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LIGA DE CAMPEONES - OCTAVOS (VUELTA): ATLÉTICO (0) PSV (0)

El Atlético abraza la agonía para viajar a los cuartos de final | 0-0

martes 15 de marzo de 2016, 23:32h
Actualizado el: 16/03/2016 19:03h
El Atlético abraza la agonía para viajar a los cuartos de final | 0-0

La tanda de penaltis decidió un duelo cerrado, de alto escalafón competitivo, en el que ambos contendientes se repartieron el control. Arrancó el PSV exhibiendo rigor posicional y clase asociativa y tomó el testigo de mando un Atlético al que sólo le faltó acierto para culminar un soliloquio que se extendió desde el minuto 40 hasta el pitido final. Las botas de Juanfran, tras una lista ingente de lanzamientos acertados, sellaron el épico pase de ronda. Estadio Vicente Calderón

El Vicente Calderón se envolvió de la particular mística que engalana, a este lado de la capital, las citas de altura continental, tan propias y familiares desde el advenimiento de la obra del entrenador argentino que separó las aguas del Manzanares, para acoger, como abrasivo marco, el primer partido definitivo del curso. La vuelta de este titubeante cruce de octavos de final de la Liga de Campeones, que ofreció un indigesto vacío en el zurrón de los goles anotados a domicilio, fiscalizaría la consistencia global del Atlético. Porque no sólo se ponía en liza el estatus y el recorrido hacia los obetivos deportivos planteados, sino que también contaba el duelo con el ingrediente financiero, ese que adelgazaría la ambición colchonera de caer de forma prematura. Su Majestad el Rey Don Juan Carlos no dudó en acudir al palco del hirviente coliseo en esta empresa que delinearía el futuro de la entidad rojiblanca ante la irreverente oposición del campeón neerlandés, desprovisto de presión -entregó con placidez el cartel de favorito a los locales- y con mucho menos que perder que el anfitrión capitalino, contemplando que se jugará el título de la Eredivise -verdadera prioridad- el próximo domingo. Pidió el dueño del timón atlético la respuesta ante este exigente brete, a cara de perro, de la tribuna y de sus futbolistas. El primer apartado, el del jugador número doce, se cumplió on creces. Quedaba, pues, comprobar el atino de la parte concerniente a la hierba.

 

Susurró Diego Pablo Simone en la previa que se planteaba desplegar el arquetípico 4-3-3, escondiendo la participación de dos piezas nucleares que regresaban a la disponibilidad -Augusto y Carrasco-. Pues bien, como se intuía por la economía dialéctica, el preparador empezó a competir en sala de prensa y escogió plantear de inicio el sistema que más fútbol ha generado a estas alturas de calendario. Abrigó a una medular sostenida por Gabi con la clase del ex celtiña y la movilidad de Koke y Saúl, tan versátiles como laboriosos en sus amplias atribuciones. El frenético extremo galo recobró la titularidad para significar una referencia lateral identificable y mantener a la astuta lectura de Griezmann fuera del radar rival. Se trataba, entonces, de reproducir el esquema intenso y ordenado sin pelota y colorido con ella. Buscaba el Cholo proponer y someter desde lo táctico. "Llevar el partido hacia lo que nos es más favorable", según sus palabras. La solidez en el repliegue, la altura de la presión y el atino en las circulaciones, entre líneas y por banda, refrescaban vigencia en la hoja de ruta de un Atlético tan obligado a marcar como a no exponerse y recibir goles que duplicaran la apuesta. Para esto último Juanfran y Filipe, acompañantes imperecederos de Godín, Giménez y Oblak, habrían de interpretar las situaciones ofensivas y cuidar su espalda ante la presumible disposición contragolpeadora visitante. El talento de Correa, Vietto y Torres esperaría turno ante el examen más concienzudo de la temporada en lo relativo al control con balón.


