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EL REAL MADRID SE IMPUSO AL CITY EN UN TENSO PARTIDO (1-0)

Otra final española

miércoles 04 de mayo de 2016, 22:38h
El Real Madrid superó el trance ante el Manchester City por la mínima -gol de Bale en el minuto 20-. Dominó el encuadre general, con oficio y sin brillo, ante un plomizo equipo de Pellegrini, que notó la baja de Silva y no rindió a nivel absoluto en ninguna faceta del juego. La posesión controladora española le entregó un timón que soltó en el tramo final, abriendo el desenlace a la incertidumbre. Con un pragmatismo endeble y más dudas que certezas terminó por acreditar su billete para una nueva final de Champions nacional.



Ganar un partido de fútbol. De eso se trataba. No mediaban condicionantes previos (0-0 en la ida) ni hubo de desempolvarse el protocolo épico que lleva por nombre Espíritu de Juanito. El burbujeante mar de bengalas, botes de humo y banderas sobre el que navegó el autobús del Real Madrid en las postrimerías del envite, y en las calles aledañas al coliseo, revestía el duelo del tradicional magnetismo acorde a la altura de la cita. Pero, aunque este peldaño irresoluto permitiera visualizar otro derbi en la cima del balompié continental y, por extensión, la consecución de la Undécima, el vestuario que ha atravesado este turbulento curso por nubarrones, cambio de mando en el banquillo, la convivencia con la sospecha perpetua y la catarsis final, a la plantilla capitalina le bastaba una mera victoria, este miércoles, para legitimar una temporada bipolar. Se atravesaba el mejor punto de cocción del proyecto qatarí que ha imaginado a este Manchester City, compacto, potente en lo anatómico y competitivo también extramuros de las islas británicas. La relación estadística que contextualizaba la batalla (la entidad de Concha Espina no ha cedido un gol en el Bernabéu en esta edición de la Liga de Campeones, desde abril de 2011 ha anotado siempre un tanto, pasó de ronda siete de las ocho veces en las que la tesitura enviaba la vuelta a Madrid tras un empate sin goles, y Agüero, principal pieza a vigilar, nunca ganó a los merengues habiendo disputado 13 encuentros en la trinchera de enfrente) redundaba en el rendimiento madridista como parámetro fundamental. El favoritismo era, por tanto, suyo, bajo esa lectura ofensiva del juego tan identitaria en Chamartín. Para superar el estatus de campeón en semifinales inocuas acumuladas. Para establecer un nuevo estándar en el concepto renacimiento aplicado al deporte.

Zinedine Zidane, que se vio obligado a reconstruir su idea y preparación de situaciones ante las nucleares bajas de Karim Benzema y Casemiro, ahondó en la asunción de anotar más goles que el oponente. Eligió el técnico galo, que enfrentaba el reto más ilustre de su escueto currículum como preparador, a Isco y Jesé para suturar los desequilibrios. Kroos retrasaría su escaño al de mediocentro, con Modric y el malagueño obligados a doblegarse sin pelota y a engrasar las circulaciones, disimulando el infortunio del 9 galo y el agujero sistémico que cubría el obrero carioca. Esta parcela medular, que tantas veces ha sangrado la candidatura liguera madrileña por desatención táctica de sus ocupantes, se desnudaba como la primordial. La intensidad y el cuidado en la vigilancia tras pérdida y cierre de los pasillos exteriores y centrales cobraban tanta relevancia como la pericia en la distribución del cuero. Si no se cumplía lo relativo a la fase defensiva, el colectivo corría el riesgo de partirse y quedar expuesto ante la venenosa transición inglesa. Ronaldo, con molestias y a un tanto de su récord goleador en Champions (17 goles), Bale y el delantero canario ocuparían la línea ofensiva, en una apuesta determinada por el desequilibrio. Lucas Vázquez, mejor preparado para cohesionar las líneas en repliegue, no entró en el once. Zizou había asumido el vivir o morir con los talentosos. Entregarse a la puntería buscando el comprometido respaldo de los artistas. Ramos, Pepe y Navas sostendrían a la estructura –que los 90 minutos tildarían de valiente o imprudente-, con Marcelo y Carvajal ejerciendo de carrileros de doble viaje. Para que la hoja de ruta condujera a San Siro, las coberturas y tensión en el achique de todos los peones adquiría una vigencia tan señalada como la eficacia de cara a la meta rival. El riesgo conllevaba el optimista intento por dominar el balón y, además, el acecho de los fantasmas latentes a la espalda. James, Vázquez y Kovacic personalizaban el plan b.

