Quiso más que nunca el equipo rojiblanco, presionando y jugando. Pero le faltó puntería (0-0) ante un portero del Brujas colosal. Se alejan sus opciones de pasar a octavos de final. Por M. Jones
Atardecer grande en el Metropolitano, de esos que definen el curso de toda una temporada. Un llamamiento a la rebeldía para un Atlético de Madrid que empezó el partido de este miércoles en la última posición de su grupo y sin haber anotado un solo gol en sus dos últimos encuentros continentales. En resumen, casi yacía contra las cuerdas en la búsqueda de los octavos de final de la Liga de Campeones. No digamos ya de la pugna por el primer puesto que le diera ventaja en el sorteo pertinente. En este contexto, en este día señalado como de inflexión, la tribuna anhelaba un renacer del espíritu de que llevó a los colchoneros a dos finales de la Copa de Europa. Presión a toda cancha, intensidad, hambre. Y las gradas agradecieron ese menú futbolístico.
Diego Pablo Simeone eligió poner en liza a dos de sus mejores desestabilizadores: Thomas Lemar y Ángel Correa. Y volvió al esquema de tres centrales, pero para desplegar a los carrileros hacia el ataque. En esa última labor alineó a un Nahuel Molina cada vez más desencadenado y a Saul Ñíguez, solución de emergencia y de nuevo fuera de posición. Y el estratega argentino ordenó prender un incendio. Ahora a un Brujas que en este punto del curso viajaba sin un gol encajado en Champions y con pleno de victorias. El equipo bien preparado por Carl Hoefkens, sorpresa continental del momento, se defiende con orden, guerrea cada pelota y espera para volar a la contra, con dos flechas -Ferrán Jutglá y Kamal Sowah- a las que se les unión en esta fecha el extraordinario Andreas Skov Olsen.
El plan rojiblanco pasó por dominar la posesión y hacer descarrilar al rival con un ritmo abrasivo. Eso y contener las rápidas transiciones que guardaban los belgas en su potente chispa física. Y la puesta en funcionamiento de esa paleta, más mandona que de costumbre en los madrileños, tardó en carburar. De hecho, Skov Olsen torturó desde temprano el perfil de un Saúl descontextualizado. El rayo danés de 22 años avisó en los 10 primeros minutos con carreras frenéticas que Jutgá y Sowah remataron fuera por poco. Sin embargo, en cuanto Kondogbia y compañía ajustaron mejoró el paisaje sensiblemente para los españoles y activaron una producción que llegó a los 10 tiros antes del descanso. Buena parte de ellos nacieron de la visión eléctrica de Correa y de la inteligencia de Griezmann.

El atacante francés ejerció como punta de lanza y lo probó de todas las maneras. De sus llegadas destacarían un cambio de ritmo con disparo angulado -minuto14- y un cabezazo estruendoso -minuto 26-. Ambas opciones fueron neutralizadas por los afilados reflejos del meta Simon Mignolet. Mas, 'Grizi' es más que un rematador. En su fútbol se subraya su lectura de situación y lo evidenció en el minuto 20, al iniciar una doble pared, en la que también participó Koke, a la que puso la firma Correa con un derechazo cruzado que lamió la madera. La jugada más distinguida del partido. Sólo pudo escapar el Brujas hacia el intermedio, acuciado, además, por la presencia motivada de un Lemar que casi inauguró el marcador con un lanzamiento raso. Eso sí, los visitantes aclararon que habían traído veneno en sus maletas y en el 41 silenciaron al coliseo rojiblanco con una contra dirigida por Skov Olsen que finalizó con penalti de Molina al exuberante extremo canadiense Buchanan. El VAR, para desahogo del personal, anuló la decisión del colegiado.
La tecnología dio una vida más a un Atlético y los capitalinos los aprovecharon para emitir un fogonazo en la reanudación, con tres oportunidades claras antes del minuto 50. Saúl y, sobre todo, Griezmann examinaron a un Mignolet ya protagonista. Le sacó al galo una vaselina y atajó con templaza los otros dos chuts que le llegaron en ese intervalo al que el 'Cholo' quiso dar continuidad con la comparecencia de De Paul, Morata y del tercer desestabilizador con denominación de origen: Yannick Carrasco. Pero no iba a resultar sencillo batir a un bloque belga que también sabe gestionar la pelota para defenderse.
Se trataba para los locales de establecer un ejercicio de convicción, ya que los visitantes se encerrarían más que nunca. Los dos técnicos profundizaron en el guión antes del desenlace, con Cunha y Morata en la delantera y Jutglá -el mejor del escuadrón belga- dando relevo al mediocentro defensivo Balanta. No le quedaba otra a los rojiblancos que asediar con todo y la fórmula elegida no fue otra que acumular centros laterales. Tanto apostó Simeone a esta básica herramienta que Joao Félix se quedó fuera de circulación y el espigado Witsel sentó a Griezmann, ante la sorpresa que bajaba desde el graderío. Le entró al preparador argentino un ataque de su adn equilibrador en la recta final y le salió mal, ante un contrincante que jugó los últimos minutos en inferioridad numérica por expulsión, infantil, de Sowah -minuto 82-. El peligro se redujo a los remates que Morata y Cunha estrellaron en Mignolet, desde el área pequeña -minutos 89 y 92-. Faltó sólo puntería. Y ya no dependen de sí mismos para clasificarse.
Ficha técnica
0- Atlético: Oblak; Saúl (Cunha, min. 73), Reinildo, Giménez, Savic, Nahuel Molina; Kondogbia, Koke (De Paul, min. 60), Lemar (Morata, min. 60); Correa (Carrasco, min. 60) y Griezmann (Witsel, min. 79).
0- Brujas: Mignolet; Sylla, Mechele; Buchanan (Clinton Mata, min. 84), Nielsen, Onyedika, Vanaken, Skov Olsen (Meijer, min. 50); Sowah y Jutglà (Balanta, min. 73).
Árbitro: Danny Makkelie (Países Bajos). Expulsó a Sowah (min. 82, doble amarilla) y amonestó a Buchanan, Savic, Vanaken, Kondogbia y a Mignolet.
Incidencias: partido correspondiente a la 4ª jornada de la fase de grupos de la Liga de Campeones, disputado en el Metropolitano.