Phillip Cocu eligió edificar una estructura con doble vertiente. Cimentó su seguridad con tres zagueros -Bruma, Héctor Moreno y el multiusos Isimat-Mirin- y colocó en escena a dos laterales de vocación ofensiva. Los carrileros en cuestión, Arias y Willems, quedarían ciertamente liberados del rigor táctico para suponer una amenaza y batallar por la victoria de las superoridades buscadas en banda por ambos técnicos. Pobló el ex futbolista del Barça de Van Gaal su centro del campo de pulmones y calidad distributiva y llegadora, con Guardado como eje y Pröpper y Van Ginkel como interiores móviles. Locadia ejercería de enganche y Luuk De Jong -pichichi doméstico con 25 dianas en 35 encuentros- completaría la alineación como principal quebradero de cabeza madrileño. El hábil rematador cubriría la ausencia desequilibrante -por doble amarilla- del charrúa Pereiro. Se guardaba en el banquillo a peones punzantes como Narsningh en pos de configurar una tesitura que amortiguara el empuje local y permitiera crecer a los neerlandeses con el paso de los minutos. La finura en la gestión del cuero, herramienta de respiro, marcaría la profundidad de la apuesta de los de Eindhoven. La cohesión de una zaga más endeble de lo mostrado en la ida se entremezclaba con la concepción del empate sin goles y la prórroga como una opción asumible. No se veía urgido el PSV y jugaría con la altura de sus obreros según la circunstancia. El perfil de la línea de cinco dispuesta planteaba un desafío para los parámetros posicionales colchoneros.

 

Con este cruce de señuelos, que defragmentaba los roles de dominante y dominado sobre el papel -pues ambos púgiles se manejan con sabiduría sin pelota y en vuelo-, se alzó el telón de 90 minutos de cariz trascendental, ya en marzo. Y lo hizo exponiendo con celeridad el paisaje que dictaría la apariencia del primer acto. El PSV eludiría el rol pasivo y replegado para adoptar la variable jerárquica de su personalidad. Pasó a rebatir el orden de fuerzas teórico en un ejercicio de personalidad que le granjeó la preponderancia en la discusión por la pelota. Con los laterales siempre sumados a la medular con balón, la circulación neerlandesa congeló el arranque colchonero para dibujar un papel controlador que los pupilos de Cocu alcanzaron por la vía de la horizontalidad en el cortejo del cuero. Van Ginkel se descolgaba, Guardado asumía la distribución y Pröpper yacía amarrado para equilibrar. Ante esto, el Atlético reaccionó buscando la verticalidad tras recuperación, una directriz que le alejó del mando del tempo.



Las coberturas permanentes, que tomaban cuerpo con las ayudas exteriores y el colapso interior, complicaron el desarrollo del ataque a los locales, fuera de los focos ante el ritmo pausado impuesto por la anestesia rival. Carrasco fluctuaba desde el carril derecho e izquierdo y Griezmann surgía como el faro en transición. Pero, sin presión a toda cancha de ninguno de los contendientes y con las imprecisiones en el último tercio de cancha contaminando la creación, la reducción de espacios reclamó su valor rutilante y las llegadas a puerta pasaron a significar una excepción. La volea efectuada por Guardado desde la frontal, que se marchó desviada, arribó en la primera contra que encontró desequilibrado al Atlético, con desborde de Locadia, para autografiar el paradigma -minuto 10-.



