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JORNADA 13: BARCELONA 4 REAL SOCIEDAD 0

El Barça golea a la Real Sociedad paseando sobre Iniesta | 4-0

sábado 28 de noviembre de 2015, 15:49h
Actualizado el: 29 de noviembre de 2015, 14:49h
El equipo de Luis Enrique no cede en su intento monopolítistico por imponer su estilo a cualquier oponente que se cruce. Iniesta, Neymar y Suárez volvieron a sobresalir en la goleada asestada a una Real Sociedad valiente, que no ha de sacar demasiadas conclusiones negativas a su correcto despliegue. Messi cerró el 4-0 en su partido 600 como profesional y el líder alimenta su aureola de exquisitez.


La presión inherente a la excelencia parece no encontrar su espacio en la ecuación del Barcelona vigente campeón de casi todo. Este sábado se desplegaba sobre el verde del Camp Nou un trámite resbaladizo. Un puente entre la semana coronada con exhibiciones ante Madrid y Roma y la visita a la volátil institución afincada en Mestalla. Desembarcaba en la ciudad condal una Real Sociedad con proyecto en proceso de reconstrucción que parecía haber lubricado sus intenciones con velocidad desde el relevo de David Moyes. Tenía ante sí el conjunto catalán la posibilidad de presionar a sus rivales en la pugna por el liderato liguero y ampliar la inercia de regusto esteticista que está provocando el refresco de la admiración referencial de la era Guardiola.

Luis Enrique, consciente del riesgo que entraña enviar estímulos de relajación en un evento de pronosticable valle de motivación, sólo otorgó descanso a Jordi Alba, postergando la rotaciones para intervalos venideros. Mathieu ocuparía su plaza en el carril izquierdo y el resto de piezas respondían al once de gala en el sistema del gigante blaugrana. Messi se alineaba junto a los dos pichichis, Neymar y Suárez, culminando el esquema que rodea a la sabiduría táctica de Busquets con una mezcla única en el panorama internacional de talento y brega: la dupla Iniesta-Rakitic. El manejo de la pelota para mandar y la intensidad sin ella para ganar los tres puntos sin adolecer de calma se antojaban como argumentos nucleares. Se trataba de reproducir los ajustes ideados por el técnico que recuperó la presión, verticalidad y contragolpe al adn azulgrana para sellar otro día más en la oficina.

Eusebio, artífice del renacimiento del espíritu txuriurdin en un curso plomizo, apostó por variar su esquema y trazar un 4-4-2 que poblara el centro del campo ante la baja de Asier Illarramendi. Rubén Pardo y Esteban Granero, dos estilistas de la elaboración, se encargarían de la parcela central con Xabi Prieto y Canales en los costados. Carlos Vela usaría su inteligencia para captar huecos entre líneas y Aguirretxe ejercería de peón fijo en zona de remate. Por detrás, Íñigo Martínez y Mikel González habrían de mostrar una seguridad descontextualizada esta temporada para completar la vigilancia de la línea ofensiva local. La altura de Yuri y Elustondo marcaría la filosofía y ambición visitantes. De la Bella, Bruma y Diego Reyes se caían del once en la intención de disputar la pelota desde el pitido inicial al mejor gestor del cortejo con el cuero.

Bajo el guión de dos púgiles de pelaje similar, valga la abrupta distancia en la calidad, arrancó el partido embadurnado en la batalla por la posesión. La Real se despojó de complejos con precocidad y envió coordenadas elevadas en la presión, buscando el ahogo de la salida de pelota local con ardor. Ante la sorprendente estratagema no cambió el rictus el ramillete de automatismos barceloneses, que prosiguió con la hoja de ruta asociativa desde el saque de Bravo, arriesgando el temple en más de una ocasión. La idea de equilibrar la relación de fuerzas por la vía de la reducción de espacios reforzaba la personalidad del técnico vallisoletano, pero le pasaría una factura muy cara si la presión no se veía ejecutada con coherencia interlineal. De este modo quedó la espalda de la zaga donostiarra marcada con la sospecha de la experiencia reciente. Roma y Rafael Benítez empezaron a sollozar por ese callejón.

