Al colectivo alemán le bastó con acelerar en la reanudación para sentenciar la eliminatoria, con goles de Chopupo-Moting y Gnabry. Nueva catástrofe del PSG en octavos (2-0). Ramos rozó la diana y Messi lució ausente.
La suerte deparó para los octavos de final de la Liga de Campeones dos cruces colosales, Real Madrid-Liverpool y Bayern-París Saint-Germáin. Este miércoles se resolvió la batalla franco-alemana, un duelo en el que los clubes implicados -al igual que les sucede a merengues y 'Reds'- se enfrentaban al abismo. Porque la victoria en la Bundesliga y la Ligue 1 se ha vaciado ya de significado para dos instituciones pensadas y construidas para reinar en Europa. Sus proyectos deportivos se califican en relación con lo lejos que llegan en la madre de todas las competiciones. La Champions ha pasado a calificar el rendimiento anual de estos equipos, si bien en los parisinos se ha tornado en obsesión. No en vano, llegaron al Allianz Arena perseguidos por este fantasma: en los últimos siete cursos, sólo cruzaron la frontera del 'Top-16' dos veces. Y saldrían del templo muniqués con otro fracaso que añadir a esa lista.
En esta fecha Christophe Galtier hubo de lidiar con la baja de Neymar -la enésima del brasileño a estas alturas de calendario-. Le preguntaron en la previa si su idea se plasma mejor sin el carioca. Lo negó, aunque en noches como ésta se demuestra lo contrario. La ausencia de 'Ney' le facilita presionar con más convicción y poblar de trabajadores creativos su medular. No se le desequilibra el planteamiento, en resumen. Apostó por el faro Marco Verratti, Fabián Ruiz y el joven luso Vitinha. La movilidad del ex del Oporto se evidencia fundamental para dar fluidez a un planteamiento en el que Lionel Messi camina y camina. Pasea hasta que localiza los huecos para generar veneno. Casi siempre con Kylian Mbappé en la mirilla.

"Todo cambia cuando está Mbappé", confesó Julian Nagelsmann 24 horas antes de este desafío que gestionaron con la ventaja del 0-1 cosechado en la ida. Aquel día, en el Parque de los Príncipes, dominaron los germanos con mano de hierro durante 65 minutos y pudieron sentenciar la eliminatoria. No lo hicieron, y el diamante francés les acribilló cuando saltó al verde. Rozó el empate él solo. El miedo que generó en sus rivales, cuando todavía salía de lesión, aclaró la capacidad de los dos escuadrones para mandar y ser postrado. No en vano, desde que concluyó el Mundial de Catar ambos han atravesado una irregularidad sobresaliente. Esa inconsistencia auto percibida y la trascendencia nuclear que les suponía pasar de ronda explican el respeto con el que se manejaron hasta el descanso.
Lució más compacto y ordenado el PSG, si bien le costó mucho verticalizar de inicio y abusó del pelotazo hacia un Mbappé que pierde como delantero centro y gana en banda. Hoy le tocó jugar centrado y avisó en el minuto 2, con una carrera hacia el pase de Fabián -la capacidad de romper líneas del español, clave- que culminó con un remate a las manos de Yann Sommer. El meta suizo no es Manuel Neuer, al igual que Eric Choupo-Moting no es Robert Lewandowski. Pagaron los bávaros esta obviedad con dudas en las áreas y problemas para avanzar con armonía y amenazar. El atacante camerunés volvió a ser presa de una gran versión de Sergio Ramos y el arquero casi la lió de verdad. En el minuto 11 calculó mal un centro-chut de Achraf que rozó la madera; en el 25, Fabián conectó con la subida sorpresiva de Nuno Mendes, que centró para el chut de Messi que taponó, providencial, el valioso Alphonso Davies, y en el rebote no se atrevió a despejar Sommer y De Ligt salvó bajo palos; y en el minuto 38, quiso el helvético regatear y la perdió en su área, Vitinha robó y tiró a portería vacía pero flojo, dando al zaguero neerlandés la opción de salvar otra vez a los suyos sobre la línea de gol.
