Los azulgranas pudieron casi sentenciar la eliminatoria pero perdonaron (1-1). Osimhen empató el gol de Lewandowski y Montjuic decidirá. Todo le cuesta al equipo de Xavi.
Nápoles, más que una ciudad o un club de fútbol es un estado mental. Y la representación más fiel de esa esencia lleva estos días el nombre de Aurelio y los apellidos De Laurentiis. Capaz de construir la gloria y de destruirla en unos meses, el presidente 'partenopeo' contrató a su tercer entrenador del curso este lunes. El culmen de la inestabilidad. Una montaña rusa en la que desembarcó este miércoles el Barcelona, con motivo de la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones. No sabían qué esperar los catalanes de su rival...y tampoco de ellos mismos, vista la dinámica liguera que llevan. Y de ese intercambio de incógnitas salió un empate más esperanzador para los 'culés'.
Empezó muy bien el equipo preparado por Xavi Hernández. Presionaron arriba, aceleraron sus combinaciones y dominaron el juego con personalidad. Completaron en los 25 minutos iniciales el veneno que más afecta a los napolitanos, un bloque despojado de su alma, que compite a dos o tres velocidades menos que el año de su tercer 'Scudetto'. El ritmo alegre y florido de los visitantes descompuso a los locales, y las oportunidades de gol arrinconaron el portero Alex Meret. Los azulgranas disfrutaron entre líneas con un Pedri iluminado y con Ilkay Gündogan amenazando al espacio como segundo delantero. Sufrió de lo lindo el sistema 'azzurro' en su achique hasta que se fue asentando. Acusó el enésimo cambio de idea que ve ese vestuario en estos meses. Porque el nuevo técnico, Francesco Calzona, ordena salir jugando con pases, como buen pupilo (y ayudante) de Luciano Spalletti y de Mauricio Sarri. Todo lo contrario que Rudi Garcia y Walter Mazzarri, sus dos antecesores en el cargo.
Gran Barcelona de inicio, sin remate
La producción barcelonista abrió la espita con el desequilibrio exterior generado gracias a las incorporaciones por la izquierda de Joao Cancelo. El luso desajustó a los italianos porque los centrocampistas 'partenopeos' soltaban las ayudas a mitad de camino. Si el Barça conectaba varios pases, los desmarques encontraban rutas libres de acceso a tres cuartos de cancha. En ese escenario emergió Lamine Yamal con peligro. Chutó fuera desde la frontal -minuto 4-, probó los guantes del portero transalpino tras un robo alto -minuto 8- y emitió varios centros punzantes. A sus 16 años, sigue asombrando el carácter que muestra en las grandes noches. A esas alturas ya había quedado claro que Meret iba a ser el mejor jugador local y sostuvo a los suyos al repeler el remate de Robert Lewandowski desde el área pequeña -en otra escapada de Cancelo, minuto 22- y el cañonazo lejano de Gündogan -minuto 24-.
Le faltó precisión en la finalización a los azulgranas y sobrevivió el Nápoles a este primer arreón de la eliminatoria. Y poco a poco ganó algo de peso en el fútbol, dependiendo eso sí de las aventuras individuales de Khvicha Kvaratskhelia para amenazar. También buscaron de manera repetida a Victor Osimhen. El bombardero nigeriano no jugaba desde que se fue, hace más de un mes, a la Copa África. Su puntería es fundamental para los napolitanos y lo sabía Xavi, que convirtió a Ronald Araújo en su sombra. El uruguayo e Íñigo Martínez se manejaron con eficacia en la defensa anti-aérea de los centros laterales que llegaron al área de Ter Stegen. Sin Zielinski -castigado con el ostracismo por De Laurentiis al enterarse que se irá en verano al Inter-, la armonía en la mediapunta local ha desaparecido. Y la consecuencia se comprobó también en este evento: cero tiros (fuera o entre palos) al descanso.
