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JORNADA 3 - GRUPO D

El estilo del Atlético sentencia al Bayer Leverkusen | 1-0

El estilo del Atlético sentencia al Bayer Leverkusen | 1-0
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martes 22 de octubre de 2019, 20:45h
Un solitario gol de Morata premió al clínic defensivo local y condenó a un sistema alemán que no tradujo su dominio en amenaza para Oblak. Por Diego García. Estadio Metropolitano.

La tercera jornada de la Liga de Campeones se presentó en el Metropolitano revestida de punto de inflexión para Atlético y Bayer Leverkusen. Los españoles venían de haber ganado sólo dos partidos desde principios de septiembre -ante el Mallorca y el Lokomotiv de Moscú-, encadenando una racha de dos triunfos en los últimos ocho eventos. Los alemanes, en su caso, recibieron una goleada ante el Eintracht de Fráncfort el pasado fin de semana, con lo que los dos clubes en liza medirían sus dudas y certezas en el verde capitalino. Eso sí, los madrileños viajaban con más colchón estadístico.

Diego Pablo Simeone hubo de lidiar este martes con la ausencia de Joao Félix -esguince en el tobillo derecho de grado 2- y con la sequía de fútbol que arrastran sus subordinados. Por ello, apostó por desplegar un 4-4-2 en el que Correa sería el mediapunta y Diego Costa la referencia arriba. Koke, Saúl y Thomas conformaban una medular característica a la que se añadiría otra variante: el mexicano Héctor Herrera. El regreso de Trippier y Lodi a los laterales constituía un motivo para la esperanza y Felipe y Giménez repetirían como escolta de Oblak. Recobrar la seguridad perdida y ganar en desborde y potencia representaban las líneas básicas pensadas por el 'Cholo'.

Peter Bosz, por su parte, lo tuvo más complicado para reproducir su idea de juego. No formaron parte de la convocatoria piezas clave de su filosofía como el carrilero Wendell, el mediocentro ordenador Charles Aranguiz y el delantero juvenil Bailey. Con cero puntos en su casillero continental -cayeron ante el Lokomotiv-, toda la responsabilidad recayó de su lado y del goleador Volland y la perla ofensiva Kai Havertz. En los extremos dispuso a dos flechas -Bellarabi y Amiri- y en el centro, la mezcla de talento e físico de Baumgartlinger y Demirbay. Lars Bender sería otra de las modificaciones, en una zaga completada por Jonathan Tah, Sven Bender y Weiser. Hradecky ejercería de último filtro defensivo en un conjunto que, sea como fuere, yace a dos puntos del liderato de la Bundesliga.

El enfrentamiento arrancaría desnudando su esencia con rapidez: los rojiblancos apostaron por adelantar las líneas y sembrar de intensidad cada lance, mientras que los visitantes quisieron ser fieles al plan y jugar de manera combinada desde atrás. En consecuencia al desafío de tú a tú, al intercambio intensivo de presiones a toda cancha, la exigencia de precisión tocaría techo y las imprecisiones se expandirían, quedando el sistema alemán con algo más control. Aún así, en el quinto minuto abrió fuego Lodi con un centro desde la línea de fondo que sería rematado, arriba, por Trippier. Y respondería Baumgartlinger conectando un chut a las nubes, en la conclusión de un saque de esquina -minuto 10-.

La querencia por imponer la personalidad de los dos técnicos dibujaría un ajedrez comprimido que se tornaría en centrocampismo. Las porterías tendían a ser entendidas como un decorado, al tiempo que la movilidad de Amiri y Volland mezclaba mejor con Demirbay que los creativos colchoneros con su delantero. Y en esa batalla de reconocimiento mutuo sobrevino la lesión de José María Giménez. El uruguayo fue sustituido por Mario Hermoso, quien se enfrentaba a un examen feroz en semejante tesitura, obligado a contener a la velocidad oponente. Sin embargo, las rigurosas ayudas de cada pieza madrileña solidificarían una cohesión en el achique, cada vez más retrasado, a partir de la que construir.

Le costaba elaborar con fluidez a un centro del campo atlético que no pasaba la prueba del tino en la entrega corta ni en el pase definitivo, hecho que fue alimentando la confianza de un Bayer que tampoco evidenciaba lucidez en su relación con el cuero. La densidad generalizada, por mor del gobierno del esfuerzo defensivo, anularía también la pulsión contragolpeadora de los dos escuadrones cuando se atravesaba la media hora. En esa altura, en la que Simeone reclamaba volver a adelantar las líneas, se había agudizado el duelo de estilos: los teutones portaban la iniciativa y los locales esperaban turno para explotar en transición. Únicamente un cambio de banda de Saúl para el recorte y chut raso de Lodi -que desperezó al meta Hradecky- rompería el guión demasiado respetuoso.

