Desembarcó el Barça en territorio bielorruso propulsado sobre la inercia magnética y ganadora del
liderazgo de Neymar,en una trayectoria que está amortiguando, en la medida de lo defendible, el peso de la ausencia de Leo Messi. Tras el baño y masaje liguero, que sirvió para recuperar sensaciones de lustre ofensivo aunque no disimuló la endeblez en el repliegue que ha disparado los agujeros en las redes de Ter Stegen y Bravo en lo que va de ejercicio, regresa la Liga de Campeones, esa que, hasta esta altura de temporada, ha denotado el amaine de la consistencia pasada con el empate en Roma y la sufrida remontada en casa ante un Bayer Leverkusen tan plano como fallón. El envite de Borisov, a priori más enrevesado por el frío (6 grados) y el estado del césped que por la competitividad ajena, definiría el punto de cocción del segundo capítulo del proyecto de Luis Enrique.
Apostó el técnico local, Aleksandr Yermakovich, por el sistema rocoso prototípico, con tendencia al robo y salida y a la
imposición del factor físico como argumento principal, que recibe el aliño de la capacidad técnica para combinar en vuelo de una medular configurada por Volodko, Gordeichuk y Stasevich, y culminada por el punta referente Signevich, actor principal del desahogo de los suyos ante la lesión de Rodionov. La hoja de ruta local entregaba el cuero a la aclimatación catalana para crecer por la vía del paso de los minutos y la efervescencia de su contragolpe. La altura de las líneas en la presión y la intensidad en la marca marcarían la profundidad y ambición de un equipo que ya endosó un 3-0 en el primer acto de la visita romana, siendo reconocida su red de ayudas para interceptar líneas de pase interiores.
El preparador blaugrana leyó la necesidad de cohesionar las líneas para atesorar calma tras pérdida y sumar músculo en la batalla anatómica e
incluyó a Mascherano en el centro del campo -devolviéndole a su posición donde luce imperial-. Busquets y
Sergi Roberto apoyaban la línea del
jefecito, con libertad para ejercer de interiores con llegada. Alba y Alves guardarían la espalda con tendencia a virar en carrileros,
Munir y Neymar se apostaban a la cal y Suárez volvería a trabajar la parcela central de descarga, asociación y lectura del frente ofensivo. Ter Stegen cerraría el sistema con Piqué y Bartra como escuderos. La vigilancia tras pérdida cobraba una trascendencia similar a la precisión en la salida de la pelota. Eligió exhibir colectivo y brega
Lucho ante un enfrentamiento resbaladizo por la exigencia física, relegando la técnica de Rakitic a esperar las evoluciones del envite. Tendrían que mostrar sus jugadores, en consecuencia, el crecimiento en la solidez colectiva y pelaje compacto del repliegue.
Con este intercambio de dobleces en las ideas de juego arrancó el tercer partido continental del presente Barça, y lo hizo respondiendo al pentagrama previsible:
ambos clubes desplegaron su intención agresiva de presionar la salida de balón oponente, reduciendo los espacios y asumiendo, de este modo, los riesgos que conlleva que el rival supere esa primera barrera. Bajo este escenario se desarrollaron los primeros 15 minutos del duelo, en los que el mando no quedaba monopolizado por ningún contendiente y las llegadas figuraban supeditadas a los resbalones en la circulación. Inmerso en este paisaje salpicado de oquedades para correr y desbordar, no tardó Neymar demasiado en erigirse en líder sobre del verde. Recogió un pase cruzado de Alves, encaró y remató en diagonal desde la frontal a las manos del meta como aperitivo, en el tercer minuto. Dos después, como en reflejo de la primera opción, el lateral volvió a encontrar a su paisano en el pico del área. En esta ocasión detectó la llegada de Busquets para el chut desviado del mediocentro convertido en interior.
La calidad empezaba a actuar como factor diferencial, si bien la posesión seguía discutida, y Suárez probó suerte con un testarazo que sacó Chernik. A continuación, en el córner posterior, Neymar dibujó un pase raso al punto de penalti que Munir estrelló en el torso del portero, en una ejecución brillante de pizarra. Sobrevino en plena deflagración de ritmo y llegadas la lesión de Sergi Roberto. El infortunio del canterano cercenó el descanso a Rakitic, que entró en escena en el 17 de partido. Acto y seguido, con la fluidez entre líneas que proporciona el cerebro y motor croata, el cortejo de la pelota abrió los brazos a la elástica blaugrana de manera definitiva. El Bate, que suponía una amenaza por el frenesí en transición y el número de obreros que opositaban a remate en cada salida, se amarraba a permanecer agazapado, taponando el carril central. Mantenía un alto nivel de intensidad en cancha propia y
la asociación barcelonesa no conducía a remates claros sino a avances por banda, con Neymar como foco y maestro de ceremonias.
Una falta lateral botada por
Ney que no encontró rematador en primera instancia y se topó con el escorzo de Busquets que se paseó por la línea de gol, acercó el partido al último cuarto de hora. El Barcelona no conseguía veneno en la elaboración pausada y el centro seguía vedado, colapsado, sin la figura de un mediapunta prototípico. Las diagonales del carioca, con más jerarquía al timón del coloso blaugrana que nunca, representaban el catalizador de peligro visitante. El lanzamiento descontextualizado, desde larga distancia, de Bartra y el cabezazo de Rakitic a las nubes tras un centro plano de Alves en el 39 confirmaban el paradigma.
No encontraba caminos nítidos de avance y desborde el sistema de Luis Enrique. Tan sólo el robo de Busquets en la presión y chut al segundo poste que no encuentra palos de Neymar, en el 44, se salía del guión del primer acto.
