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BOYHOOD, LA OTRA FAVORITA, SE FUE A CASA CON UNA SOLA ESTATUILLA

Birdman triunfa en unos Óscar marcados por el discurso por la igualdad y apoyados en la música

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
Birdman triunfa en unos Óscar marcados por el discurso por la igualdad y apoyados en la música

La cinta del mexicano Alejandro González Iñárritu, Birdman, ha sido la clara vencedora de la 87 edición de los premios Óscar, con cuatro premios que incluyen los de mejor película y mejor director. Su gran rival, Boyhood, se tuvo que conformar con una única estatuilla en una gala marcada por el discurso contra la discriminación sexual y racial y algunos momentos musicales emotivos, aunque algo floja en dinamismo. En las categorías interpretativas no hubo sorpresas: Eddie Rey Redmayne, Julianne Moore, J. K. Simmons y Patricia Arquette.

La mayor expectación de la 87 edición de los premios Óscar se había concentrado en el duelo que enfrentaría a la tenacidad y originalidad de David Linklater en Boyhood y la genialidad de Alejandro González Iñárritu en Birdman. Aunque los más políticamente correctos esperaran un reparto entre ambas de las categorías de dirección y película, los finales no siempre pueden ser felices para todos y la virguería de Iñárritu ha cerrado la gala como triunfadora indiscutible con cuatro estatuillas, incluyendo las dos más deseadas, además de fotografía y guión original. Inárritu se lleva su primer Óscar como director a casa y hace que el flamante premio se vaya por segundo año consecutivo a México.

Con la reforma migratoria en Estados Unidos en pleno debate político, el cineasta ha aprovechado su discurso para pedir “que se trate a los inmigrantes de ahora con la misma dignidad y el mismo respeto que los que vinieron en el pasado y ayudaron a formar este gran país”.

González Iñárritu no fue el único. El alegato que recorrió las entrañas de la gala fue el de la igualdad, ofreciendo al cine como su vehículo de expresión, pero también como lenguaje universal capaz de hacerla efectiva. La discriminación por razón de sexo, raza y orientación sexual fue el trasfondo de los discursos más aplaudidos en un año que arrancó con la polémica, periódicamente recurrente en Hollywood, de la presencia de actores y directores negros en la industria (coincidiendo con las, consideradas escasas por algunos, dos nominaciones de Selma, la película sobre la marcha por los derechos civiles liderada por Martin Luther King).

En las categorías interpretativas fue una noche sin sorpresas. La Academia reconoció el brillante trabajo de Eddie Redmayne, que partía como favorito por su Stephem Hawking de La teoría del todo. El actor británico llegó al escenario conteniendo unos nervios que terminó por soltar en forma de grito y se presentó como custodio de un Óscar que pertenece a la familia Hawking.

En el apartado femenino, Julianne Moore consiguió su primera estatuilla tras cinco nominaciones y dejó claro que tiene un instinto especial a la hora de escoger sus papeles. Siempre Alice, en la que se mete en la piel de una recién diagnosticada enferma de Alzheimer, es una película de bajo presupuesto que, sin embargo, le ha valido el máximo reconocimiento de la industria estadounidense del cine.

Los actores de reparto también cumplieron las quinielas. J. K. Simmons se hizo con el galardón al mejor actor secundario por Whiplash, cinta que se llevó además la estatuilla a la mejor mezcla de sonido y mejor montaje; y Patricia Arquette subió a recoger su Óscar como mejor actriz de reparto por Boyhood, el único para la cinta rodada por Linklater a lo largo de doce años. Arquette se ganó el aplauso del público, en especial de su hasta hacía unos instantes rival en la categoría Meryl Streep, al advertir que “ha llegado el momento de que tengamos igualdad de derechos para las mujeres en los Estados Unidos y unos salarios iguales”.

Emma Stone, la mayor competencia de Arquette, se quedó con un Óscar de Lego que minutos antes, durante una de las actuaciones musicales de la gala, le habían entregado a Oprah Winfrey. Los momentos musicales han tenido especial relevancia en la ceremonia de esta edición, en la que se conmemoraba el cincuenta aniversario de la mítica Sonrisa y Lágrimas.

Recuento del número de Óscar

Birdman: 4

El Gran Hotel Budapest: 4

Whiplash: 3

Boyhood: 1

La teoría del todo: 1

El francotirador: 1

The imitation game: 1

Selma: 1
La actuación de Lady Gaga llevaba anunciándose desde la alfombra roja a bombo y platillo y fue Neil Patrick Harris el encargado de anunciarla como “uno de los momentos de los que más se hablará mañana”. Pero lo sorprendente es que si los ‘monstruitos’ de la artista esperaban un vestido de filetes de ternera o luces de neón y plataformas imposibles, probablemente se sintieron defraudados. Lady Gaga demostró sobre el escenario del teatro Dolby de Los Ángeles que, además de llevar el espectáculo en las venas, tiene una capacidad vocal como pocas, y brilló con un número sobrio y elegante basado en temas del clásico musical de Robert Wise. El momento del que hablará todo el mundo vendría justo al final de su actuación, cuando Julie Andrews, la protagonista del filme, dio una sorpresa con su presencia y un sincero abrazo a Gaga. La veterana actriz y cantante entregó, además, el Óscar a la mejor banda sonora, que fue para El Gran Hotel Budapest, de Wes Anderson, que empata en número de galardones con la gran triunfadora llevándose además los de mejor diseño de producción, mejor maquillaje y mejor vestuario.