Manuel Pellegrini, que también padeció el inconveniente de la lesión sufrida por su cerebro paradigmático, David Silva, interpretó la confección de la alineación como la explicitación coherente del guión anunciado en la previa. “Vamos a intentar tener el balón desde el principio, presionar y recuperarlo rápido”, anunció el técnico chileno. Y, en efecto, la nómina dispuesta sobre el verde redundaba en la pretensión. Toure Yaya ocuparía el lugar del mediapunta canario, con Jesús Navas y Kevin de Bruyne -exponente diferencial y adalid ofensivo- en los extremos y Sergio, El Kun, Agüero como punta de lanza. La inclusión del marfileño entre tanta clase y desenfreno servía a los citizen para añadir vehemencia anatómica a la intención de ahogo de la salida de pelota local, en un intento por conducir el enfrentamiento al terreno físico, limitando la trascendencia de la calidad técnica. La exuberante dupla conformada por Fernandinho y Fernando ejercería como ancla del centro del campo, empeñados en el baile con el mermado juego interlineal merengue. Clichy y Sagna, veloces y capacitados para aguantar en defensa y sumar en ataque, eran los laterales de una zaga solidificada por la consistencia de Otamendi y Kompany. Hart, decisivo en el primer capítulo, volvía a tener ante sí un test reluciente en su camino por escalar consideración en el escalafón histórico de porteros británicos. Desafiaba El Ingeniero a su ex equipo más prestigioso siendo fiel a sus presupuestos, de verticalidad u horizontalidad según el pelaje contrincante, en una argucia que también tapaba la irregularidad arrastrada por la retaguardia visitante durante el presente ejercicio. El hito histórico anhelado por la tribuna de Manchester oponía equilibrio a una de las mejores ofensivas del Viejo Continente. Delph, Sterling, Bony e Iheanacho aguardarían turno desde el banquillo.


Con este intercambio de identidades camaleónicas, líquidas, tendentes a controlar o a volar, fruto de la riqueza del capital humano en liza, arrancó la vuelta de la segunda semifinal del campeonato continental más elitista. Lo hizo evidenciando el carácter cerrado del combate. Ambos equipos desplegaron ejercicios de presión muy elevada, que reducían los espacios en el ecuador del territorio, obligando a los creadores de fútbol a alternar forzadas combinaciones horizontales con balones en profundidad que nutrían la confianza de los espigados zagueros. Lucía el City una defensa muy adelantaba, que adoptaba el notable riesgo de entregar espacio a elementos volátiles como Ronaldo, Bale y Jesé. El Madrid, por su parte, trataba de contrarrestar la verticalidad inglesa desde el temple del toque coral, aunque resultara anacrónico en el primer pestañeo. En defensa, el sistema español adquiría un 4-5-1, con el punta luso como único peón con permiso para la desconexión y el galés y el canario apoyando a Marcelo y Carvajal. Isco, Modric y Kroos conseguían añadir su intensidad para colapsar el centro y gestar una seguridad que lanzaría la evolución posterior de su once.