Calzona debió contentarse por el crecimiento en las sensaciones que había experimentado su esquema con el paso de los minutos y decretó más ambición en la reanudación. Sus muchachos subieron líneas y revoluciones, con voluntad de discutir la iniciativa y la posesión. Quisieron dominar los 'partenopeos' como hacían con Spalletti, en esa búsqueda de recuperar la identidad que prometió el actual seleccionador de Eslovaquia en su presentación de este martes. Pero al no disponer de la claridad del mencionado Zielinski, al estratega le toca apostar por el físico de Cajuste y la creatividad se complica. Del mismo modo que la colocación de Christensen como mediocentro defensivo pretende equilibrar al Barça y le resta velocidad a su circulación. Por eso Frenkie De Jong debía dar un paso al frente.

Gol y dudas
El neerlandés ofreció un par de inicios impolutos de contragolpe en este paisaje más reactivo que jugó el Barcelona en el segundo tiempo. Avisaron Lamine Yamal y Gündogan en llegadas en transición y, a la tercera, Lewandowski estableció el 0-1 con un derechazo raso y ajustado desde la frontal -tras una asistencia sublime de Pedri y el pase previo magnífico de Íñigo Martínez, minuto 60-. El polaco ha recobrado el olfato, cinco dianas en los últimos cuatro encuentros. Una noticia fenomenal para los 'culés' que hurgó en la inconsistencia napolitana para inaugurar la ocasión nítida para casi sentenciar el billete a cuartos de final en esta misma noche.
Conoce Calzona que para revivir a este Nápoles vaciado de energía e implicación vale aplicar algún electrochoque y lo hizo en su primer partido al mando: quitó al gris Kvaratskhelia y metió a Lindstrom a falta de media hora para el final. También incluyó al fichaje invernal Hamed Traoré, añorando una reacción con sangre nueva para su colectivo. Sin embargo no va a resultar sencillo a estas alturas revertir la pobre planificación del palco en el Diego Armando Maradona. Y con respecto a este miércoles, quedó imprimida la impresión de que sólo un error catalán podría incendiar a la apasionada tribuna. Un fallo como el que cometió Íñigo Martínez, que cedió en el cuerpeo en el área ante Osimhen para que el atacante empatase a placer -minuto 75-. En el único intento a portería de los locales.
Metidos todos ya en ese vaivén energético que comparten las incertezas de los dos equipos, el desenlace se pintó de incertidumbre. Sin Osimhen ni Lamine Yamal sobre el césped, el Barça optó por tratar de aplicar cloroformo al tempo pero la movilidad de los secundarios napolitanos no le permitiría ganar calma con balón. Se le complicó la escena a un conjunto azulgrana víctima de su flacidez mental y Zambo Anguissa perdonó de cabeza a centro de Raspadori -testarazo cerca del poste, minuto 85-. Lo intentó también Giovanni Simeone, en un tramo postrero de incomodidad sobrevenida azulgrana. Cuando las imprecisiones correspondían a los visitantes, Gündogan a punto estuvo de marcar con un zurdazo que lamió la madera -minuto 94-. Montjuic definirá quién sufre más dudas.
Ficha técnica
1- Nápoles: Meret; Olivera, Juan Jesus, Rrahmani, Di Lorenzo; Lobotka, Zambo Anguissa, Cajuste (Hamed Traoré, min. 61); Politano (Raspadori, min. 76), Kvaratskhelia (Lindstrom, min. 61) y Osimhen.
1- Barcelona: Ter Stegen; Cancelo, Iñigo Martínez, Araújo, Koundé; Christensen (Oriol Romeu, min. 86), Frenkie De Jong, Gündogan, Pedri (Joao Félix, min. 86); Lamine Yamal (Raphinha, min. 80) y Lewandowski (Giovanni Simeone, min. 76).
Goles: 0-1, minuto 60: Lewandowski; 1-1, min. 75: Osimhen.
Árbitro: Felix Zwayer (Alemania). Amonestó a Frenkie De Jong, Íñigo Martínez y a Christensen.
Incidencias: partido correspondiente a la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Diego Armand Maradona (Nápoles, Italia).