A parte del Lost Stars de Adam Levin, el Grateful de Rita Ora y de la delicada actuación de Jennifer Hudson durante el tradicional ‘In Memoriam’, otras dos actuaciones musicales marcaron la gala. Primero, el I'm not gonna miss you interpretado por Tim McGraw en homenaje a Glen Campbell, la estrella del folk enfermo de Alzheimer que inspiró el documental Glen Campbell: I’ll Be Me. Después, y sobre todo, el Glory de la banda sonora de Selma, que se ha convertido ya en himno de la lucha contra el racismo reavivada en Estados Unidos tras los acontecimientos ocurridos en Ferguson durante el último año. John Legend y Common pusieron al auditorio en pie con su desgarrada actuación junto a un multitudinario coro y en un decorado que reproducía el puente de Selma, escenario de las históricas cargas policiales contra la masiva marcha liderada por Luther King. Especialmente emocionado se vio a David Oyelowo, el actor que interpreta al activista en la película, que no pudo contener las lágrimas durante la interpretación.

Justo después de la actuación, ambos intérpretes subieron de nuevo al escenario a recoger un cantado y merecidísimo Óscar a la mejor canción original. Legend subrayó en su discurso que “Selma es ahora, la lucha por la justicia y la libertad es real y tiene lugar ahora”.

La polaca Ida cerró una espectacular temporada de premios con el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, imponiéndose a la hispano-argentina Relatos Salvajes. El triunfo de esta pieza de autor en blanco y negro dirigida por Pawel Pawlikowski da su primer Óscar a Polonia tras diez nominaciones.

Dos de las películas más taquilleras del año, Interstellar y, sobre todo, El Francotirador, obtuvieron un premio cada una: la cinta de Nolan a los mejores efectos visuales y el último y polémico trabajo de Clint Eastwood, a la mejor edición de sonido. Precisamente a estas dos superproducciones se impuso la más modesta Whiplash en la categoría de mejor mezcla de sonido, una fotografía perfecta del peso mayor cada año de las producciones independientes en los premios de la industria americana.

Si el mejor guión original fue para la triunfadora, Birdman, el premio al mejor guión adaptado recayó el The Imitation Game, cuyo responsable Graham Moore, regaló otro de los mejores discursos de la gala al dedicar el premio a todos los que, como él cuando era adolescente, “se sienten raros”, en alusión a la historia de Alan Turing en la que se centra la película, el padre de la informática moderna relegado a un segundo plano de la Historia durante años por su homosexualidad.

En una gala muy reivindicativa en lo social, el conductor Neil Patrick Harris estuvo correcto sin más. Empezó como había prometido: con un número musical a su altura, elegante y con picos divertidos, que compartió con Anna Hendricks y Jack Black. Sin embargo, sus intervenciones durante la gala fueron más bien escasas y con poca continuidad, quedando relegado a veces a mero presentador de cada premio. El mejor momento del actor fue, sin duda, la recreación de la escena de Birdman en la que Michael Keaton se pasea por Times Sqare en calzoncillos, con una colaboración a la batería del actor de Whiplash. Además, tuvo un gesto bonito con Jennifer Aniston (Cake) y David Oyelowo (Selma), entregadores de un premio y los grandes olvidados en las nominaciones a mejor actriz y actor respectivamente, al presentarles como “dos personas que se merecen estar aquí”.

Disney se llevó dos galardones al mejor corto y a la mejor película de animación por Buenas Migas y Big Hero 6 respectivamente. Esta última se impuso a la que partía como favorita, Cómo entrenar a tu dragón 2. Parece que Disney ha cogido carrerilla y después de hacerse el año pasado con su primer (sí, primero) Óscar por Frozen, obtiene su segunda estatuilla. La clásica factoría de animación ha encontrado la fórmula que ya descubrió hace tiempo su hermana pequeña Pixar.

El premio al mejor cortometraje fue para The Phone Call, el mejor corto documental para Crisis Hotline: Veterans Press y la película sobre el caso Snowden, Citizenfour, resultó ganadora del Óscar a la mejor película documental.

La gala, que empezó a las 17,30 horas (2,30 en España) en el teatro Dolby de Los Ángeles, estuvo precedida por una alfombra roja de casi dos horas de duración por la que desfilaron, como cada año, las celebridades de Hollywood como embajadoras de la moda internacional.