Quemado el primer cuarto de hora, la pelota tendía a pintarse de blanco, un escenario que se confirmaría como global antes del intermedio. No tardaba demasiado en recuperar el cuero el esquema de Zidane, pues los centrales permanecían muy activos para negar la contra a los británicos, y la manutención del mismo se abonaba sobre la movilidad de Isco y Modric, que acometían el rol de interiores, esbozando el cuadro que conduciría a la apertura del marcador: toda vez que la salida de pelota local superara a la descoordinada primera línea visitante -Agüero, Navas, de Bruyne y Toure- la superioridad numérica en la medular se hacía efectiva. Marcelo y Carvajal sumaban voluntades a una asociación controladora que empezó a recluir a los citizen. Además, el trivote diseñado por Pellegrini atravesaba serias dificultades para batir líneas, convirtiendo la exigencia posicional merengue en un quebradero de cabeza para el planteamiento del chileno. Sin posesiones largas, el Manchester se iba encerrando y adoptando el papel contemplativo de cierre y salida. Su presión agresiva y mordiente tras recuperación elevada se habían esfumado. Y el juego entre líneas capitalino brillaba, al fin, sin la promoción de Benzema.

Sobrevino el primer punto de inflexión de manera inesperada. Vincent Kompany, capitán y valladar en el centro de la zaga, se resintió, en el octavo minuto, de las molestias musculares que le han limitado los minutos en los eventos precedentes. Mangala, sustituto de urgencia, entró en el campo para taponar el imprevisto que restaría capacidad de reacción al entrenador latinoamericano si la eliminatoria se conducía a un partido largo. De la mano de este imponderable arribó el primer acercamiento, por el conducto de la equidistancia de intensidad que se antojaría prototípica. Isco, que no dejaría de crecer con pelota, sacrificó su sudor para arrebatar la recepción de un pase en contragolpe a Agüero. El malagueño volvió a recibir y gestó una combinación rápida que concluyó en centro de Carvajal y cabezazo desviado de Ronaldo -minuto 12-. La llegada inaugural de la producción ofensiva conjunta significó, cuando ya se jugaba en cancha visitante de manera prolongada, con asomos continuados a la frontal inglesa, el aperitivo del primer gol del cruce.

El modelo de asociación adelantada arrinconaba, entonces, a un City que pagaba la decrépita atención táctica. La circunstancia de desconexión de Navas y De Bruyne para con sus atribuciones defensivas horadaba la estabilidad de un equipo entregado a la cesión de metros. Así, Carvajal inició la acción tras disponer de la pelota, en soledad y en tres cuartos de cancha. Aprovechó el lateral de Leganés el desbalance oponente para amagar el centro largo y lanzar una cesión vertical, en corto, hacia el desmarque interior de Bale. El galés se coló en el área al galope y dibujó un pase cruzado que desvío Fernando para disparar la trayectoria del envío hacia la escuadra del palo largo. Hart, hierático, sólo pudo acompañar la inercia del cuero, que se topó con la madera y se encontró con la red y el grito de la grada. Se adelantaba el Madrid en el minuto 20, recogiendo la cosecha que le otorgó la personalidad que impuso un pentagrama de juego favorable y que relativizó los anhelos protagónicos de Pellegrini. Su equipo, que había propuesto y plegado velas, se manejaba en la indecisión: no llegaba a presionar con ardor y efectividad y tampoco cerraba filas con solidez. Ese desempeño sin tocar techo en ninguna fase del balompié le penalizó a las primeras de cambio.

El primer gol del envite activó a los ingleses, que respondieron a través de un enérgico respingo que le cambió el rictus y provocó un ascenso de revoluciones intermitente. La reacción tocó tierra con el cabezazo desviado de Fernando al saque de esquina -minuto 21- y la aparición del primer desborde claro, frenético, de Navas. Marcelo yacía fuera de sitio y el andaluz, que apuró su solitario avance hasta la línea de fondo, sacó un centro raso, tenso, que Keylor atajó con astucia y seriedad -minuto 24-. Intercaló el Madrid, en este intervalo caótico, una combinación acelerada entre Marcelo, Isco y Ronaldo, entretejiendo un nudo en la banda izquierda, que finalizó con un chut a las nubes del luso -minuto 23-. Y, cuando parecería implantarse un cambio de escena por mor de la mayor ambición visitante, las posesiones merengues retomaron el pulso controlador precedente, para que el tempo, congelado, volviera a respirar bajo la querencia madrileña. Así, recuperado el cauce, Isco volvió al gobierno del centro del campo, con gambetas y cambios de ritmo que escapaban del radar del doble pivote destructor brasileño. Modric añadía finura y lógica al continuo monopolio del balón y los desajustes contrincantes proseguían, otorgando a los locales la superioridad por banda perenne.


