La igualdad del primer tiempo contrastó con el desplome de los alemanes en la reanudación. El grave error de Upamecano, clave en el partido y la eliminatoria. Gol y asistencia de Haaland. Los ingleses rozan las semifinales (3-0).
Una de las virtudes del formato actual de la Liga de Campeones es que las eliminatorias se deciden a doble partido. Esta característica permite que un partido con mayúsculas se convierta en una eliminatoria con mayúsculas. Por eso el aficionado sabe que lo visto este martes en el Etihad Stadium, que ya le deja en el paladar una sensación de exquisitez, tendrá continuación la semana que viene en el Allianz Arena. Porque la fortuna ha querido que City y Bayern, los dos máximos favoritos a reinar en Europa, se vean las caras en los cuartos y no en la final. Los focos del planeta futbolístico se han concentrado en esta fecha en el recinto de Mánchester y las expectativas se han cumplido a rajatabla en una pelea con victoria total para los ingleses.
Cuando Thomas Tuchel y Pep Guardiola se enfrentan, el fútbol deja paso al ajedrez. En esta noche se volvió a comprobar. La constelación de estrellas jugó siguiendo el dictado que impusieron sus técnicos respectivos. El laboratorio de los estrategas se reflejó de manera ortodoxa en el césped, negando la fantasía y la improvisación al espectáculo posible. Gobernaron de inicio los ajustes tácticos, la precaución a conceder transiciones, la presión a cancha completa y el control por encima de la calidad, en un retrato fiel de la factura que ofrece la élite de este deporte en el presente. Todos trabajan, incluidos los artistas. Que se lo pregunten a un Bernardo Silva que fue titular no para elevar el rendimiento ofensivo de Mahrez, sino para obstaculizar las subidas del potente Alphonso Davies.

También quiso el míster español, que nunca se habría medida a los muniqueses después de haberse despedido de Baviera en 2016, tocar su planteamiento defensivo. La ida fue clara: complicar el virtuosismo entre líneas de ese fino puñal llamado Jamal Musiala. Y el dispositivo aplicado sobrepobló el centro y entregó los costados para los avances visitantes. Allí colocó a Nathan Aké -de impresionante crecimiento en esta temporada- y a Manuel Akanji. Estos dos zagueros exigieron a los regateadores Kingsley Coman y Leroy Sané hasta el punto de obligarles a cambiar de banda varias veces. Atinó de pleno Pep. Y por delante de ellos también barrió todo, en una labor imperial, Rodri. Pero el mediocentro español es mucho más que un destructor y lo demostró con creces. Un cañonazo lejano de zurda que llevó su firma adelantó a los británicos. Controló en la mediapunta, fintó y dibujó una parábola curva que se coló por la escuadra. Un golazo que desatascó la igualdad industrial. El primer tanto de su carrera deportiva en esta competición. Ese fue el único chispazo que esquivó al 'tacticismo'.
Tuchel, que suplió a Nagelsmann a toda prisa y desde entonces ha ido saltando baches sin cincelar a su bloque, apostó por un once pleno de movilidad. La baja de Choupo-Moting le dejó sin delantero centro y colocó en ese lugar, que no en ese rol, a Gnabry. Thomas Müller y Mané esperaron turno en el banquillo, porque a ninguno de los dos les da el físico para presionar con efectividad -el plan ordenó desnaturalizar la City discutiéndole la posesión-. Sin embargo, no le funcionó la fórmula al preparador que le ganó la Champions a Guardiola con el Chelsea, también asumiendo el cargo en mitad del curso. Entre otras cosas, porque les faltó ambición para amenazar tras robo. Sólo un tiro cruzado de Davies y un derechazo de Musiala que repelió bajo palos Ruben Dias -tras una recuperación de Sané, minuto 26- inquietaron a Ederson antes del intermedio. Al meta brasileño no le tiraron entre palos ni una vez.
