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OCTAVOS - IDA

El Atlético impresiona a la Juventus y triunfa con su filosofía | 2-0

El Atlético impresiona a la Juventus y triunfa con su filosofía | 2-0
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(Foto: Efe)
miércoles 20 de febrero de 2019, 22:55h
La exhibición de carácter española apocó a los italianos y Giménez y Godín arrancaron un resultado de oro. Por Diego García. Estadio Metropolitano.

Un inoportuno empate sin goles ante el Brujas y el azar de sorteo han diseñado un enfrentamiento entre el Atlético de Madrid y la Juventus en los octavos de final de la Liga de Campeones. El Metropolitano se uniformó con su traje de las grandes ocasiones para acoger este miércoles la ida de un cruce entre dos de los conjuntos más competitivos de este torneo. Se atravesaban dos inercias contrapuestas: los rojiblancos arribaban en plena crisis de fluidez y con derrota en el último derbi, mientras que los bianconeri viajan lanzados a por el título en la Serie A, pudiendo rotar. Todo lo contrario de un sistema rojiblanco urgido. Pero, a pesar de ese contexto, los locales pretenderían elevar su característica tensión guerrera para sobrevivir en una competición que desarrollará la final en este mismo templo.

Diego Pablo Simeone sólo sufría la ausencia de Lucas Hernández -distensión ligamentosa en la rodilla derecha- y recuperó a Koke y a Diego Costa justo a tiempo para este desafío hiperbólico. La querencia por culminar su obra con una Copa de Europa alcanza ya lo obsesivo, mas el Cholo expuso sobre el verde un plan estudiado, alejado de la pasión. Volvía a pelear desprovisto de la condición de favorito, como más le gusta. Y tiró de veteranía, de la vieja guardia, para lucir lo más consistente posible. Juanfran y Filipe ocuparían los costados, con Saúl y Rodri en el medio, Koke y Saúl en los interiores y Costa y Griezmann en punta. Un once identificable en las confrontaciones de postín que contaba con Godín y Giménez como protectores de Oblak. Más músculo que creatividad con el fin de combatir el físico visitante.

Por su parte, Massimiliano Allegri dispuso de una delegación más mermada. Sami Khedira -arritmias-, Douglas Costa y Juan Guillermo Cuadrado no viajaron al permanecer lesionados. Estas sensibles bajas redujeron el fondo de armario transalpino, mas el técnico que amontona cuatro Scudetti y dos finales de Champions en la institución turinesa estuvo en condiciones de componer una apuesta firme. Leonardo Bonucci y Giorgio Chiellini, sanos, figuraban en el centro de una zaga de la que partiría un teórico 4-3-3. Este estratega también preponderó el oficio y lo compacto por encima de otro parámetro. Incluyó a De Sciglio -por el ofensivo Cancelo- en el lateral diestro y colocó a Betancur al lado de Pjanic y Matuidi. Ronaldo y Dybala quedaron apostados en los costados, con Mandzukic en el centro. El talento de Bernardeschi esperaría, como el de Lemar y Correa.

Y el respeto mutuo adelantado en la nómina de los jugadores elegidos no gozaría de coherencia en la trama. Porque el Atlético se adueñaría de la escena, detonando una reminiscencia de su mezcla de sudor y rigor táctico ortodoxos que enfangaría la tratativa del líder del calcio. La Juve viraba hacia un 3-4-3 para sacar la pelota jugada y mantener el timón a través de la posesión. Betancur se retrasaba y Alex Sandro y De Sciglio se añadían como extremos. Mas, la red de ayudas energéticas de los rojiblancos les toredería el plan desde temprano. No obstante, la desaforada entrega -sin presionar a cancha completa, sólo activándose en territorio propio- avisaría a los aristócratas turineses en el minuto 2. Un saque de banca de Filipe fue rematado de volea por Griezmann. Por encima del larguero.

