Sobresaltos en el programa económico y decepciones en Exteriores
Viernes 02 de julio de 2010
El 4 de enero, recién estrenado el año y la presidencia de la Unión Europea, un intruso se colaba en la web a la que el Ejecutivo había dedicado 11,9 millones de euros, concretamente Mr. Bean, a quien se atribuye cierto parecido con José Luis Rodríguez Zapatero. Desde ese día, seis meses de sobresaltos que han impedido el cumplimiento de algunos de los principales objetivos, medidas que han despertado controversia y un excesivo protagonismo de actores ajenos al Gobierno español.
Rodríguez Zapatero se ha visto obligado a compartir honores con dos cargos derivados del Tratado de Lisboa: Herman Van Rompuy, presidente permanente del Consejo Europeo, y Catherine Ashton, Alta Representante para la Política Exterior. Además, ha sido olvidado en reuniones sensibles en las que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel han dirigido de facto los designios de la Unión Europea. Los que han salido en la foto.
Diego López Garrido dice que la española ha sido una presidencia de "resultados", no de fotos. Los hechos que han derivado en esos resultados han debido improvisarse conforme se sucedían episodios tan graves como el derrumbe griego, que 110.000 millones de euros de rescate intentan solventar tras un caluroso debate en el que Alemania manejó los tiempos y condicionó las decisiones. El posible contagio de las economías española y portuguesa activó las alarmas y obligó a Europa a constituir un segundo fondo de 750.000 millones. A cambio, Bruselas obligó a los gobiernos de estos países a presentar recortes del gasto público convincentes para este año y el próximo.
En materia económica y de finanzas, también se ha consensuado en este último semestre una tasa bancaria con la que hacer frente a un eventual rescate de entidades sin recurrir a dinero público y se ha reforzado el Pacto de Estabilidad y Crecimiento con un sistema previo de vigilancia de los presupuestos nacionales y sanciones a quienes incumplan los compromisos, asunto el de las sanciones que también ha costado algún dolor de cabeza inesperado al presidente de turno. De forma indiscutible, la crisis ha marcado el mandato y las principales respuestas a ella, no previstas en el programa, han hecho de la española una presidencia en segundo plano.
Otro de los focos de atención de Rodríguez Zapatero en diciembre eran los Asuntos Exteriores, terreno en el que se han encadenado tres decepciones: falta de consenso sobre Cuba pese a la insistencia de Miguel Ángel Moratinos, el aplazamiento de la Cumbre Euromediterránea por el repunte en el conflicto entre Israel y Palestina y, en tercer lugar, la ausencia de Barack Obama en una reunión Europa-Estados Unidos, en la que el presidente español tenía volcadas muchas ilusiones, sobre todo de imagen, al traer a nuestro país a su homólogo norteamericano.
Vigilancia sobre opiniones radicales
La presidencia no ha estado exenta de polémica. Por ejemplo, con una medida que ha pasado inadvertida pero relevante y jugosa. Es la que establece vigilancia a los ciudadanos de opiniones radicales, desarrollada en el
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