No conseguía la Real cumplimentar esta exigencia y, si bien cortocircuitaba el juego local entre líneas, aceptó la resistencia en un escenario que le era desfavorable. Eusebio había desestimado la velocidad -para suponer una amenaza a la contra- en favor del control de la pelota, quedando cercenadas algunas variables de desahogo en el esfuerzo de cierre. Y no tardó en avisar el Barcelona de su lectura del paisaje. Andrés Iniesta -de nuevo brillante en la creación del penúltimo pase- encontró la madera a su testarazo después de un cuarto de hora de pleno dominio y susurros en profundidad. Rulli había tapado dos manos a mano tras envíos verticales que no detectó su retaguardia, con Neymar y Suárez como ejecutores frustrados. El siguiente en pasar por la fiscalización blaugrana desarrollaba su apuesta con cierta firmeza, pero sin horizonte más allá de la astucia posicional de Busquets.




Sergio Canales, que viraba hacia el centro en busca de salir de la labor continuada de repliegue, protagonizó las únicas llegadas reseñables de su equipo en el primer acto. El cántabro encadenó un chut tímido y desatinado y un centro cerrado venenoso, sin rematador, antes del 20 de juego. Sin embargo, el advenimiento del pobre bagaje ofensivo no significaría otra cosa para la trama que un espejismo. El repiqueteo de desmarques exteriores, que cambiaban el ritmo a la combinación local de forma afilada, terminó por rebosar el aguante en el alambre del contrincante. En el 22 dibujó Messi un balón largo para el movimiento de Alves, que escapó al radar de colapso interior vasco. El brasileño cedió, con comodidad, para que Neymar se anticipara a su sombra y rematara a la red con un número de clase técnica culminado con la zurda. Nuevamente imponía Luis Enrique su voluntad futbolística y recogía la siembra con precocidaz.

La producción de superioridades en estático y en transición catalana se limitaba a cargar el perfil de Neymar y un Mathieu más que cumplidor en ataque. Messi trazaba diagonales hacia el centro en busca de combinaciones interiores con el fin de otorgar fluidez a la asociación coral. De esta forma obtuvo el laboratorio de Lucho la forma de hacer daño, con la aparición por sorpresa y a la espalda del lateral mutado en carrilero Dani Alves. Esta trabajada situación terminaría por sentenciar el duelo antes del intermedio, pero el tempo y las revoluciones descendieron tras el primer gol de forma significativa, congelándose el devenir al trueque de posesiones horizontales, sin pretensión de convertir en sistemática la gestación de remates. A falta de diez minutos para el descanso transcurría el enfrentamiento en cotas templadas de intensidad. El Barça se tomaba un respiro y la Real se afanaba por ganar metros en combinaciones cada vez más prolongadas -acorde con el descenso de la altura en la presión local-.

Había adoptado ya el líder del campeonato doméstico el ritmo moderado que le conduciría al desenlace del envite. No obstante, el dominio se antojaba rutilante y la velocidad aceleraba y frenaba su condición protagónica, al antojo de la medular blaugrana. Así, en uno de los fogonazos estudiados por el carril diestro nació el segundo golpe, que eliminaría cualquier atisbo de reacción competitiva. Iniesta conectó el balón con la subida de Alves, fuera de marca, y el carioca frenó para contemporizar hasta la llegada al área de los rematadores. Con el tiempo medido al milímetro lanzó un centro preciso al segundo poste, que encontró fuera de eje al balance rival, y que Suárez tradujo en otra volea soberbia que besaba la red. No admitía debate la superioridad de una versión menos entregada del Barça que, por el contrario, resultaba igual de abrasiva.

Con la sensación de la ausencia de ajustes que recondujeran la situación arribó el descanso y la reanudación. El cuero empezaba a asistir a la discusión real entre ambos clubes y la Real trató de ganar terreno y tiempo en su posesión. Yuri, lateral desarmado en defensa por la ausencia de ayudas ycoberturas a su espalda, emergió como la herramienta ofensiva más lucida, y alzó el telón en el 47 con el primer disparo entre palos de los suyos. Bravo atajó el intento desde media distancia al tiempo que la pugna por prolongar cada manejo del esférico tomaba cuerpo en el verde.

