gastronomia

De la fiambrera al [i]tupper[/i]

Nuevas costumbres gastronómicas

Lunes 15 de febrero de 2010
Hoy vivimos más lejos de nuestro trabajo, las ciudades han crecido, los desplazamientos son largos y, en consecuencia, exigen un tiempo que no tenemos. La pausa del mediodía se reduce cada vez más, y no hay tiempo para ir a comer a casa... Cada vez más gente se lleva su tupper al curro, y cada vez hay más oficinas en los que se han colocado hornos de microondas para que los empleados se calienten su comida; he aquí un uso verdaderamente útil del microondas.

Por entonces, llevarse la comida al trabajo en una fiambrera no era una cosa muy usual en España. No por nada, sino porque la jornada laboral general daba tiempo a irse a comer a casa: a mediodía había tiempo suficiente para salir del trabajo, tomarse el aperitivo, comer en casa y hasta descansar antes de volver.

Hoy sin embargo, cada vez es más habitual que llegada la hora de comer, cada cual saque su tupper, incluso de mochilas isotérmicas, se lo caliente en el microondas y coma con los compañeros en la propia oficina, en un lugar habilitado para ello o, si tiene suerte, en algún parque cercano. Así, se come acompañado comida hecha en casa y de su gusto. No están los tiempos para ir a diario a una casa de 'menú del día', por mucho que éstas ofrezcan precios asequibles.

Todo esto contribuye a que ya contemos con empresas que facilitan platos y cubiertos a sus empleados, y hasta cuentan con personal habilitado para la limpieza de toda la infraestructura. Incluso en las revistas aparecen "recetas para comer en el trabajo".

Así, se fomenta esa vieja relación de aquella gente verdaderamente de primera que viajaba en los vagones de tercera: "oye, prueba estas lentejas, que están buenísimas"; "Vale, y tú acéptame unas croquetas". Eso sí que fomenta las relaciones humanas, entendidas no como 'recursos humanos', eufemismo con el que designamos ahora al siempre antipático departamento de personal, sino como las 'relaciones humanas´.Y es que nada es tan idóneo para relacionarse con los compañeros de oficina como el hecho de comer juntos, de compartir, por lo menos, la hora. Y, por qué no, hasta la comida. En tupper, naturalmente.

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