Oblak no había erosionado sus guantes -no le tiraron entre palos-, mas sí había recibido su área una mayor amenaza, por el cauce de los centros laterales y las asociaciones horizontales en la frontal. En cambio, sólo aparentaba incomodidad el Atlético en la finalización de sus propias jugadas ofensivas. Su repliegue, limitado ya a su territorio, había neutralizado el desborde por los carriles y negado la participación interior a Volland, Demirbay y Havertz. Y el camino al descanso no registraría respingo alguno. Parecería que se había competido desde la ortodoxia de lo pautado por los dos estrategas: unos se afanaron en no encajar goles y los otros, en monopolizar el balón. Un latigazo desde media distancia de Thomas -mucho más contenido- bajaría el telón de un primer acto deregusto táctico. Los mejores de la delegación española fueron Felipe y Hermoso. Koke, Saúl y Correa sufrían en la intrascendencia.

Con el dato de dos tiros, y sólo uno a puerta, comenzó el club madrileño una reanudación sin cambios nominales y con el refresco de las presiones altas. Y con una voluntad creciente colchonera por granjearse más posesión. Mas, le jugó en contra su imposibilidad para minimizar las imprecisiones -con Koke y Saúl especialmente desacertados en esta faceta- y una volea de Amiri desde la frontal, sin consecuencias, inauguró las llegadas en el segundo tiempo -minuto 56-. Pero, de inmediato, emergió una buena concatenación de pases que devino en la apertura de Herrera -de importancia subrayada-, el centro de Trippier y el casi testarazo de Costa, sin marcaje. Y el lateral inglés, más suelto, ejemplificaría la probatura más atrevida de su colectivo.

El 'Cholo' no esperó para intentar desatascar a sus pupilos y sacó de la fórmula a Correa -no funcionó en el rol adjudicado- y a Koke -oscuro- para inyectar a Lemar y a Morata. Pretendía el argentino dar coherencia a la anhelaba mutación propositiva quemando las naves. Sin embargo, no se dejaría dominar un Bayer pleno de carácter y que discutiría el ratio de control del esférico con convicción y acierto. En el 70 de juego el partido no bajaría el ritmo defensivo y se dio un renacer de la inseguridad combinativa local que promocionaría el ascenso de la ambición alemana. Havertz -víctima del tacticismo- cedería su escaño a Paulinho antes de que Weiser y Amiri probaran a Oblak desde media distancia.

Había amontonado el sistema colchonero imprecisiones peligrosas que le llevaban a pasear al borde del abismo, pero en el 77 sobrevino el peso de la calidad. Al fin. Enlazó una transición perfilada por la izquierda que Lodi tradujo en llegada envenenada con un centro maravilloso que Morata embocó para el 1-0. Estalló una tribuna congelada por lo soso del espectáculo ante el testarazo del delantero que Hradecky no alcanzó a despejar fuera de su arco. Se activaba una contrarreloj severa para un bloque de Leverkusen que atisbaba la lona. Si no le valía el punto demasiado para sobrevivir en Champions, la derrota casi le condenaba.

Bosz, urgido, confiaría a Alario y Dragovic la épica -suplió a Demirbay y a Sven Bender-, mas la exhibición de los zagueros rojiblancos redondearía su excelso trabajo y el pronosticable asalto sobre la portería local no acontecería. El estilo y el oficio madrileños salvaron otro rendimiento nublado y certificaron tres puntos dorados en pos de la pugna por el liderato del Grupo D. Donde no brotó el brillo lo hizo la competitividad, para coronar a la discutida paleta de Simeone y definir a los alemanes como una nueva presa del juego colchonero.

- Ficha técnica:

1 - Atlético de Madrid: Oblak; Trippier, Giménez (Hermoso, m. 15), Felipe, Lodi; Herrera, Thomas, Koke (Morata, m. 70); Saul; Correa y Diego Costa.

0 - Bayer Leverkusen: Hradecky; Weiser, Tah, Sven Bender (Dragovic, m. 91), Lars Bender; Bellarabi, Baumgartlinger, Demirbay (Alario, m. 83), Amiri; Kai Haverz (Paulinho, m. 75); y Volland.

Gol: 1-0, m. 77: Morata.

Árbitro: Artur Dias (Portugal). Amonestó al local Koke (m. 54) y al visitante Bellarabi (m. 37).

Incidencias: partido correspondiente a la tercera jornada del grupo D de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Wanda Metropolitano ante unos 58.000 espectadores.

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