El 4 de enero, recién estrenado el año y la presidencia de la Unión Europea, un intruso se colaba en la web a la que el Ejecutivo había dedicado 11,9 millones de euros, concretamente
Mr. Bean, a quien se atribuye cierto parecido con
José Luis Rodríguez Zapatero. Desde ese día, seis meses de sobresaltos que han impedido el cumplimiento de algunos de los principales objetivos, medidas que han despertado controversia y un excesivo protagonismo de actores ajenos al Gobierno español.
Rodríguez Zapatero se ha visto obligado a compartir honores con dos cargos derivados del Tratado de Lisboa:
Herman Van Rompuy, presidente permanente del Consejo Europeo, y
Catherine Ashton, Alta Representante para la Política Exterior. Además, ha sido olvidado en reuniones sensibles en las que
Nicolas Sarkozy y
Angela Merkel han dirigido de facto los designios de la Unión Europea. Los que han salido en la foto.
Diego López Garrido dice que la española ha sido una presidencia de "resultados", no de fotos. Los hechos que han derivado en esos resultados han debido improvisarse conforme se sucedían episodios tan graves como el derrumbe griego, que 110.000 millones de euros de rescate intentan solventar tras un caluroso debate en el que
Alemania manejó los tiempos y condicionó las decisiones. El posible contagio de las economías española y portuguesa activó las alarmas y obligó a Europa a constituir un segundo fondo de 750.000 millones. A cambio, Bruselas obligó a los gobiernos de estos países a presentar recortes del gasto público convincentes para este año y el próximo.
En materia económica y de finanzas, también se ha consensuado en este último semestre una tasa bancaria con la que hacer frente a un eventual rescate de entidades sin recurrir a dinero público y se ha reforzado el
Pacto de Estabilidad y Crecimiento con un sistema previo de vigilancia de los presupuestos nacionales y sanciones a quienes incumplan los compromisos, asunto el de las sanciones que también ha costado algún dolor de cabeza inesperado al presidente de turno. De forma indiscutible, la crisis ha marcado el mandato y las principales respuestas a ella, no previstas en el programa, han hecho de la española una
presidencia en segundo plano.
Otro de los focos de atención de
Rodríguez Zapatero en diciembre eran los Asuntos Exteriores, terreno en el que se han encadenado tres decepciones: falta de consenso sobre
Cuba pese a la insistencia de Miguel Ángel Moratinos, el aplazamiento de la
Cumbre Euromediterránea por el repunte en el conflicto entre Israel y Palestina y, en tercer lugar, la ausencia de
Barack Obama en una reunión Europa-Estados Unidos, en la que el presidente español tenía volcadas muchas ilusiones, sobre todo de imagen, al traer a nuestro país a su homólogo norteamericano.
Vigilancia sobre opiniones radicalesLa presidencia no ha estado exenta de polémica. Por ejemplo, con una medida que ha pasado inadvertida pero relevante y jugosa. Es la que establece vigilancia a los ciudadanos de opiniones radicales, desarrollada en el
documento 8570/10. Nace del propósito de prevenir el
terrorismo en Europa y fue concebida en principio para grupos terroristas islámicos. Sin embargo, el texto extiende las sospechas y, por tanto, la vigilancia policial a cualquier individuo o grupo que pueda haberse radicalizado. Se desconoce aún, hasta que su aplicación se asiente, qué significa “radicalización” para la UE, pero, en una interpretación rápida del documento, no es descabellado entender que debates televisivos e incluso conversaciones en bares o en la calle pueden quedar incluidos. El programa pone especial atención en “grupos de extrema izquierda o derecha, nacionalistas, religiosos o antiglobalización”.
Por último, dos políticas bandera del Gobierno español que
Rodríguez Zapatero ha querido extender, sin demasiado éxito, a Europa. Primero, la lucha contra la violencia de género. La orden de protección para mujeres maltratadas y la constitución del Observatorio Europeo sobre Violencia de Género no se culminaron. En el caso de la orden de protección, el ministro de Justicia,
Francisco Caamaño, protagonizó un duro enfrentamiento con la comisaria de Justicia,
Viviane Reding, que boicoteó la iniciativa española por cuestiones de procedimiento.
Segundo, la lucha contra el cambio climático. En materia de
Medio Ambiente, tres han sido las medidas adoptadas en estos seis últimos meses: el documento Prioridades de Cibeles con las líneas de actuación para detener la pérdida de biodiversidad para 2020, la Declaración de Valsaín, que promueve el compromiso de hacer una gestión sostenible de los bosques y, por último, la aprobación de la directiva de emisiones industriales para reducir la contaminación procedente de estas instalaciones. Sin embargo, las asociaciones ecologistas esperaban más de la Presidencia española y entienden que el discurso y las promesas no se han correspondido con los hechos.
WWF califica como “escasos” los avances ambientales durante el semestre. “El Gobierno español no consiguió que los países de la UE apoyaran la necesidad de incrementar la reducción de las emisiones europeas del 20 al 30 por ciento”, recuerda.
El balance es dispar. Para Diego López Garrido, la presidencia ha sido “eficaz y solvente”.
María Teresa Fernández de la Vega va más allá: "Hay que verla como un éxito que será recordado por generaciones enteras de europeos". Para otros, como
Mariano Rajoy, "hemos terminado con una economía intervenida desde el exterior y con un protectorado establecido porque los socios europeos no se fiaban" de la forma de gobernar de
Rodríguez Zapatero. "Pensaba escribir un guión europeo y al final otros se lo han escrito a usted", concluyó el líder del Partido Popular.
Todas las partes reconocen que el rescate del euro y, en general, lo inesperado han lastrado una normal ejecución de las tareas de la presidencia de turno. Ahogado en las encuestas, el Ejecutivo esperaba ganar peso y credibilidad en estos seis meses, tras los que, supuestamente, aguardaba el reconocimiento internacional y algunas fotos como la de
Barack Obama. Toma el testigo Bélgica.
Rodríguez Zapatero regresa ya en exclusividad a su agenda española para volcarse en problemas que, en sólo medio año, le han hecho perder gran parte de sus apoyos. Europa no le ha servido de salvavidas.