Curioso que la Real haya hecho un gran partido y se lleve 4”, confesaba Luis Enrique en sala de prensa. En efecto, los pupilos de Eusebio plantaban cara tácticamente y se resistían a verse dominados a través de la posesión, consiguiendo réditos de competitividad, pero la calidad y el trabajo que la coloca en el foco terminarían por imponer la rotundidad de las diferencias entre ambas plantillas y proyectos. Mathieu esbozó su enésima subida en desmarque de ruptura, Iniesta leyó la acción y facilitó su consecución. Neymar selló un nuevo tanto a su cuenta, con una facilidad tan solvente como fluida. El 3-0 se alzó en el minuto 53 y la escena quedó fija hasta el 90: Barça y Real intercambiaban manejos pausados y horizontales con cada vez menos desequilibrios por mor de la anestesia compartida. Y Leo Messi vería cómo sus compañeros se entregaban a convertir la consecución de su gol como el elemento secundario arrojado al papel principal, en pleno vendaval, ahora sí, de rotaciones.




De este último punto se beneficiaron Oiarzabal, Adriano, Jordi Alba, Bartra, Héctor y Bruma. Entró tarde el ex extremo del Galatasaray, que revolucionaría con su frenesí físico el pentagrama realista. Ambos técnicos consideraron adecuado dar descanso a piezas troncales como Mascherano, Dani Alves, Canales, Vela -impedido por la vigilancia local- y Aguirretxe -fuera de la dinámica, adolecente de alimento desde las bandas-. Mathieu, por contra, recibió el premio de su tribuna. Se desplegaba un combate sin golpes y de voltaje frío. Quedaba sólo espacio, pues, para esperar al tanto del honor visitante y el de la reconciliación con el fútbol del ex lesionado astro argentino.

Lo intentó sin respingos de impaciencia, como arrastrando su temporada fuera de circulación en cada cambio de ritmo desprovisto de la estela pretérita. Rozó el poste en el 56 tras otro envío de Neymar patrocinado por Iniesta; calentó los guantes de Rulli en el minuto 57 tras un pasillo efervescente ideado por el 11 brasileño; y sufrió la inmisericorde postura de la madera a una falta lanzada con un escorzo tan revirado como bello desde la frontal -en el 67 de juego-. En el entretanto del monólogo postrero se coló otra probatura infructuosa de Yuri, que aprovechó su concentración para granjearse un defectuoso despeje y chutar al lateral de la red. Todo ello antes de que la fiesta culé descorchara el champán del paroxismo con el gol final de La Pulga, a portería vacía, balanceado con el impulso de la superlativa acción de desborde de Neymar. En el minuto 88.

Volvió a lucir como el rodillo construido por Guardiola un Barça que no encuentra cortapisas a su trayectoria en esta altura de calendario. El tridente, ya engrasado, figura sin parangón goleador continental -Neymar y Suárez sólo ven violentado su registro en España por los goles conseguidos por todo el Real Madrid- salvo la tripleta bávara conformada por Lewandowski, Müller y Coman, la cúspide de la única némesis teórica que podría ser defendida como tal. Messi, que completó su partido 600 como profesional, suma minutos de calidad y goles (470 guarda en su mochila) a los acumulados por las mejores versiones, en el último par de cursos, de Iniesta, Neymar -ovacionado de manera destacada en el epílogo tras marrar la manita por acierto de Rulli-, Busquets y Dani Alves. El balompié nacional permanece agazapado ante el dominio irrebatible de su campeón. La riqueza táctica dispensada por el banquillo, la actitud y compromiso de los peones y la imposición de la calidad sobre cualquier argumento oponente marcan el ritmo de la exquisitez en el viejo continente. Un partido más. Una semana más.


Ficha técnica:
Barcelona: Bravo; Alves (Adriano, min.62), Piqué, Mascherano (Bartra, min.69), Mathieu (Alba, min.66); Rakitic, Busquets, Iniesta; Messi, Suárez y Neymar.
Real Sociedad: Rulli; Elustondo, Mikel González, Iñigo Martínez, Yuri; Rubén Pardo, Granero, Xabi Prieto, Canales (Oiarzábal, min.59); Agirretxe (Héctor Hernández, min.73) y Vela (Bruma, min.81).
Goles: 1-0, min.21: Neymar; 2-0, min.41: Suárez; 3-0, min.52: Neymar; 4-0, min.91: Messi.
Árbitro: Iglesias Villanueva, del comité gallego. Mostró amarilla a Yuri (min.28), Granero (min.38), Canales (min.48), Pardo (min.50) y Elustondo (min.56).
Incidencias: 74.020 espectadores asistieron al partido correspondiente a la decimotercera jornada de la Liga, disputado en el Camp Nou.
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