Se revolvía el bloque dirigido por Simeone, quemado el arranque de envite, para oponer una enmienda al notable desempeño posicional contrincante, de línea defensiva adelantada. La incomodidad local crecía por la ausencia de coherencia en el juego propositivo, pues en estático no lograba conectar a sus interiores en el devenir y los puntas permanecían sin trascendencia; y en transición no deshacía el repliegue numeroso visitante. Necesitaba el Atlético, para reencontrar sensaciones, recordar el riesgo de su valiente disposición a los neerlandeses y lo consiguió en la detección de pasillos interiores y exteriores por desmarques largos de Carrasco. De inmediato, ganó peso y metros, para iniciar el ascenso de la presión de manera coyuntural. En el 14, y sobre este paraguas de lectura de situación, se gestaría la primera gran opción colchonera: Griezmann marró un mano a mano con Zoet tras el desmarque de ruptura de Koke, que se filtró entre Willems y el zaguero izquierdo. El posterior cabezazo de Godín, que se perdió en el olvido por encima del larguero, tras el saque de esquina de Koke subrayaban las alternativas de superviviencia española: la transición y la pizarra.

 

La estudiada seriedad en fase defensiva neerlandesa retomó el pulso de la negación al ascenso de ritmo a un Atlético que gestionaba la posesión desde la insulsa pausa, intercalando balones en profundidad. Sin juego entre líneas, le costaba detectar fisuras en el cómodo discurrir del PSV por el ecuador del primer tiempo. Se descubrió, entonces, lo simétrico de los presupestos de ambos equipos, atentos a no conceder antes de hilvanar combinaciones de acceso a posiciones de remate. En tal pliegue tacticista, las pérdidas se tornaron muy penalizadas y la exigencia de precisión en cancha ajena, absoluta. Siempre emergían dos marcadores para el poseedor del balón, con las líneas de pase cortadas y las coberturas impermeables. Por todo ello, Van Ginkel, Locadia, Koke y Carrasco, de jurisdicción generadora en la mediapunta, padecían descontextalizados, sin ligazón con sus centros del campo. La producción ofensiva se topaba con el trompicado fango que le habían reservado los estrategas de esta partida. Sólo los descuidos en la marca colectiva conllevarían inquietud para los metas. Así, una grieta por el perfil de Filipe que aprovechó Van Ginkel para desbordar y centrar raso supuso el susto primordial a la tribuna. Oblak sacó el envío in extremis y la zaga conjugó el peligro ante la presencia de De Jong -minuto 27-.


 

La recuperación de las ráfagas de posesión calmada visitante helaban la pretendida intensidad local, que prefería guarecerse con una línea de cinco en el centro del campo que sólo liberaba a Griezmann de la concentrada labor de bascular. Y, en ese cauce de plácido transcurso neerlandés, sobrevino el peor y mejor intervalo rojiblanco antes del descanso. A 10 minutos del intermedio, el primer episodio expuso a un Atlético despojado de la pelota, muy impreciso con ella, incapaz de volar y con síntomas de ruptura de líneas con balón. Tan sólo algún centro lateral de Juanfran o Filipe, que no encontraban rematador por la ausencia de un delantero de dicho pelaje, cerraba con lógica las intentonas locales. El PSV superaba los ascensos de presión circunstanciales madrileños con envíos al valioso cuerpeo de De Jong con Godín y Giménez. Nunca presionaban arriba los visitantes, conscientes de la dificultad local para localizar pasadizos en estático.


 

Pero experimentó el esquema del Cholo la pulsión competitiva que le es propia para arrinconar por primera vez al campeón tulipán. La acción individual de Carrasco que culminó con un chut desde media distancia a las nubes -minuto 39- lanzó la pretensión del segundo clasificado español, al fin fuera de los amarres respetuosos para con el rival. Subió su ambición posicional y se hizo con la pelota de forma decidida, recluyendo al club visitante de manera sostenida. Se condujo al repliegue y encierro el sistema de Cocu ante la circulación, ahora sí, veloz e incisiva de un conjunto rojiblanco que ganaba las pugnas numéricas en los laterales. Sin embargo, los antiaéreos de ambos equipos funcionaron con efectividad, ahogando los recursos alternativos, y Clattenburg decretó la pausa en pleno respingo local. La pelota a ese minutaje respondía a un reparto equitativo, pero la inercia de contemporización inicial se cruzó con la llamarada local postrera, desdibujando el ejercicio de control neerlandés y cuchicheando lo incierto del escenario consiguiente.