Amanecieron antes de la recta final del primer tiempo los inteligentes movimientos de desmarque y al espacio de Jesé, al estilo de los trazados por Benzema, que abrían espacios y encontraban rutas exteriores de desborde. En una de ellas, que dejó el uno contra uno con Mangala, reclamó penalti el canario por mano del francés. Acto y seguido, Ramos remataba a la red un trompicado lanzamiento de falta lateral ejecutado por Kroos, pero el colegiado decretó, con justicia, la anulación del tanto por fuera de juego -minuto 35-. Sólo ascendía el ritmo asociativo inglés a ráfagas y cuando recuperaban el cuero ya no apuntaban vertical, sino que tocaban con pausa, para debatir en la conversación y ganar algo de resuello. Ramos y Pepe lucían soberbios en su baile con Agüero, hecho que rompía el intento de enmienda del City eliminando a su faro de desahogo. En consecuencia, no terminaba de escapar el equipo dirigido por Pellegrini, aferrado a un orden expectativo desprovisto de alimento para inquietar a Navas. La cota de control madridista se tornó absoluta ante el repliegue flácido visitante. Se acumulaban las conducciones plácidas de Modric. Una de ellas culminó en un cambio de juego para el movimiento de Marcelo, que ganó a Jesús Navas y centró. El envío no encontró el testarazo de Ronaldo -minuto 38-, pero se subrayaba la ruptura de líneas británica.

Se disparó el duelo hacia el descanso con cinco minutos de convulsión. De repente ganó peso y posesión el City, gravitando sobre Toure, y se abrieron las suturas mutuas para un cierre desenfrenado. El cañonazo desde larga distancia de Bale que atajó Hart -minuto 42- dio paso a la mejor –y única- opción de remate gestada por el indolente avance visitante. Tomó forma por una combinación fluida que batió las líneas merengues. Lanzó Yaya y prolongó De Bruyne hacia el pico del área, donde llegaba Fernandinho. El mediocentro, descolgado, recortó con su control y chutó al primer poste sin hacer diana por poco -minuto 43-. Se estiró el club del norte de Inglaterra sobre la hora para tratar de establecer la mutación de la lógica anterior. De este modo, se condujeron a vestuarios los jugadores con la sensación de dominio local cruzada con la reacción incipiente citizen. Los guarismos explicaban que el 57% de la posesión fue madrileña, con un aprovechamiento nublado. Sólo se registró un tiro a puerta durante los primeros 45 minutos, capitalino, y el compilado de golpeos totales mostró un cuatro a dos, con victoria española. La propuesta de Zidane alzaba la victoria parcial, habiendo casi duplicado el número de pases conectados (232 por 145), y la receta de vigilancia tras pérdida completó el panorama. Los ingleses, necesitados de una aceleración general, se defendieron pujando entre interrupciones (cometieron cinco faltas ante la única realizada por el Madrid) e imprecisiones. Pese a la dirección del viento, nada estaba cerrado. Todo quedaba a un gol de distancia.

