condiciones laborales que su club le brinda y convencer a sus futbolistas de sus posibilidades de medrar si permanecen unidos en la lucha (por su sueldo la pasada temporada y por la salvación deportiva en esta). Usando sus dotes pedagógicas a colocado a sus pupilos en puestos de Champions League, batiendo récords mallorquinistas por doquier: el club balear nunca sumó 30 puntos en 16 jornadas ligueras (con
Héctor Cúper lograron 29 a estas alturas y se colocaron en el liderato de Primera) y nunca ganó los ocho primeros encuentros ligueros como local.
En la parcela deportiva el
Mallorca es cuarto de nuestro fútbol porque es uno de los bloques más difíciles de doblegar. La pulcritud táctica dispuesta por
Gregorio Manzano le otorga la seguridad necesaria a sus futbolistas en labores defensivas y les lanza permite disfrutar del contraataque. Basándose en la rapidez de sus mediocampistas, el profesor
Manzano ha dispuesto sobre el tablero las fichas en la posición correcta. Con
Borja Valero moviéndose sin restricciones territoriales sobre el terreno de juego, el madrileño dirige a sus extremos y a los implacables puntas con maestría e irrefrenable velocidad.
Julio Álvarez en una banda y el
“Chori” Castro en la otra son los perfectos estiletes en la obra de este Mallorca rebelde. Arriba se mueve
Aritz Aduriz, delantero efectivo donde los haya que ha justificado el desembolso del club (cobra 1.535.000 euros) con 8 goles, a 4 del pichihi
Villa. La parte de atrás está gobernada por la experiencia de futbolistas curtidos como
Josemi (ex del Liverpool),
Pep Martí (ex del mejor Sevilla),
Rubén (ex del Real Madrid) y
Dudú Aouate bajo palos (ex del Deportivo).
Pero, si por algo se caracteriza este equipo es por la unidad de todos sus futbolistas. La nefasta situación que vive el club institucionalmente ha provocado una mayor cohesión del vestuario. Los jugadores y su entrenador creen con firmeza en el proyecto deportivo y dejan fuera del vestuario los problemas que atraviesa el club balear. Las dificultades económicas que han obligado a volver a la dirección del club a
Mateo Alemany se acrecientan por la falta de compradores tras los esperpénticos episodios de 2008 y 2009, tras los que el anterior presidente,
Vicente Grande, abandonó las riendas económicas del club tras quebrar sus empresas inmobiliarias, dejándolo abocado a disolución por falta de solvencia. Además aparecieron presuntos compradores que hicieron mucho daño al club con sus espantadas, como la del empresario británico
Paul Davidson, que retrasó una y otra vez el día de la compra de la institución mallorquina.
Ante este desolador panorama, y contando con la sistemática venta de los mejores jugadores de la plantilla –en 2009:
Jurado y Cléber Santana al Atlético,
Arango a Alemania,
David Navarro y Moyá al Valencia; y en 2008:
Ibagaza, Dani Güiza, Jonás Gutiérrez y Fernando Navarro- Gregorio Manzano y sus futbolistas han construido una fortaleza psicológica más complicada de derribar que la futbolística.
Borja Valero explicó una de las claves de la filosofía del grupo de esta manera:
“Nos reunimos y llegamos a la conclusión de que la mejor manera para que funcionara la parcela extradeportiva era hacer que funcionara el equipo. Si nadie daba un duro por el Mallorca, la solución era revalorizarlo sobre el campo”. El propio
Manzano, que ha definido a sus futbolistas como el mejor vestuario que ha entrenado jamás, sitúa en el punto exacto los objetivos del club para esta temporada convulsa: “
Nuestra realidad es ir paso a paso, sin sacar pecho, sumando puntos. La meta de la permanencia se acorta cada vez más”.
La historia de este
Real Mallorca es tan peculiar como exitosa. Un club que vive la división entre los institucional y lo deportivo de manera radical. Con
Mateo Alemany como continuo salvavidas en los despachos, buscando inversores para el club y
Gregorio Manzano como salvavidas en el banquillo, reconstruyendo plantillas, ilusión y unidad año tras año. Para cerrar la amalgama de peculiaridades de esta fábula del trabajo bien hecho, en el último encuentro en casa del equipo (victoria ante el Athletic por 2-0) que le otorgó la cuarta plaza en la clasificación liguera asistieron al
Ono Estadi un total de
12.803 espectadores (el aforo del estadio balear es de 24142 asientos). El club está realizando una campaña histórica en lo deportivo pero sus aficionados no acuden al estadio, de hecho la media de asistencia bajó de los 17 mil espectadores a los 12 mil actuales. Este Mallorca es como la rosa que crece en el cemento.
Esta es la victoria del Mallorca sobre el Valladolid por 3-0, en la Jornada 5 de Liga