El presidente, Infantino, cobra 1,88 millones anuales y la secretaria general, Samoura, se embolsa 1,3 millones.
La Federación Internacional de Fútbol Asociación (más conocida por sus siglas, FIFA) es el máximo organismo gestor del balompié. Su directiva se encarga de regir una actividad profesional en torno a la que se ha construido una de las mayores industrias deportivas que ha conocido el ser humano. En resumen, es la cúspide de uno de los deportes que más dinero mueven en todo el planeta. Y desde que João Havelange tomara sus riendas (en 1974), las sospechas de corrupción la han perseguido de manera inmisericorde. Tanto ha sido así que este directivo brasileño hubo de ser repudiado por su sucesor en el cargo, Sepp Blatter; y este gestor suizo ha tenido que sufrir una repulsa parecida de parte su relevo, el actual mandatario, Gianni Infantino. Esa es la realidad de la cima del fútbol.
Las sospechas de fraude en la toma de decisiones y reparto de los eventos futbolísticos con respecto a la FIFA, por tanto, no son nuevas. Lo que sí se ha destapado de forma reciente es la exposición de evidencias que respaldan semejantes sospechas. Y el episodio paradigmático de este modus operandi más que discutido no es otro que la entrega del Mundial 2022 a Catar. El 2 de diciembre de 2010 se anunció que este país de Medio Oriente acogería la cita mundialista. Por aquel entoces el FBI estadounidense ya trabajaba en una investigación contra miembros ejecutivos de la FIFA, pesquisa que aceleraría desde la designación catarí gracias a la intervención del Ministerio Público de Suiza. Ese caso, conocido como 'FIFA Gate', acabó con la detención de 26 dirigentes del organismo director del fútbol internacional. Y extinguió la carrera de Blatter, de Michel Platini -presidente de la UEFA- y de los altos cargos Jérôme Valcke -secretario general-, Chuck Blazer -miembro del comité ejecutivo- o Jack Warner -miembro del comité ejecutivo-.
Las cifras que colocan a Infantino en la polémica catarí
La mano derecha de Platini por aquel entonces, cuando se desnudó el afamado caso de lavado de dinero, sobornos y fraude en la FIFA, era Infantino. Este abogado italosuizo aprovechó la oportunidad y preside la FIFA desde 2016. Con él a los mandos el organismo ha degustado su época de mayor bonanza financiera. Cuando entró a ocupar el cargo de presidente, su salario ascendía a 1,36 millones de euros. "La cuarta parte de lo que cobraba Blatter", presumía, entonces, con voluntad de alejamiento del 'apestado' expresidente. En 2022 su sueldo asciende a 1,88 millones, con más de un millón de euros en concepto variable -1,3 millones cobra Fatma Samoura, la actual secretaria general de la FIFA-. Y su organización espera facturar 6.500 millones de dólares en ingresos gracias al evento mundialista que empezará este domingo. Lo nunca visto -se ha destapado que el emir aprobó un pago de 780 millones de euros a la FIFA-. Por eso Infantino se ha enfundado en una batalla contra las críticas que desde Occidente se emiten contra Catar y contra la elección de este país como organizador del Mundial.
Ha defendido de la monarquía dictatorial catarí, en este último año, su homofobia convertida en penas de prisión -"¿Queremos quedarnos en casa y criticar lo malos que son estos árabes y estos musulmanes por no permitir ser gays en público?"-, la tragedia humanitaria que ha rodeado a la construcción de los estadios con mano de obra migrante -"Unos 25.000 trabajadores inmigrantes han muerto por la política de migración europea desde 2014 (...) Y luego criticamos a Qatar", el rol de las mujeres -"Tengo que declarar un claro conflicto de intereses: soy padre de cuatro hijas, así que si no apoyo todo lo que tiene que ver con las mujeres no puedo volver nunca más a casa por las noches" o más normativas de corte integrista como la prohibición de beber alcohol -"Estas normas ya están vigentes en Francia, España y Escocia. No sé si se habla más por ser un país árabe"-.
