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OCTAVOS DE FINAL

Japón destroza el favoritismo pero Bélgica llega a cuartos | 3-2

Japón destroza el favoritismo pero Bélgica llega a cuartos | 3-2
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lunes 02 de julio de 2018, 21:54h
Los nipones impusieron su escurridizo plan de juego pero la reacción, plena de personalidad, de los de Roberto Martínez les llevó a sobrevivir. Por Diego García

Llegó este lunes el turno de Bélgica. La hora de la verdad para una de las generaciones más talentosas que ha dado su balompié nunca. Porque con Argentina, Alemania, Portugal y España eliminadas, y tras haber ejecutado una primera fase impoluta (nueve puntos de nueve, dos goleadas y triunfo sobre Inglaterra), parecería que el horizonte se aclara para los seleccionados por Roberto Martínez. Su rendimiento con y sin pelota hasta la fase eliminatoria había resultado de los más elitistas de la cita mundialista, pero les tocaba referendar ante Japón el crecimiento en su mentalidad. Demostrar que ya no tiemblan en el todo o nada.

Saldrían al verde reproduciendo el habitual esquema de tres zagueros (Komapany, Alderweireld y Vertonghen) y la nómina titular por excelencia, con Carrasco y Meunier en los carriles, De Bruyne en la dirección y Mertens, Hazard y Lukaku en el desequilibrio. Sólo Witsel ejercería como ancla ante un bloque nipón que no variaría su identidad. Los de Akira Nishino desplegaron su 4-2-3-1 característico, con la calidad de Inui, Kagawa y Gaku por bandera, dentro de una filosofía de solidaridad de esfuerzos y sabiduría en el manejo del cuero. Anhelaban los japoneses, al menos, reivindicar la competitividad desde el cierre que les certificó el billete a octavos.

Y la presión asiática avisó a los europeos en el primer minuto: Carrasco cometió una imprecisión que Kagawa amortizó para chutar desviado. No iban a conceder la pelota, la iniciativa y los metros con sencillez. Su rigor táctico les permitió subir líneas desde el pitido inicial, en un planteamiento valiente, que ofrecía espacios para las transiciones de las flechas belgas. Las emboscadas destinadas a tapar los pasillos entre líneas, con Hasebe como jefe de operaciones, congelaría el ardor del favorito en el prólogo. De hecho, visto lo visto (la pelea azul desafiaba cada cuerpeo, cada segunda jugada), optaron por implementar el modelo de repliegue y salida, con Hazard y De Bruyne como faros.

Con los laterales Nagatomo y Sakai subiendo y trazando diagonales, Japón redondeó el hurto del timón. El perfil de Inui no tardó en desnudarse como el auce de avance primordial, en esa amalgama de desmarques de ruptura que constriñeron a los tres zagueros centroeuropeos a multiplicarse en las coberturas. La comodidad nipona había alcanzado tal grado que Shoji probó suerte desde 35 metros -balonazo al cielo-. Hasta el minuto 15 la producción ofensiva de los 'Red devils' no pasó de los pelotazos que Lukaku acertaba a bajar. Eso sí, Courtois no fue inquietado a pesar de la perenne presión oponente.

Un relámpago delicado de Hazard que confluyó en el zurdazo de Witsel, desviado a córner, recalcaría que el libreto de Martínez también localiza placidez jugando a la contra. Por el camino, una parábola lateral emitida por Meunier fue peleada y caza por Lukaku para otro saque de esquina -rematado sin consecuencias por Kompany-. Se había estirado Bélgica desde su variante vertical. Los asiáticos mantuvieron su pretensión de anestesiar el compás desde la posesión, pero comenzaron a preocuparse más a menudo de la amenaza del contragolpe ajeno. Y cederían, poco a poco, la redonda y el terreno. Así, en el 21 los roles habían cambiado: combinación sostenida belga y achique nipón.

La subida de líneas del sistema de Nishino se tornó racheada, dando aire al crecimiento del paso contrincante. La maniobra jerárquica de los azules no gozó de profundidad y en torno a la media hora debían aferrarse ya a su esfuerzo coral de defensa. En esa modificación de la dirección del viento Meunier y Carrasco se uniformaron como extremos, mientras que Lukaku no remató a la red por poco un centro de Mertens -minuto 26-. Los japoneses no eran capaces de salir de la cueva con tres pases seguidos. Hazard probaría guantes de Kawashima en el 28, de astuto lanzamiento desde el pico del área. Y Kompany perdonó un golpeo en el segundo poste en otra acción de pizarra.

Ganar el descanso se susurraba como la prioridad sobrevenida de los 'Samuráis Azules'. Nada más lejos. La personalidad es una de las virtudes de esa selección y lo recordarían: Meunier falló en un despeje y dejó a Kagawa sin marca en la frontal. Esa acción acabaría en un testarazo de Osako que atajó Courtois -minuto 32- que rubricó la acertada reclamación asiática del esférico. Y De Bruyne, laborioso, abortaría una transición llevada por el imprescindible Inui. Hasta tres obreros esperaban a Hazard cuando recibiera el jugador del Chelsea, en un retrato del estudio y preparación japoneses del enfrentamiento. Lo mismo ocurría con el cerebro del City.

Y en ese igualado y amarrado ajedrez se realizaría una aproximación al intermedio que los europeos interpretaron con más ambición -repetirían en dos ocasiones centros de Carrasco y llegada al segundo poste de Meunier, esto es, conexión de los dos laterales como alternativa creativa-. Sin superioridades por banda y con el centro superpoblado, la calidad de los continentales no brotaría con asiduidad. El bloqueo mutuo adquirió tal consistecia que sólo los errores se erigirían como determinante. En el 44, Nagatomo chutó sin peligro, Osako desvió la trayectoria y a Courtois se le escapó el balón. Pero se dio maña para evitar el tanto. Un derechazo frágil de Mertens que conjuró Kawashima bajaría el telón de la tensa primera mitad.