Trató el PSV de responder tras la salida de vestuarios presionando como respuesta al repunte ofensivo rojiblanco previo. Sin embargo, sufrió el repiqueteo de intensidad de un equipo capitalino que no aflojaría el paso, convencido de su potencialidad en la responsabilidad de la iniciativa. Quedaba configurada una tesitura de más espacios y ascenso del ritmo que otorgó horizonte a los colchoneros. No obstante, la tormenta abrió fuego por la banda de Carrasco, que tradujo el mano a mano en banda sobrevenido en los remates de Griezmann y Saúl que la zaga desvió con urgida habilidad. Godín remató fuera de arco en un córner posterior -minuto 49- y Augusto chutó raso desde la frontal para el blocaje de Zoet. Esta deflagración le obligó a retomar el achique como prioridad a los visitantes, que olvidaron el rol controlador del primer acto y se afanaron en defender y salir a la contra.


Simeone redobló el magnetismo de la inercia sacando del verde a un Augusto fuera de ritmo para dar la alterativa a Torres -minuto 54-. Buscó el técnico argento propulsar la revolución del envite volviendo al 4-3-3 y asumiendo más riesgo a su espalda, al apostar por un mejor control del cuero en campo neerlandés. Amortizó con rapidez el PSV la cara B del valiente movimiento madrileño al lanzar un contragolpe venenoso que Locadia completó con un disparo furioso desde el pico del área que Oblak envió al poste. De Jong exhibía atributos de desahogo y lucidez distributiva en la peligrosa acción -minuto 57- que supuso un aviso tangible para los designios de partido establecidos por el cuerpo técnico madrileño. La paleta había alegrado su colorido para regocijo del aficionado neutral, incertidumbre de la tribuna y agonía de los banquillos. Mutó el duelo hacia un caótico despligue ofensivo de acción directa para el que encontró mejor acomodo el Atlético. El disparo cruzado de Filipe, previo recorte desde el vértice del área, que repelió Zoet y el remate al cielo de Carrasco afianzó la propuesta.

 

Los de Eindhoven, que trataban de acomodarse en el repliegue ante la intensidad local, sufrían para salir de la cueva. Saúl descolgaba su posición, con Koke y Gabi como organizadores, pero el cambio de aspecto de la batallla, promovido desde la dupla Simeone-Burgos, terminó por retroceder para recobrar la indecisión previa. La pelota siguió luciendo el rojiblanco, pero las interrupciones intercaladas por los neerlandeses templaron el esfuerzo y batuta colchoneros, de manera que, antes del último cuarto de hora, la claridad en las combinaciones sufriría un severo arrinconamiento. Por el camino se marchó ovacionado Carrasco -protagonista del nervio que dinamitó el combate- y el Cholo amainó la exposición de los suyos ante el efecto del cansancio. Kranneviter entraba en juego para asegurar un equilibrio y vigilancia tras pérdida más precisos. Por tanto, Koke y Saúl volverían a actuar como interiores, con este último apostado en zona de remate. Cocu quitó de la fórmula a la exuberancia atacante de Willems e incluyó a los pulmones de Brenet.

 