Con todo, no resultó un intercambio de golpes descontrolado el encuentro. Ni mucho menos. Entre otras cosas, porque el Bayern quiso controlar y no dañar. Compitió con la defensa muy adelantada y presionando, pero la horizontalidad marcaría a su despliegue. Sólo un cañonazo lejano de Goretzka -que se concentró sobre todo en su marcaje a Messi- y un giro acelerado con zurdazo angulado de Musiala desperezaron a Donnarumma antes del paso por vestuarios. En el entretanto, se detonó la deliciosa pugna pronosticada por los costados. Davies y Achraf se midieron con ardor y Nuno Mendes y Kingsley Coman hicieron lo propio en la otra banda. Acabaron por neutralizarse. Y los visitantes empezaron a percibir que no iba a ser su día. Galtier arriesgó al dar la titularidad a Marquinhos, el capitán que sufrió hace semanas una dolencia muscular en la zona intercostal, y no le salió bien. Se lesionó y le tuvo que suplir Mukiele -minuto 35-. Y éste se infortunaría y ya no saldría en la segunda mitad. Le sustituyó el juvenil -17 años- Bitshiabu. Un debutante en Champions.

Para calibrar las precauciones alemanas valga que la tribuna no alcanzó a festejar más que los cuerpeos que sus jugadores les ganaron a Messi y Mbappé. Cada despeje o entrada que abortaba una transición riesgosa fue jaleada, a falta de más alegrías. Aunque eso cambió con rotundidad en la reanudación. Nagelsmann debió ordenar a sus subordinados que arrinconaran el respeto al poderío oponente y les tutearan, como en la ida. Y antes del minuto 65 establecieron un asedio al arco defendido por Donnarumma que volvió a hacer tambalear a los galos. Musiala despegó, indetectable en la mediapunta, y los espacios se multiplicaron. En el 51 trazó un eslalon volcánico al que puso la guinda con un pase afilado que desperdició la lentidud de Choupo-Moting; de inmediato, dibujó un centro delicado que el camerunés cabeceó a las redes -anulado por fuera de juego del desacertado Thomas Müller-; y en el 61 Goretzka y el propio Müller robaron el cuero a Verratti en la frontal del área parisina y Choupo-Moting marcó a placer. Para resarcirse de su tenebrosa 'performance' y subrayar la vigencia de la ley del ex -él y Coman, autor del gol de la ida, llegaron a Múnich procedentes de París-.
Habían acelerado los locales y los franceses no volvieron del camarín con la intensidad procedente. Se despertaron con el marcador en contra y con la obligación de anotar dos veces para llegar a la prórroga. Entonces asomaron los liderazgos. Mbappé tiró de sus compañeros, con un remate al lateral de la red y participando mucho más. De vuelta a la banda. Y el otro jerarca es un viejo conocido de la población muniquesa. Sergio Ramos exhibió galones como líbero, como tantas veces mostró en Chamartín, y bordeó el gol con dos cabezazos. Uno lo sacó Sommer -en virtud de sus reflejos, minuto 65- y el otro pasó muy cerca del poste -minuto 82-. Ahí se apagaron las esperanzas de un PSG que recupera el sabor de la catástrofe. Otra vez caen a las primeras de cambio. No les caben ya presuntas injusticias arbitrales de las que quejarse para justificar la debacle. El Bayern, que todavía celebró el tanto postrero de Gnabry, a cuartos y sin necesitar a Sadio Mané. Su solidez colectiva le convirtió en victorioso. Sobrevive Nagelsmann.
Ficha técnica
2- Bayern: Sommer; Alphonso Davies, De Ligt, Upamecano, Stanisic; Kimmich, Goreztka, Musiala (Mané, min. 82); Kingslay Coman (Gnabry, min. 86), Thomas Müller (Cancelo, min. 86) y Choupo-Moting (Sané, min. 68).
0- PSG: Donnarumma; Marquinhos (Mukiele, min. 35/Bitshiabu, min. 45), Sergio Ramos, Danilo; Nuno Mendes (Bernat, min. 81), Verratti, Fabián Ruiz (Zaire-Emery, min. 76), Vitinha (Ekitike, min. 81), Achraf Hakimi; Lionel Messi y Mbappé.
Goles: 1-0, min. 61: Choupo-Moting; 2-0, min. 90: Gnabry.
Árbitro: Daniele Orsato (Italia). Amonestó a Achraf Hakimi.
Incidencias: partido correspondiente a la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Allianz Arena (Múnich, Alemania).