Cosa distinta ocurrió en la reanudación. Debió leerle la cartilla Tuchel a sus futbolistas en el camarín y volvieron al campo con otra cara. Regresaron para ganar, no para especular y antes del minuto 55 Sané probó a Ederson en tres llegadas muy claras. Dos latigazos desde media distancia -solventados con sendos vuelos- y un mano a mano nítido que el portero sacó abajo, con exhibición de reflejos. Aumentó el Bayern su ritmo y su valentía, en un intento por generar el caos. Y al City le surgió un dilema: templar ánimos con la pelota o ir de caza en el tú a tú. Eligió medir el filo de su espada, con gallardía, y en el minuto 58 Aké y Ruben Dias bordearon el tanto. Sommer despejó el misil cruzado del lateral zurdo y, en la siguiente jugada, desvió una volea del central portugués en la frontal del área pequeña.

En paralelo al guión de partido, cada vez más tendente al intercambio de golpes, se desenvolvió Erling Haaland, en un cuerpeo abrasivo y perpetuo con De Ligt y Upamecano. Entablaron un combate musculoso al que se sumaron de forma ocasional Goretzka y Gündogan, dos llegadores implicados en la causa colectiva. No dispuso el fenómeno noruego de demasiadas situaciones de remate. Ejecutó un par de chut flojos antes del minuto 30 y casi emboca un despeje apurado de Sommer, que le había sacado un chut a quemarropa al mediocentro turcogermano en el minuto 35. Pero Haaland también sabe jugar y en el amortizó en el 70 un error grotesco de Upamecano -quiso regatear como último jugador de la línea defensiva- para asistir al cabezazo de Bernardo Silva que significó el 2-0. Y, claro, también marcó su gol. Justo cuando a los bávaros les afloraron sus graves problemas de consistencia mental, Stones peinó un centro y el noruego, totalmente desmarcado, empujó a la red su 45ª diana con la camiseta del City.
Le salió mal a los visitantes su volantazo hacia la anarquía. Sentaron a Musiala -gris- para meter a Sadio Mané y Guardiola hizo lo propio, relevando a De Bruyne para dar la alternativa a Julián Álvarez. Menos cerebro y más frenesí. El problema para los germanos es que no cuentan ya con un goleador para asumir estos riesgos y, además, el City tiene, al fin, a uno de los mejores delanteros referenciales del planeta en sus filas. Por ahí se diluyó la confianza del líder de la Bundesliga. Le queda una plia de trabajo a Tuchel para levantar a un vestuario de motivación y cohesión irregular -durante todo 2023- y para sobrevivir con aspiraciones hasta junio. Lleva cuatro partidos al mando, con dos triunfos y dos derrotas, síntesis del guadianesco rendimiento de sus nuevos pupilos. En esta jornada sólo Sommer evitó que salieran sonrojados de verdad y esperan un milagro en la vuelta, todo lo contrario que ese club de propiedad emiratí en el que hasta Grealish ha despertado. Y en el que Haaland ganó por primera vez a un Bayern -en el octavo intento- que hasta hoy lo había ganado todo en esta Copa de Europa. Con Nagelsmann en el banquillo.
Ficha técnica
3- Manchester City: Ederson; Nathan Aké, Ruben Dias, John Stones, Akanji; Rodri, Gündogan, De Bruyne (Julián Álvarez, min. 68), Bernardo Silva; Grealish y Erling Haaland.
0- FC Bayern: Sommer; Alphonso Davies (Joao Cancelo, min. 80), De Ligt, Upamencano, Pavard; Kimmich, Gortezka; Musiala (Sadio Mané, min. 69), Kingsley Coman, Leroy Sané; y Serge Gnabry (Thomas Müller, min. 80).
Goles: 1-0, min. 28: Rodri; 2-0, min. 70: Bernardo Silva; 3-0, min. 77: Haaland.
Árbitro: Jesús Gil Manzano (España). Amonestó a Bernardo Silva, Alphonso Davies y a Pavard.
Incidencias: partido correspondiente a la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones, disputado en el Etihad Stadium (Mánchester, Inglaterra).