No se registraron sustituciones en el arranque del segundo tiempo, pero si se experimentó la ansiada transformación por las huestes de Pellegrini. El técnico chileno ordenó relanzar la presión y colocó a Fernandinho como avanzadilla. Así, el salto de página arrebató la pelota al Madrid, que adoptó el sistema de agazape y transición ante la ganancia de metros visitante. Como resultado se desató un paréntesis volcánico que patrocinó el impío intercambio de mordiscos. Se desamarraba del tacticismo el partido y Bale abrió fuego. El galés atisbó, en situación de tres para dos, el desmarque de Ronaldo. El envío cayó en los cordones del portugués, que no acertó a engatillar hacia el segundo poste. Jesús Navas tomó el relevo al desbordar la ayuda de Isco y colarse frente a Marcelo. El sevillano filtró un pase al movimiento inteligente de De Bruyne, pero el belga falló en el remate definitivo. Avanzaba el desconcierto estratégico al que había conducido el City la batalla con Modric como peón aventajado en terreno resbaladizo. El croata, sensacional en la gestión vertical de la pelota, trazó un pase puntiagudo al enésimo movimiento de ruptura de Jesé, que ganó la espalda a Otamendi. El canario no encontró palos en el lanzamiento consiguiente. A continuación, Bale pintó un pase aéreo de seda desde la derecha, que inutilizó a cuatro zagueros. La entrada sorpresiva del Cruyff balcánico en el área le granjeó un mano a mano que Hart resolvió con acierto, salvando a los suyos -minuto 51-.

La maniobra que interpretó Pellegrini como viraje necesario se volvió contraproducente, ya que los espacios catapultaban el ratio de remates local. Así, volvió a retrasar líneas y templar la combinación el equipo inglés, que todavía buscaba su acomodo en la trama, sin la pulsión energética que se le presuponía. En el entretanto se zafó en ataque Carvajal, en combinación por su perfil y amortizando los desajustes tácticos oponentes. El centro parabólico del lateral, que conectó con el salto portentoso de Ronaldo, terminó en un testarazo rotundo que Hart interceptó, bien colocado -minuto 54-. Quiso entonces, Zidane, ampliar el equilibrio de su estructura así que sacó del césped a Jesé -cumplidor en ambas fases del juego- y dio entrada a Lucas Vázquez. Leyó el entrenador francés la urgencia por insuflar pulmones y compromiso al esfuerzo de ayuda y escapismo en transición cumplido por el canario. Tres minutos más tarde, un pase frontal abrasivo de Lucas detectó y conectó con Ronaldo, que ganó el cuerpeo a Mangala para chutar al primer toque. Hart atajó seguro. La realidad se había revirado para el City, por lo que El Ingeniero decidió mover sus piezas en un cambio ofensivo: Toure, agotado, dio paso a Sterling -minuto 61-. La precoz flecha, llamada a liderar a los ingleses en la próxima Eurocopa, entró para refrescar la sensación de amenaza diluida por la jerarquía con la pelota, y sin ella, local.


Un error de Mangala, que resbaló y entregó el cuero a Ronaldo, proporcionó una concatenación de ocasiones que rozaron la sentencia en el 63 de juego. Disparó el luso y desvió a córner la zaga. En el saque de esquina posterior, botado por Kroos, Bale emergió para conectar un cabezazo imponente que se estrelló en el larguero. Volvía a avisar un Madrid tranquilo y confiado en su manejo del timón del partido. Así, Pellegrini quemó su tercer cambio sentando a Navas –irrelevante en ataque por el acierto colectivo local- e incluyendo en la fórmula a Iheanacho, el prometedor delantero que ocuparía el centro del área con rol referencial. Agüero retrasaba su posición, como hace Messi, para participar de la elaboración y tratar de ganar la partida en la medular. El argentino, inédito como punta, empezaría a subir en trascendencia como elemento conector entre líneas y lanzador de contras, autografiando una metamorfosis en la profundidad visitante. Zizou, por su parte, cambió a Isco –que firmó uno de sus mejores actuaciones, completo y lúcido con balón- por James. El colombiano habría de asumir la complicada responsabilidad del malagueño. No lo conseguiría.