Así pues, se disparó el partido a su desenlace sin matiz en los argumentos expuestos tras el descanso. Dominó el cuero a voluntad un Atlético que esbozaba oquedades en el muro oponente por la vía del desmarque de ruptura. Y Griezmann y Torres rozaron el premio a la merecida cosecha antes del epílogo. El punta galo, incapacitado para abrir camino entre líneas, tomó el cuero con espacios y resolvió la marca de su rival con un lanzamiento desde la frontal que detuvo Zoet. Acto y seguido sería El Niño el que ejecutaría un número de escapismo sin balón que le otorgó el mano a mano con su par. Obviado el defensor y desde dentro del área, conectó un remate de escaso ángulo que repelieron entre el destacado meta y la madera. Había intentado previamente el voluntarioso delantero patrio hacer caja por la misma vía, de la espalda ajena, con una vaselina fuera de puntería. Ni la sustitución de Locadia -desfondado- por Lestienne ortogaría atisbo de estiramiento al rocoso contrincante neerlandés. Le bastó al campeón tulipán con ganar el pitido final desde el laborioso repliegue sin hacer acopio de balón o peligro. Cerró la previa de la coherente prórroga el sistema capitalino con plena preponderancia en ambas fases del juego -relación de 20 a cinco en llegadas al área-, pero, como ante Sevilla, Villarreal o Bayer Leverkusen -en la pasada edición de la Liga de Campeones-, sin premio. Lucas sentó al lesionado Godín sobre la hora y el intercambio de protagonismo según se trate de primer o segundo acto, la falta de pegada y la consistente resistencia mutua condujeron al inevitable tiempo extra y la asunción de la épica como recorrido hacia los cuartos de final.



No viraría la ecuación el envite en los últimos 30 minutos reglamentarios. Se jugaría en campo visitante. Con la factura anatómica ganando enteros como actor secundario prosiguió el Atlético su despliegue protagónico y afianzó su encierro un PSV que guardaba siempre cinco obreros en el fondo de la cancha. La tratativa de vuelo en transición local quedó, por tanto, complicada. El once en liza valoraba el equilibrio y relativizaba la efervescente impronta de Vietto y Correa, y la alta de profundidad de los avances en transición alimentaba el relato. Por tanto, no debían soltar los pupilos del Cholo el bastón de mando, a la espera de morder al descuido del contemplativo rival. El testarazo de Lucas en un córner botado por Koke que se perdió fuera de palos -minuto 93- y el chut centrado de Griezmann en combinación con Saúl -minuto 103- confirmaban el modo de acometer la trama cuando el aire escaseaba. El lanzamiento de falta de Gabi, ejecutado desde la frontal y sin acierto, bajó el telón del primer acto de la prórroga, con un PSV próximo a la salida de eje en su consternado achique. Llevaba muchos minutos de concentración especulativa acumulados y el club español seguía forzando el rendimiento visitante a la excelencia defensiva.

 

Cocu, que todavía se guardaba el as en la manga del último cambio, desechó ordenar una subida de metros que testara la espalda colchonera y se abandonó a la prolongación defensiva y la pizarra. De este último cauce surgió el único acercamiento neerlandés en lustros: una falta centrada, botada en corto, confluyó en el remate a las nubes de Lestienne, tras la maraña de rebotes en la frontal colchonera. Una nueva dosis de inteligente anestesia, por la vía de las interrupciones, parecería haber segado el continuado pulso dominante local. Así, Brenet probó suerte sin atino desde larga distancia -minuto 109- y el PSV conseguía arrancar tiempo antes de volver a su esquina. El disparo lejano de Gabi que adoleció de dirección -minuto 113- firmó el regreso al monopolio del cuero español, pero el cansancio empezaba a restar enteros a la candidatura rojiblanca, para respiro visitante. No llegaba el empuje atlético a colocar suficientes piezas en territorio rival y la lentitud de su circulación desnudaba agujeros tras pérdida que los neerlandeses entendieron como una llamada de atención. El chut ajustado de Guardado desde la frontal, que lamió la madera de Oblak -minuto 117-, constituyó un recuerdo palpable del riesgo en el ejercicio del esfuerzo agónico. Terminó el técnico tulipán de ganar segundos a su propósito gastando su último cambio, que sentó a De Jong, muy cansado, para colocar el talento de Narsingh en la fila para lanzar penaltis. El destino del tercer representante patrio en la élite del balompié continental, de nuevo, se movería sobre el filo de los once metros.