Japón demostró de lo que era capaz y pudo conducir el juego a sus intereses salvo un islote de hiperactividad. Por ello, era Martínez el que era urgido a elegir entre mover ficha en busca de la victoria o seguir con el plan y confiar en el efecto del cansancio. Y más aún cuando Inui recuperó una pelota en campo propio y conectó con Gaku. El jugador del Getafe dibujó un pase en profundidad que deparó el fallo de Vertonghen y el gol, de remate angulado, de Haraguchi -minuto 48-. Entonces, no le quedó otra al bloque belga, que respondió de inmediato con el desborde de Mertens y la volea al poste de Hazard -minuto 49-. El golpe nipón abrió los espacios de par en par, con los rojos arrinconando la importancia del equilibrio.

E Inui gritó el protagonismo que ha ido cimentando en Rusia 2018 con un derechazo a la cepa del poste, para el 0-2. Se rompió la cohesión entre líneas del coloso, Kagawa captó un rechace de Kompany y cedió para que el nuevo jugador del Betis completara el fogonazo asiático. La presumible fiscalización al carácter y dureza psicológica de los talentosos jugadores europeos se elevó hasta una altura casi inabordable. En un pestañeo quedaron yaciendo al borde de la lona. Gaku, Inui y compañía se hicieron con las sensaciones y la enésima campanada del imprevisible torneo se estaba moldeando a voluntad del escurridizo estilo azul.

Carrasco inauguró la contrarreloj de 35 minutos con un lanzamiento muy alejado de palos, tras pase de Hazard; Lukaku perdonó el envío quirúrgico de Meunier con un testarazo fuera, dentro del área pequeña -minuto 63-; Menuier chutó por encima del travesaño tras una pared con Hazard -minuto 66- y Yoshida salvó la conexión de Lukaku -minuto 69-. En el entretanto, el entrenador español sentó a Mertens y a Carrasco para dar entrada a Fellaini y a Chadli -más juego aéreo y pulmones-, y Courtois taponó un centro de Sakai después de otro síntoma de endeblez de Vertonghen. El burbujeante ida y vuelta estaba servido, porque los japoneses siguieron con las líneas adelantadas.

Y en plena lluvia de centros laterales, sobre todo desde las botas de Meunier, Vertonghen se resarció con el 1-2. Un despeje que bajó de las nubes quiso se devuelto al centro del área por el central del Tottenham, pero su cabezazo se coló por el segundo poste de un Kawashima sorprendido -y en mala posición-. El horizonte se acercó para la gesta continental, aunque Inui seguía aglutinando pausa. Mas, una transición al galope de Chadli y rematada por De Bruyne -a córner, tras el candado nipón- patrocinaría el fulgurante empate. Hazard sentó a su par y centró para que Fellaini impusiera sus centímetros -minuto 74-. La anárquica postura ultra ofensiva elegida por Martínez -impecable estratagema y punto de inflexión- desmelenó a todos, para regocijo del espectador.

Porque unos y otros desatendieron su ardor defensivo precedente y se abocaron a un intercambio de golpes. Al borde de la extenuación, los continentales siguieron viajando en el atinado cambio de morfología -menos técnica y más anatómica-. Nishino reaccionó sustituyendo a Gaku (vaciado) y a Haraguchi (incisivo desde el extremo) para dar la alternativa a Honda -especialista a balón parado y llegador- y a Yamaguchi -mediocentro ordenador-. Sin embargo, Kawashima salvaría a los suyos al repeler los cabezazos consecutivos de Chadli y Lukaku -minuto 87- y el cañonazo de Vertonghen. Y las tablas, parada mediante de Courtois al lanzamiento desde larga distancia de Honda, rondaron la prórroga. Sólo rondaron porque De Bruyne propulsó una contra a la que Meunier y Lukaku dieron a categoría de peligrosa. Chadli, sin marca, anotaría el 3-2 apoteósico -minuto 94-. Para enterrar el digno derroche rival y sacar lustre a su camarín y a su preparador.

- Ficha técnica:

3 - Bélgica: Thiboaut Courtois, Toby Alderweireld, Vincent Kompany, Jan Vertonghen, Thomas Meunier, Axel Witsel, Yannick Ferreira Carrasco (Nacer Chadli, m.65), Kevin De Bruyne, Eden Hazard, Dries Mertens (Marouanne Fellaini, m.65) y Romelu Lukaku.

Entrenador: Roberto Martínez (ESP)

2 - Japón: Elji Kawashima, Hiroki Sakai, Yuto Nagatomo, Gen Shoji, Maya Yoshida, Genki Haraguchi (Keisuke Honda, m.81), Makoto Hasebe, Takashi Inui, Shinji Kagawa, Gaku Shibasaki (Hotaru Yamaguchi, m.81) y Yuya Osako.

Entrenador: Akira Nishino (JAP)

Goles: 0-1, m.48: Genki Haraguchi; 0-2, m.52: Takashi Inui; 1-2, m.70: Jan Vertonghen; 2-2, m.75: Marouanne Fellaini; 3-2, m.94: Nacer Chadli.

Árbitro: Malang Diedhiou (SEN). Mostró tarjeta amarilla a Gaku Shibasaki (m.39) de Japón.

Incidencias: encuentro correspondiente a los octavos de final del Campeonato del Mundo de Rusia 2018 disputado en el estadio Rostov Arena de Rostov on Don ante unas 41.600 espectadores.

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