Opinión

La brecha generacional (II)

Bernabé Sarabia | Miércoles 02 de marzo de 2011
El comienzo de la jubilación de las cohortes que componen el baby boom es una mala noticia. No tanto porque quieran seguir mandando en puestos de privilegio. Ya vendrán los de atrás dando codazos en la curva de los doscientos para llegar a meta bien situados. No hay que verlos como un tapón sino como una generación creativa y capaz de solucionar problemas.

De entrada, los nacidos entre 1946 y 1964 –para España estas fechas necesitan un ajuste- están sosteniendo a sus padres, los miembros de la llamada “generación silenciosa”, los nacidos entre 1920 y 1940, gente que sufrió las consecuencias de la Depresión del 29 y las distintas guerras. En este momento multitud de boomers están cuidando a familiares y soportando, como consecuencia, mucho conflicto emocional.

Por otro lado, los boomers han introducido mucha racionalidad en la vida social. Si miramos lo que se comía en la España de entre 1950 y 1975 vemos cambios hacia una alimentación más saludable. A mitad del siglo XX se consumía más mantequilla y menos aceite de oliva. Casi el doble de azúcar. Más cerdo, más cordero y más buey. El consumo de brandy –antes se le llamaba coñac a todo-, anises y destilados dulzones, criminales para el hígado, se ha venido abajo.

El consumo de productos más saludable ha ido hacia arriba. La venta de pollos –pollería en general- ha subido de forma espectacular, se come más queso y mucha más fruta. En la ingesta de vegetales el progreso ha sido espectacular.

En lo cultural habría mucho que hablar, y lo mismo podría decirse de las prácticas religiosas y políticas. Si bien un porcentaje muy alto de boomers abandonó la religiosidad, también es cierto que se ha producido una vuelta en los de más edad. La reforma educativa impulsada por Joaquín Ruiz Jiménez en 1953, con sus dos exámenes estatales –reválidas- a los 14 y 16 años, tuvo muchos aspecto válidos. Se estudió mucho. Continuará.

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