La comida en el Elíseo que empezó todo
La FIFA quiere facturar en este Mundial un 14% más que lo que se embolsó en el Mundial de Rusia 2018. Durante el ciclo de aquella cita (de 2015 a 2018) ingresó en sus arcas más de 5.600 millones de dólares. En esta oportunidad van a alcanzar una cifra récord en la venta de los derechos televisivos -se calcula que verán partidos de este evento más de 5.000 millones de espectadores, casi un 50% más que en el pasado Mundial- y esperan que también toquen techo en cuanto a patrocinios, pues han conseguido amarrar a marcas antes no incluidas como Qatar Airways. De hecho, según informes independientes, Catar habría ingresado a la FIFA en torno a 199.000 millones de dólares en esta década. Una barbaridad que, según ha trascendido, se gestó en una comida secreta en el Elíseo que reunió, en noviembre de 2010 -a días de la elección del organizador del Mundial 2022-, a Nikolas Sarkozy, Michel Platini y al emir catarí Tamin Ben Hamad Al Thani y al primer ministro del emirato, Hamad Ben Jassem Al Thani.
De aquella charla salió, tal y como se ha publicado desde Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Alemania, la designación de Catar como organizador de este Mundial y la entrada de los petrodólares cataríes en el Paris Saint-Germain, en el fútbol francés y, también en otras esferas de inversión dentro del país galo. También se acordó la inclusión del canal televisivo catarí BeIn Sports. La justicia francesa, por su parte, lleva desde 2016 tras el rastro de dicha comida. Entre otros argumentos, porque sospechan que ahí el presidente Sarkozy acordó la venta de material militar a Catar. En concreto se investiga si en ese tejemaneje se afinó la venta de aviones de combate del tipo Rafale.
De vuelta a territorio catarí, la organización que lidera Infantino entiende que va a ingresar 500 millones de dólares sólo en taquilla y en los servicios incluidos en los estadios durante los partidos. Pero ahí no se frena el proyecto faraónico del directivo italosuizo: ya ha conseguido los apoyos dentro de la FIFA para ampliar el número de selecciones participantes en los Mundiales a 48 -en la actualidad compiten 32 equipos- y trabaja para lograr el respaldo a la celebración de un Mundial cada dos años. Siempre con un objetivo por bandera: seguir disparando la facturación. La lógica señala que a más partidos, más dinero para vender derechos televisivos y para cobrar patrocinios. Y su anzuelo es claro: gracias a Catar 2022 espera poder repartir a sus socios en las federaciones nacionales casi 20 millones de dólares más que lo que venía entregando. Más partidos, más a repartir.
"Infantino no muestra claras diferencias con Blatter"
Así anhela conseguir todos los apoyos necesarios para presentarse a la reelección como presidente de la FIFA, que se celebrará en 2023. En su voluntad sigue vigente la intención de que se esfume en el olvido lo ocurrido en 2017. En aquel año la propia Comisión de Ética de la FIFA le abrió una investigación por, presuntamente, haber influido en la elección del presidente de la CAF -la federación africana, homóloga de la UEFA en África-. Esas operaciones poco transparentes estaban sobre la mesa de dicha comisión cuando, en mayo de aquel año, la cúpula entera de la comisión de ética fue cesada de manera fulminante. Y sorprendente. Los jefes de aquella investigación declararon que Infantino "no muestra claras diferencias con Blatter" y que ese cambio "haría retroceder años a la FIFA".
Tampoco quiere que se airee demasiado lo revelado por 'Football Leaks' en 2018: que Infantino habría mediado en 2014 para que el PSG y el Manchester City -de propiedad emiratí- no recibieran un duro castigo por incumplir el Fair Play Financiero de la UEFA. El organismo europeo les amenazó con la expulsión de la Liga de Campeones, pero acabaría imponiéndoles una mera multa económica. El dirigente era por aquel entonces secretario general de la UEFA, bajo Platini. Se sentó con los presidentes de ambos clubes y desautorizó al Comité de Control Financiero de Clubes, en teoría independiente. Pero en su senda todo eso queda atrás. Por delante, el Mundial cada dos años. En 2018, Rusia les pagó 5.940 millones de dólares. Para el Mundial de 2022, Catar habría invertido casi 200.000 millones. ¿Por qué esperar cuatro años para multiplicar sus ganancias?