El VAR y el meta maquillaron un mal inicio merengue. Un golazo del malagueño dio calma a los españoles. Nuevo ejercicio de escapismo frente a las lesiones (0-1).
Llegaba el Real Madrid a esta ida de octavos de final de la Liga de Campeones en volandas tras golear al Girona y lanzar una escapada nítida en Liga. Y estaba avisado del cariz de la eliminatoria que comparte con el RB Leipzig. El billete para la siguiente ronda se definiría en la faceta atacante. Pues bien, el catorce veces campeón de Europa se descubrió rápido sostenido por el meta Andriy Lunin y, esa es la verdad, por el árbitro Irfan Peljto y el VAR. 'Shock' precoz y aviso a navegantes.
El bloque construido a través de la famosa bebida energética propone fuegos artificiales sin importar demasiado el justo medio, el equilibrio. Presión alta y volar con la pelota. Eso es todo. Esta fórmula le convierte en un peón de peligrosidad mayor que el pedigrí de su nombre. El técnico Marco Rose es fiel a sus raíces (labradas como pupilo en el césped de Jürgen Klopp y como mano derecha de Thomas Tuchel, ya en el banquillo). Su propuesta es capaz de llevar al límite a cualquiera y los merengues lo comprobaron. Hubo empate a remates (15 por bando).

Un arranque como el de la derrota del pasado curso
Una entrada fría en partido le costó a los favoritos recordar con fiereza el carácter improvisado de su defensa. Con tres de los cuatro centrales lesionados, los españoles sufrieron de lo lindo hasta el minuto 20. En ese segmento acumularon imprecisiones en la salida de juego desde atrás y concedieron varias llegadas claras. La primera, en el segundo minuto, acabó en un centro-chut de Schlager y el cabezazo a gol de Benjamin Sesko. Emergió ahí el videoarbitraje para salvar al Madrid. La diana quedó invalidada por un fuera de juego posicional de Henrichs, que presuntamente tapaba la visión a Lunin.
Se mostró lúcido Xavi Simons de inmediato, con un pase elevado sublime que Sesko no atinó a embocar, y Dani Olmo, en el otro costado, se destacó como el más venenoso con su juego entre líneas y sus asistencias. En el minuto 10 le regaló a Sesko un pase en ventaja pero el delantero se topó con Lunin. El portero ucraniano se ha asentado en la titularidad por méritos propios, con total justicia, y este martes tuvo que multiplicarse. Con éxito. Yacían los visitantes ahogados por la presión local y el guardameta merengue contuvo un derechazo de Henrichs antes de que Sesko desaprovechase otro envío iluminado de Olmo -disparo al lateral de la red, minuto 21-.
Tardaron los madridistas casi media hora en domar el ritmo. Toni Kroos, como casi siempre, reclamó la posesión y comenzó a bajar las pulsaciones. Entonces entró el encuentro en un segmento más cómodo para los capitalinos, aunque no pudieron desbordar con claridad. Eso sí, una pérdida no atajada a tiempo conducía a una contra germana afilada. Lo pasó mal el favorito porque la baja de Bellingham, en el desahogo, se notó y Carlo Ancelotti no quiso reforzar el centro del campo. Aceptó el intercambio de golpes. Con todo, necesitaban amenazar y recurrieron a Vinicius.
Lunin sostiene, Brahim remata
Rose pegó el corpulento Simakan al regateador brasileño, con el lateral Henricks reconvertido en mediocentro para vigilar. Sabían de su peligrosidad, mas le padecieron cuando asomó. Por su carril creció el Madrid en transición y en estático, obligando a los alemanes a retrasarse. Y el meta Peter Gulácsi empezó ver llegar cierto peligro. Rodrygo se activó y probó suerte, lo mismo que Kroos -con un chut desde media distancia- y Tchouaméni conectó un testarazo que sacó bajo palos Openda.

Tendió a la desesperación el Leipzig al no poder brotar en plenitud y asistir a la permisividad arbitral con los merengues. Además tendían a descoserse, del mismo modo que les ocurre en la Bundesliga -son uno de los tres equipos que más rematan y el que menos balones recupera-. Una única victoria en los cuatro partidos precedentes es un bagaje de difícil maquillaje y el poderío ofensivo no duró lo suficiente para eludir las flaquezas del planteamiento de Rose. Terminó el primer acto el favorito al mando, mejor ajustado tacticamente y con Vinicius y Brahim Díaz sueltos.
En la reanudación amagaron los germanos con emitir otro fogonazo inicial, presionando con ardor, pero se toparon con la calidad individual ajena. En el minuto 48 recogió el cuero Brahim en banda derecha, se giró, sentó a tres zagueros y descerrajó un zurdazo desde el pico del área que se coló por la escuadra. Una maravilla y su octavo gol del curso, uno más que los que consiguió en su mejor año en Milán. Su irrupción como secundario cierra el debate sobre si posee cualidades para pertenecer al club Chamartín. Se retiró con molestias.
El Leipzig se revolvió como sabe, con valentía, orgullo y frenesí. Lunin sacó los remates claros de Dani Olmo, Sesko -mano clave, minuto 82- y Simons -el líder local-, pero el encuentro ya había intercambiado los papeles y el Madrid gobernaba con aplomo. Los locales asumieron la iniciativa y los madrileños, hasta el desenlace, cedieron territorio y llegaron con peligro a la contra, con espacios. Perdonaron Rodrygo -minuto 65-, Vinicius -punterazo al poste, minuto 72- y Joselu -volea fuera por poco, minuto 94- en este tapete favorable a su delegación. Fede Valverde y Camavinga emergieron cuando arreciaba el cansancio y el arquero ucraniano echó el cierre con un vuelo magnífico ante la volea de Haidara -minuto 85-. Una noche más sin rasguños ante una plaga de lesiones que esta vez contagió a Brahim.
Ficha técnica
0- RB Leipzig: Gulácsi; Raum, Orban, Klostermann, Simakan; Schlager (Kampl, min. 90), Henrichs (Haidara, min. 75), Xavi Simons; Dani Olmo (Elmas, min. 75), Openda (Poulsen, min. 75) y Sesko.
1- Real Madrid: Lunin; Mendy, Nacho, Tchouaméni, Dani Carvajal; Kroos, Camavinga, Fede Valverde, Brahim Díaz (Lucas Vázquez, min. 84); Vinicius y Rodrygo (Joselu, min. 84).
Goles: 0-1, min. 49. Brahim Díaz.
Árbitro: Irfan Peljto (Bosnia). Amonestó a Simakan, Marco Rose, Dani Carvajal, Poulsen, Vinicius y a Sesko.
Incidencias: partido correspondiente a la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Red Bull Arena (Leipzig, Alemania).