La declaración de intenciones proseguiría con la frialdad del lado visitante y el calor en la trinchera madrileña, La amenaza de contragolpe tras pérdida rápido se metió en la mente de los pasadores del Piamonte, sembrando dudas que brotarían a lo largo del envite. Dos conducciones en vuelo de Griezmann abrieron la espita y, en fase defensiva, Diego Costa retrataba lo metida que estaba su delegación en la dinámica. La brega exasperante por cada pulgada ordenada por Simeone fue intepretada por el delantero, que se ganó la amarilla al tratar de ganar la posición cuando formaba una barrera -se perderá el duelo de vuelta-. En esa acción, Ronaldo lanzó un derechazo que anunció su pitada presencia. Oblak estrenaría los guantes -minuto 9-. Y en el 12 dispararía el luso, en transición, para el devío a córner de los centrales. Bonucci completaría la maniobra con un testarazo fuera de tino.

Quedaron las cartas sobre la mesa: los gigantes juventinos tenderían a la horizontalidad controladora y los capitalinos a la verticalidad. Lo que no estaba en la pizarra de Allegri era que el ardoroso ejercicio colchonero les arrebatara el dictado del tempo. Asimismo, Koke, Saúl y Griezmann combinaban con personalidad y ahondaban en la mejor puesta en escena de los suyos. Y Thomas confirmó la apariencia con un derechazo que atajó Szczesny -minuto 15-. Al tiempo, se multiplicaban las imprecisiones de las asociaciones italianas, presa de las emboscadas tras fallo de los colchoneros. El nudo táctico refrescado apocó a una Vecchia Signora que iría pensando más en protegerse con la redonda que en buscar el gol a domicilio -como proclamó su técnico en la previa-. Además, no se complicaban en la salida de la jugada desde atrás los pupilos del Cholo. No les temblaba el pulso al mandar pelotazos que Costa desahogaba -impresionante en el cuerpeo-.

La inercia devino en el repliegue bianconero cuando se atravesaba el minuto 20. Filipe y Juanfran se valían de las ayudas de sus compañeros para incorporarse al ataque y la pretensión de anestesiar a los atléticos por medio de la concatenación de pases quedaría definitivamente arrinconada por la coordinación del fogoso achique escalonado. Sólo encontrarían un remate inocuo de Mandzukic a centro de Alex Sandro -minuto 24- y el zurdazo de Dybala que atajó Oblak -minuto 34- antes del descanso. Y, para su desgracia, desnudarían su falibilidad a la hora de recuperar la posesión, con el argentino y el luso desprovistos de la intención de ayudar en defensa. Ese detalle desequilibraría a un esquema de Allegri que no alcanzaba a rendir en ninguna de las dos fases del fútbol. El técnico constató que el Atlético de siempre estaba de vuelta: un conjunto muy rocoso en las eliminatorias.

A pesar de los pronósticos, fue Szczesny el portero decisivo. En el 28, Rodri y Koke alimentaron una contra que Costa usó para ser derribado por De Scilgio. El árbitro vio penalti pero el VAR le corrigió. El arquero sacó el zurdazo angulado de Griezmann en el saque de esa falta en el pico del área; y en el 36 sería inquietado por una nueva probatura del galo y otra de Rodrigo. La victoria en la batalla posicional -absoluta- contempló a los españoles presionando arriba de manera racheada, fruto de su comodidad. Pjanic era tan víctima del encuadre dibujado por el Cholo como Dybala o Ronaldo -que estaban constreñidos a la intrascendencia figurando como exremos-. La hiperactividad del aspirante anuló la fluidez y la velocidad en el pase de los visiantes, quedándose con el pentagrama global. El derroche coral sacó de sitio a los juventinos de camino a vestuarios.

Ganado el empate al descanso, la Juventus parecería hacer primar más la voluntad anotadora fuera de casa en la reanudación. Se desplegaría una traca inicial en el segundo acto que susurraba una mutación del paisaje. Ronaldo tiró fuera de palos en el 49, cuando los transalpinos habían ascendido su ratio de revoluciones. Mas sufrirían una nueva fractura de líneas -punzada de Koke- que dejó a Costa a la carrera con Bonucci. Vencería al zaguero pero marraría el mano a mano con el portero, lanzando desviado -minuto 51-. Perdonando y recordando el riesgo que ya era latente para la Juventus. Las transiciones locales se definieron como venenosas. Pjanic despertaría con un derechazo que lamió la madera -minuto 52-, mas no suturaría la vía de sangrado de su centro del campo y en el 53 un cabezazo de Godín hacia adelante, tocado por Koke con terciopelo, supuso otro cara a cara de un delantero con Szczesny. Griezmann se filtró y trazó una vaselina que rozó el meta para que el larguero escupiera la redonda.

