Saúl adelantó a un equipo que resistió el vendaval inglés. Por Diego García
Sobrevivir al KingPower Stadium no es una empresa sencilla, ni mucho menos. El ambiente eléctrico que retroalimenta a la grada y al césped es capaz de desbordar a cualquier guerrero. Tanto, que su mística energética prometía relativizar el 1-0 del Calderón. Y, sobre todo, ahora que el vigente campeón de la Premier ha recuperado su convicción hiperbólica tras despedir a Ranieri. Pero este Atlético de Madrid ya tomó el Stamford Bridge de Mourinho, el Camp Nou y el Allianz Arena de Guardiola durante el proyecto dorado del último lustro. Y este martes no iba a dejarse contaminar por la anarquía local pretendida así como así.
No obstante, Diego Pablo Simeone efectuó una modificación nuclear: quitó a Fernando Torres y reforzó el centro del campo colocando a José María Giménez como pareja de Gabi. El central charrúa, reconvertido en mediocentro destructor, se encargaría de edificar el equilibrio necesario para sujetar el frenesí inglés y combatir su juego aéreo. Además, soltaría a Saúl y Koke, que se complementarían con Griezmann y Carrasco en un inicio de partido jerárquico. Y es que el Cholo decretó un ejercicio de presión y control de la pelota que apagó el incendio de arranque ideado por Shakespeare. El cuero fue rojiblanco de forma nítida hasta el minuto 20, con los Foxes atrincherados en dos líneas de 4. La calidad de la medular colchonera, con una movilidad escalonada de sus piezas que se sumaba a la incorporación continua de Filipe y Juanfran, pautaba un ritmo pausado que contravenía la hoja de ruta de los aspirantes.
En ese escenario, el bloque británico anhelaba hacer descarrillar al Atlético como ya hicieran ante el Sevilla en octavos de final (en un sensacional reto de exigencia anatómica) pero no alcanzaba a romper el control visitante. Un monopolio posicional y del cuero que redujo la producción ofensiva al zurdazo de Saúl efectuado desde la frontal -minuto 13-. La posición de Ñíguez, que refrescó su aptitud llegadora como variante determinante en la eliminatoria, engrasaba un rendimiento compacto y valiente, que prolongaba el planteamiento que les entregó al iniciativa, como en la ribera del Manzanares.

Vardy y Mahrez padecían una descontextualización, pues las salidas rudas, directas, al pelotazo hacia los puntas eran ganadas por el trío Giménez, Godín y Savic. El nudo de los españoles triunfó de partida y se empezaría a matizar al borde de la media hora, cuando los locales alzaron su intensidad y perdieron parte del respeto que les había atenazado. Comenzaron sus torpes asociaciones en estático -Simeone les negaba los espacios para correr que les convierten en una ofensiva venenosa- para estirar el debate de la posesión, aunque Oblak no sería inquietado. La primera llegada azul se registraría en una acción aislada lanzada hacia el desmarque del escurridizo Vardy, que filtró un pase hacia la llegada y remate a las nubes de Okazaki -minuto 21-.
Esa maniobra de adelanto de líneas obligó a los visitantes a ceder metros y buscar la transición. En la nueva distribución de los espacios, con DrinkWater y Ndidi manejando el cuero en campo rojiblanco, el Leicester trató de dañar a los madrileños con la superioridad de sus bandas (sobre todo con la pareja zurda Fuchs-Albrighton) y su juego entre líneas central. Sin embargo, el cierre coral colchonero respondió y constriñó la circulación local a una horizontalidad inocua. De hecho, sólo un saque de banda partabólico del lateral izquierdo y un puñado de saques de esquina rondaron la portería del esloveno. La argucia de Giménez estaba funcionando.
Y, ante la subida de ambición y de riesgo británicos, Griezmann y Carrasco amenazaron con amortizar las hectáreas para explotar ante centrales toscos y lentos -Morgan regresó al once tras varias semanas lesionado y Huth, la otra pieza, fue sancionado- en un par de contras que no llegaron a fluir por la buena activación del repliegue de los zorros. Pero la clase se terminaría imponiendo como factor determinante, como en la ida: en el 27, el Atlético salió de la cueva tejiendo una combinación lúcida, rasante, que fijó a Filipe en posición de centro. El brasileño atisbó la posición solitaria de Saúl en el segundo poste y dibujó un envío quirúrgico que el canterano tradujo en la sentencia del billete a semifinales. Cabezazo de bella factura estética, cruzado y desde el pico del área pequeña, que se coló por la cepa del poste de un Schmeichel abatido.