El epílogo de la semifinal se precipitó hacia un final desprovisto de patrón. Cedió el Madrid el control y se transformó la acción en un entorno de ida y vuelta que complicaba la gestión de la exigua ventaja merengue. Quemado el minuto 75, el cierre de partido por posesión se alejó de manera definitiva del equipo español, por lo que el físico inglés asomaba como elemento decisivo. Los contraataques británicos, que hasta entonces no superaban la fase inicial de gestación, tendieron a ser más profundos, de la mano de Sterling y Agüero. En un intervalo sin mando ni llegadas al área, por la amalgama de imprecisiones en los últimos metros, la reducción de remates extendería su dictado hasta el pitido final. Sin asociaciones, se afanaba la cansada estructura de Zidane a un esfuerzo de agonía defensiva y el Manchester atisbaba la orilla. No obstante, alcanzó a probar suerte en dos ocasiones antes de la bajada de telón. La primera, con el extremo afro-británico como conductor, encontró a Carvajal -sublime en la faceta de marcador- y Lucas Vázquez cerrando a un acorralado delantero en la línea de fondo. Sin embargo, un error del gallego, que asestó una patada severa, se tornó en una falta innecesaria que entregaba a los citizen el episodio buscado: el balón parado. Sin ángulo buscó De Bruyne -oscuro- el lanzamiento cerrado sorpresivo, pero su intento se topó con el lateral de la red -minuto 84-.

Trató de ajustar Zizou a su doliente sistema con la entrada de Kovacic por Modric –el mejor del combate-, con el fin de edificar una seguridad en el encierro de complicado cumplimiento. Y conseguiría aplacar la templada deflagración inglesa postrera. Pero lo hizo después del segundo intento visitante, el de mayor calado, del tramo final. Un cambio de banda en transición ejecutado por De Bruyne para Sterling, que aguantó el cuero y fijó a tres zagueros en retorno, arrancó la acción. El extremo descargó para la llegada de segunda línea de Agüero, que, con el Madrid roto y desde media distancia, descerrajó un cañonazo que lamió el larguero para el susto de la tribuna -minuto 88-. No cupo más peligro en el descuento, que constituyó un trámite delicioso hacia la facturación de la segunda final de Champions en tres años para la entidad madridista. Zanjó la clasificación el diez veces campeón de Europa con la sensación de haber sobrevivido a un desempeño mermado propio y una performance timorata ajena, como impotente para brillar y descollar en cada lance. Le faltó intensidad al representante de la Premier, que pudo pagar la apuesta por la experiencia de un Toure descontextualizado y se vio contaminado, en demasía, por la ausencia de Silva. Tampoco sacó lustre a la convicción merengue el triunfo de este miércoles, ya que, a pesar de dominar la escena (54% de posesión, 15 llegadas al área por cuatro oponentes y cinco remates entre palos por ninguno rival), la creatividad se escondió y no se vio exigido en retaguardia. Pero se trataba de competir y ganar el partido tras un año salpicado de sombras. Sea como fuere, habrá final española. El rutilante mando nacional del fútbol mundial prosigue sin matiz alguno.



Ficha técnica:
Real Madrid:
Keylor Navas; Carvajal, Pepe, Sergio Ramos, Marcelo; Kroos, Modric, Isco (James, m.68); Bale, Cristiano Ronaldo y Jesé (Lucas Vázquez, m.56).
Manchester City: Hart; Sagna, Kompany (Mangala, m.10), Otamendi, Clichy; Fernando, Fernandinho; Jesús Navas (Iheanacho, m.69), Touré (Sterling, m.61), De Bruyne; y Agüero.
Gol: 1-0, m.21: Bale.
Árbitro: Damir Skomina (ESL). Amonestó a Lucas Vázquez (83) por el Real Madrid; y a De Bruyne (30), Fernando (71) y Otamendi (90) por el City.
Incidencias: partido de vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 79.500 espectadores. Presenció el encuentro en el palco de honor el rey Felipe VI y la princesa Sofía. También asistieron los tenistas Rafa Nadal y Novak Djokovic.
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