Sea como fuere, con o sin balón, más arriba o más atrás, era el Atlético el que se manejaba con mucha más convicción y seguridad. Se negaba a ser dominado y pasivo un bloque local orgulloso desde su competitividad sublimada. Con el viento soplando a favor, Simeone sentó a Diego Costa -vaciado y formidable- y a Thomas -amonestado- para dar cabida a Morata y Lemar. Aplicaba un matiz ofensivo, al comprobar que podían dañar tras robo al cacareado coloso. Por ello, los italianos aumentarían su posesión, en una suerte de método de protección activa. Ciudarían el cuero, pero no localizarían la ruta que trompicara la metalidad local. Con el juego entre líneas ausente y sin pegada en la suerte aérea (Godín y Giménez dieron un clinic), no se despegarían de las dudas nunca. Oblak se tornó en espectador aventajado.

Y, apoyados en su rendimiento indomable, los atléticos subirían la apuesta. El preparador argentino quemó las naves en el 66, retirando a Koke -mermado- y redondeando la argucia ambiciosa con Correa en el cèsped. Se trataba de amontonar talento y desborde para explotar mejor las ventanas de oportunidad a la contra que se les abrirían. La lectura se demostró soberbia, pues la falibilidad de la cobertura visitante representó una aseveración, más que una opinión.

En el 70 Morata cabeceó a la red un centro de Filipe. El colegiado dio validez al tanto pero, una vez más, el VAR intervino para marcar falta sobre Chiellini del delantero recién fichado. Allegri, en el entretanto, suplió a Pjanic -tocado- para aplicar el empuje anatómico de Emre Can, presagiando que le haría falta más potencia defensiva. Acertó en la intuición: el Atlético aceleraría, rebosante de fe. Se habría cruzado el cuarto de hora postrero y el cansancio acuciaba a los locales. En cambio, su disposición combativa les haría superar cualquier hándicap. Habían sido mejores (táctica u técnicamente) y querían traducirlo en estadística. Al fin, recogerían la cosecha: en el 78, la gallardía llevó a Giménez a rematar a gol un balón suelto en el área oponente -en saque de esquina-. Morata ganó en el salto y el central hizo justicia para el 1-0, con remate raso y cruzado.

Los colchoneros sabían que era el momento de eliminatoria y actuaron en consecuencia. Al galope de la euforia construida desde el trabajo de cada pieza, ampliarían la ventaja en el 83. Griezmann puso en juego una falta lateral cerrada, la pelota corrió por el área, fue despejada de forma pobre y Godín, sin ángulo, embocó el 2-0. La tribuna festejaba la consecución de un resultado más acorde con lo visto y Allegri se apresuraba, ya en contrarreloj, en mover piezas. Entrarían Bernardeschi y Cancelo -por Dybala y Matuidi-, en un intento in extremis de rescatar algo. Pero no aflojaría la seriedad y el compromiso de los madrileños, que todavía pudieron anotar un tercer tanto -Lemar no definió en el descuento-. Ronaldo, desacertado, bajaría el telón con un pase hacia el zurdazo de Bernardeschi -parada de reflejos de Oblak- y con un testarazo en escorzo y sin dirección. El luso fue actor extra en un guión impuesto por un Atlético que se reivindicó en la paleta de su entrenador y esparció miedo por el Viejo Continente.

- Ficha técnica:

2 - Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Giménez, Godín, Filipe; Saúl, Thomas (Lemar, m. 60), Rodrigo, Koke (Correa, m. 66); Griezmann y Diego Costa (Morata, m. 58).

0 - Juventus: Szczesny; De Sciglio, Bonucci, Chiellini, Álex Sandro; Bentancur, Pjanic (Can, m. 71), Matuidi (Cancelo, m. 84); Dybala (Bernasdeschi, m. 80), Mandzukic y Cristiano Ronaldo.

Goles: 1-0, m. 77: Giménez. 2-0, m. 82: Godín.

Árbitro: Felix Zwayer (Alemania). Amonestó a los locales Diego Costa (m. 8), Thomas (46+) y Griezmann (m. 88) y al visitante Alex Sandro (m. 55).

Incidencias: partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Wanda Metropolitano ante unos 68.000 espectadores. Lleno.

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