Opinión

En conversación con Benedicto

Norberto Alcover | Miércoles 19 de enero de 2011
“De esto se trata: de que lleguemos a ser capaces de Dios y, así, podamos entrar en la vida auténtica, en la vida eterna. Realmente Él vino para que conozcamos la verdad. Para que podamos tocar a Dios. Para que nos esté abierta la puerta. Para que encontremos la vida real, la que ya no está sometida a la muerte”. Con estas palabras, se cierra la entrevista, breve pero intensa que, hecha libro, Peter Seewald hizo en su momento al actual pontífice romano, ese anciano pero lúcido Benedicto XVI, y que hace unas semanas editaba Herder, siempre a la escucha de los grandes momentos creyentes.

Estamos acostumbrados con este papa, y en parte ya con su antecesor, a que se emitan públicamente sus juicios de valor sobre todo lo humano y por supuesto todo lo divino que forma parte de su texto religioso y de su contexto histórico. Es decir, de su ser y de su estar en el mundo como un creyente más, más allá de toda mitificación tan de moda todavía en ciertos ambientes.

Benedicto ya se había manifestado en anteriores entrevistas con el mismo Seewald antes de acceder al papado, y su visión de la persona de Jesucristo, todavía no cerrada, ha sido uno de los grandes acontecimientos editoriales de la década anterior. Es delicioso que Benedicto se nos muestre como Josep, que el papa se nos aparezca como Ratzinger, que toquemos con nuestras propias manos sus puntos de vista, tan respetables pero en absoluto dogmáticos, que suscitan nuestra curiosidad y nos mueven, siempre, a una ulterior interrogación teológica y antropológica. Estamos acostumbrados ya, pero nunca se había producido en la historia de la Iglesia Católica. Libros como éste nos permiten entrar en diálogo con quien es cabeza visible del Cuerpo de Cristo histórico. Un regalo bautismal.

Y lo más relevante: se trata de ser capaces de Dios. Una de las más bellas expresiones jamás leídas sobre nuestra fe. Gracias.

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