El mordisco colchonero silenció a un estadio que ya había sido anestesiado en la subida del telón. No reaccionaría con vehemencia el sistema de Shakespeare, que volvería a perder la pelota e intercalaría presiones elevadas con repliegues forzados, pero la pulsión competitiva se esfumó hasta el descanso. Languidecerían los últimos minutos hasta el intermedio en un centrocampismo que favorecía a los visitantes, cada vez más cómodos sobre la hierba. En el 34 se desataría un intercambio de golpes que finalizaría el bagaje ofensivo de los primeros 45 minutos. El portero danés atrapó un chut de Saúl, protagonista, y Mahrez respondió con una volea, tras una acción de pizarra, que Oblak supo conjugar. El camino a vestuarios recalcó la superioridad anímica rojiblanca (1-2 en tiros a puerta, posesión empatada y cinco a cuatro en llegadas al área).
El sustituto de Raineri buscó, y consiguió, establecer una convulsión en el devenir. Efectuó un doble cambio (entraron Ulloa y Chilwell por Okazaki y Benalouane) y también modificó el sistema, centrando a Mahrez como mediapunta único, detrás de dos delanteros (uno fijo y el otro móvil) y confeccionando una línea de tres zagueros que sostenía la superpoblación de la parcela central del terreno. En consecuencia, los ingeleses encerraron a los colchoneros y la lluvia de centros se materializó con el ardor esperado. Albrighton, Chilwell (con un lanzamiento que rozó el travesaño) y Drinwakter probaron suerte en el respingo que forzó, al fin, a los españoles. Y, en plena exhibición de capacidad de sufrimiento, una transición ideada por Griezmann que Carrasco no remató por poco aconteció y sobrevino la lesión de Juanfran. El lateral sería sustituido por Lucas, con lo que Savic se desplazaría al perfil diestro.

La influencia de Mahrez se había disparado, con el Atlético renegando del cuero y confiado en su achique. Y la continua perforación por la banda del argelino, en superioridades cada vez mas asiduas que habían propulsado a Albrighton y afligían a Filipe, conectaría con la jugada que alimentaría la fe local. Un centro desde ese carril encontró a Chillwell, sin marca, en el segundo poste. El suplente chutó cruzado y Vardy embocó el rechace, entre una jungla de piernas, para el empate. Corría el minuto 61 y no aflojaría la épica orgullosa que implementó el Leicester. La pugna por la clasificación se comprimía y las sensaciones se alineaban más con el guión inglés. Lucas sacaría bajo palos un remate de Ulloa y el propio Vardy se topó con Savic cuando ya cantaba el segundo.
Simeone necesitaba recobrar algo de amenaza para frenar el vendaval. El asedio ya había agrietado a la mejor defensa del Viejo Continente y el tempo del partido volaba. Pero no buscó acumular obreros en la medular para competir por la pelota, sino que sacó a un Carrasco vacío e introdujo a Fernando Torres a falta de 20 minutos para la conclusión. En el entretanto, la fiscalización de la cohesión rojiblanca tocaba ratios absolutos, con ráfagas laterales que no dejaban de caer hacia el centro del área de Oblak. Este era el momento de partido. Un taconazo de Vardy corroboraba la inercia, pero el cansancio asomaba y el Atlético inició el enfriado del ambiente gracias a su gestión del esférico. La lesión de Filipe, que dio entrada a Correa, no sería más que una anécdota dentro de un desenlace que autografió la sabiduría colectiva del púgil capitalino.
Una falta lanzada desde la frontal por Mahrez que rozó la madera y un remate trompicado de Ulloa, antes del 80, clausuraron el digno empuje local. La recaída de Morgan, que le sacó del campo -entró Amartey-, ahondó en el descalabro del ritmo que favorecía a los españoles, si bien no alcanzaban a monopolizar la pelota y la sensación de peligro en cada pelotazo del Leicester se mantendría hasta el final. Correa exigiría a Schmeichel en una contra postrera, recalcando que se trataba del último extertor de un campeón inglés que resplandeció y defendió el pedigree. El Atlético, primer semifinalista de esta Liga de Campeones, firmó el final de la romántica aventura de los zorros y facturó su tercer acceso a ese ilustre peldaño en los últimos cuatro cursos. La mentalidad, la calidad y los automatismos preponderaron sobre cualquier otro ingrediente en este vibrante cruce. El gol centenario atlético en esta competición sirvió para lanzar la candidatura de los colchoneros.
Ficha técnica:.
1 - Leicester City: Schmeichel; Simpson, Morgan, Benalouane (Chilwell, m.46), Fuchs; Drinkwater, Ndidi, Mahrez, Albrighton; Okazaki (Ulloa, m.46) y Vardy.
1 - Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran (Lucas Hernández, m.55), Godín, Savic, Filipe Luis (Correa, m.74); Giménez, Gabi, Koke, Saúl; Carrasco (Torres, m.69) y Griezmann.
Goles: 0-1, m.26: Saúl. 1-1, m.61: Vardy.
Árbitro: Gianluca Rocchi (ITA). Sin amonestaciones.
Incidencias: partido de vuelta de cuartos de final de la Liga de Campeones, disputado en el King Power Stadium (Leicester), ante 32.000 espectadores, aproximadamente.