El relato de un soberbio clinic en la ejecución de esta resbaladiza suerte empezó con Oblak tocando pero no sacando el chut de Van Ginkel. Griezmann tomó el relevo para engañar a Zoet con calidad. Guardado repetiría con éxito la intención del francés. Gabi ajustó al poste su lanzamiento para empatar y encoger al respetable, ya que el meta visitante adivinó el envío. Pröpper cambió de palo pero también superó a la intuición de Oblak para adelantar a los neerlandeses. Koke la puso en la escuadra, como sutura, para inutilizar la estirada del portero. Bruma conectó con la cepa del poste derecho, a continuación. Arribó en el cuarto turno el punto de inflexión: Saúl eligió el golpeo natural del zurdo y Zoet adivinó, pero su despeje se coló, manso, en la red. Héctor Moreno inauguraría una serie de anotaciones limpias de rebate batiendo por bajo el escorzo de Oblak. Torres arriesgó para golear por el centro en el fin de la empatada tanda de cinco lanzamientos. Lestienne engañó a Oblak con clase en la apertura de la prolongación. Giménez hizo lo propio con Zoet. Arias superó el hieratismo de Oblak. Filipe disparó a la piel de la madera su lanzamiento para superar el vuelo del arquero oponente. Y, llegados a este punto de profunda muerte súbita, con 15 penaltis en el sistema nervioso, Narsingh, el talentoso suplente, marró su chut al encontrar el larguero. Juanfran asumió la responsabilidad con seriedad y clasificó a los suyos para deshacer la garganta en el grito de alivio colectivo que encendió a un Vicente Calderón que asistió a la confrontación de dos equipos muy trabajados, que hicieron emblema de la solidaridad y pasearon dignidad en este volcánico final de andadura neerlandesa y catárquico pase a cuartos de un Atlético que sobrevivió al trance desprovisto de talento. La lesión de Godín cercenó el paso hacia el remate de la superioridad con pelota mostrada, pero Madrid volvió a meter a dos equipos entre los ocho mejores del continente. "Espero un gran partido, de dos equipos parecidos pero distintos, en este partido similar a las grandes ocasiones", diagnosticó Simeone, con precisión, el lunes. Se va con la cabeza alta Cocu pero el bombo incluye, después de 210 minutos de vacío anotador y pedigree competitivo, a los rojibancos.



Ficha técnica:
Atlético de Madrid:
Oblak; Juanfran, Giménez, Godín (Lucas, m. 88), Filipe; Koke, Gabi, Augusto (Fernando Torres, m. 55), Saúl; Carrasco (Kranevitter, m. 74) y Griezmann.
PSV Eindhoven:
Zoet; Bruma, Héctor Moreno, Isimat-Mirin; Arias, Propper, Guardado, Willems (Brenet, m. 74); Van Ginkel, Locadia (Lestienne, m. 86); y Luuk de Jong (Narsingh, m. 117).
Penaltis: 0-1: Van Ginkel, gol. 1-1: Griezmann, gol. 1-2: Guardado, gol. 2-2: Gabi, gol. 2-3: Propper, gol. 3-3: Koke, gol. 3-4: Bruma, gol. 4-4: Saúl, gol. 4-5: Héctor Moreno, gol. 5-5: Fernando Torres, gol. 5-6: Lestienne, gol. 6-6: Giménez, gol. 6-6: Giménez, gol. 6-7: Arias, gol. 7-7: Filipe Luis, gol. 7-7: Narsingh, al larguero. 8-7: Juanfran, gol.
Árbitro:
Mark Clattenburg (Inglaterra). Amonestó a los visitantes Locadia (m. 30), De Jong (m. 66), Guardado (m. 120) y Van Ginkel (m. 120).
Incidencias:
partido de vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Vicente Calderón ante 54.000 espectadores. El Rey emérito Juan Carlos I presenció el partido desde el palco, según informó el Atlético de Madrid.

 

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