Se marchó a vestuarios el Barça con los guarismos entregando la argumentación a lo loable de su dominio: 4 a 0 en remates a portería, 12 a cero en opciones generadas y un 76% de posesión antes de la reanudación. Había amilanado el brío físico de un Bate incapaz de mutar el cariz del duelo hacia la guerra de guerrillas. Y, sin cambio de nombres, se alzó el telón de los últimos 45 minutos. Sí se transformó, sin embargo, la
intensidad de los bielorrusos, que quisieron subir las líneas de presión y la ambición para estirarse y recordar al Barça el riesgo de acomodarse entre tanto monopolio del tempo. Subió vatios de exigencia el bloque de Borisov y, para su desgracia, abrió las puertas a la excelencia y astucia del estilete catalán destinado a tomar el relevo de
La Pulga, también en el palmarés del Balón de Oro.
Un agujero en la banda izquierda tras el precario balance posicional en repliegue de los locales lanzó a Neymar, que recogió el cuero para cambiar el ritmo y susurrar una diagonal vertiginosa que conectó con el golpeo de terciopelo de
Rakitic, que llevó al balón al encuentro con la escuadra, para pintar un cuadro excelso. Se deshilachaba la estabilidad general del enfrentamiento en el 47. En primer lugar, porque el Bate, lejos de amilanarse, se entregó a la valentía en la reacción subiendo líneas y, en segundo lugar, porque el Barcelona parecería despertar la lucidez combinativa vertical que muerde cualquier calma posicional para contaminarla de inseguridad.
La intervención de Mascherano y Busquets gobernaba todo un ejercicio de presión que empequeñeció la capacidad competitiva del Bate. De un robo nació el centro de Alves y la volea de terciopelo de Neymar que lamió el poste, en el 52, y de una pérdida forzada por Mascherano, más
jefecito que de costumbre por el regreso a su hábitat, emanó el chut de Munir que no hizo diana por poco en el 55.
No cedía intensidad en su intento de respingo el equipo bielorruso y se granjeó la penalización coo peaje a la valentía. Y la sentencia tomó cuerpo por el camino de la pérdida y salida, esa doblez que enriqueció las variantes de Luis Enrique hasta arribar en el
triplete. La rápida conducción de
Rakitic encontró rebote en el envío milimétrico de Neymar, rebosante de visión de juego, para la vaselina de seda del croata, que sellaba su doblete y autografiaba la sentencia del partido, golpeando sobre la mesa para reclamar la preeminencia de la calidad sobre el resto de elementos. Quedaba visto para sentencia el examen en el 64 partido.
Se dedicó el Barça, entonces, a
anestesiar el ritmo de juego a través de la horizontalidad de la circulación, hecho que disparó sus datos de posesión y la frustración de un impreciso Bate, incapaz de encontrar coherencia a la inteligencia clarividente de Signevich. En pleno cambio de escenario sobrevinieron lass sustituciones: Sandro ocupó el lugar del fallón Munir, Gumbau dio un respiro a Busquets y Yermakovich dio entrada inocua a Karnitski, Mozoloevski y Yablonski. Se lanzó el partido hacia su epílogo con la multiplicación de interrupciones y el ascenso de la dureza local ante la asunción de la inferioridad en todos y cada uno de los aspectos del juego. Tan sólo calentó los guantes Ter Stegen con el remate tímido de Signevich, que culminó una contra individualizada de Mladenovic. Era el primer disparo a puerta del equipo casero. En el 77 de partido.
No obtendría ya premio Neymar a la prolongación de su obra maestra, iniciada ante el Rayo, y su primer gol en el torneo continental se le seguiría resistiendo. Su volea en pirueta aérea al centro de Suárez -desacertado en la concreción de controles, pases y remates- no mostró la puntería necesaria, pero había clausurado otros tres puntos con una exhibición prestigiosa, navegando entre el mar de patadas y obreros que le circundaban. Confirmó el brasileño que resulta complicado nombrar un artista que baile con su par como el
11 blaugrana y confirmó el Barça que sigue creciendo, aún sin su comandante en jefe y sin Iniesta. La cohesión en el repliegue y la concentración de las ayudas para mutilar de peligro a la velocidad en contraataque del Bate subraya el avance competitivo del grupo dirigido por Luis Enrique.
Tres puntos no tan famosos por el encuadre pero ricos en confianza y validez táctica, para seguir caminando de cara a la segunda fase de la competición.
Ficha técnica:
BATE Borisov: Chernik; Polyakov, Gajduchik, Milunovic, Mladenovic, Aleksandr Volodko, Nikolic (Yablonski, min.66), Stasevich, Gordejchuk, Maksim Volodko (Kartniski, min.63) y Signevich (Mozolevski, min.79).
Barcelona: Ter Stegen; Alves, Piqué, Bartra, Jordi Alba, Mascherano, Sergio Busquets (Gumbau, min.72), Sergi Roberto (Rakitic, min.18), Munir (Sandro, min.70), Luis Suárez y Neymar.
Goles: 0-1, minuto 47: Rakitic; 0-2, minuto 64: Rakitic
Árbitro: Manuel De Sousa (POR). Amonestó a Busquets (min. 22), Polyakov (min. 28), Alves (min. 40), Volodko (min. 42), Gaiduchik (min. 61), Gumbau (min. 73), Karnitski (min. 81), Milunovic (min. 82)
Incidencias: 13.000 espectadores en el partido de la tercera jornada del grupo E de la Liga de Campeones disputado en el Borisov-Arena.