Los merengues fueron un desastre táctico por la indolencia y no tuvieron fútbol con balón... hasta el minuto 60, cuando entró Güler y se fue Vinicius. Endrick, brillante y gol de Mbappé. Pasaron de un 3-1 al 3-4 definitivo en el último cuarto de hora.
El Real Madrid arrancó este miércoles un triunfo agónico del Olímpico romano en un partido en el que evidenció la dualidad de su presente. Penó ante la valiente Roma, que es mucho más equipo, exhibiendo las carencias colectivas e individuales, de funcionamiento y actitud, durante la primera hora; y se reivindicó en una traca final espectacular, plagada de orgullo, talento, rebeldía e intensidad. Fue muy superado y muy superior. Tocó fondo y ganó con una remontada marca de la casa, de las que tiene trufada su historia en una Liga de Campeones que tras comanda tras este trance con dos victorias en las dos jornadas disputadas. Fue un vuelco de esos que bien propulsan la confianza hacia raíces resistentes, bien maquillan lo justo la realidad para ganar algo de tiempo y poco más. El tiempo dirá cuál es el cariz de la mística desparramada en este evento por la Ciudad Eterna.
Jose Mourinho sigue asegurando que su proyecto está en construcción y por lo visto esta noche parecería que el técnico luso, a mediados de octubre, todavía está toqueteando las teclas sin demasiado concierto, probando a ver cómo suena la orquesta. Con dos derrotas sangrantes a las espaldas (ante Betis y Atlético), que se resumen en los problemas para generar juego y para presionar con compromiso que echaron a Carlo Ancelotti, Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa, eligió para este evento renunciar a la pelota y poblar de músculo la zona en la que brota el juego. Apostó por combatir el estilo vertical de Gian Piero Gasperini con más verticalidad. Y el estratega italiano le pasó por encima, porque sin calidad para pensar en el eje y con Vinicius y Kylian Mbappé de nuevo abrazando el pasotismo, su esquema se partió y sollozó como casi siempre. El arquitecto local juega con las cartas boca arriba incluso antes del pitido inicial. Presiona a cancha completa con marcajes individuales. Con esa paleta, ultraofensiva y 'rara avis' en la élite del balompié mundial, alcanzó la gloria con el Atalanta y ahora está despegando en la capital italiana (no han perdido en la Serie A y han regresado a la máxima competición europea tras siete años de ausencia). Para neutralizar a ese libreto valen la velocidad del tridente merengue y la inteligencia llegadora de Jude Bellingham, pero si no acompaña una red de pases o un lanzador de contras dotado todo se derrumba. El colectivo acaba amordazado por el ardor local y la única herramienta permitida son los pelotazos del portero hacia la nada. Y Thibaut Courtois se hinchó a amontonar pases largos con dirección al vacío. Una vez más. En ese paisaje se desarrolló un primer tiempo de depresión para el madridismo. Son ya demasiadas ocasiones en las que ve a su escuadrón jugar hecho trizas porque sus estrellas no aportan nada sin balón ni se mueven para generar espacios (las persecuciones individuales ofrecen oportunidades para sacar de sitio a los defensores y permitir a los compañeros atacar la espalda de la zaga).
El Real Madrid de Vinicius se inmola en Roma
La idea de Gasperini está tan implantada en su plantilla que casi no se notan las bajas de pilares como el capitán Bryan Cristante y el portero Mile Svilar. Partieron sin dos de sus titulares, lesionados, y por el camino se caerían con molestias Manu Koné y Paulo Dybala. Nada menos. Sin embargo, los 'giallorossi' siguieron jugando y peleando como si nada. Todos los peones cumplen las órdenes de su entrenador con rigor marcial. Da gusto verlo. Sabían que esta era la mejor opción para doblegar al 'Rey de Europa' y le pusieron una diana a Marc Cucurella. Como sabían que 'Vini' no iba a ayudar, el ofensivo carrilero zurdo Wesley França viró a la derecha y se juntó con el escurridizo Matías Soulé. Ambos ejecutaron superioridades continuas y dañaron de lo lindo por ese perfil. Cómo sería la cosa que Mourinho tuvo que pedirle a Aurelien Tchouaméni que apoyase a Cucurella. El desequilibrio fue total y por ahí nunca pudo gozar de aplomo el sistema español. Venían curvas y Soulé avisó de su descaro en el primer minuto, con un chut fuera de tino. Acto y seguido, Vinicius la perdió cerca de su área por querer regatear, en un avance de su bochornosa actuación, Dybala pintó un centro peliagudo, Courtois rechazó el cuero y Mario Hermoso obligó al meta belga a completar un paradón de videoteca. Y en el siguiente minuto el arquero le negó a Soulé un zurdazo lejano proveniente de otra pérdida de la obtusa construcción de juego merengue. Sólo habían transcurrido cinco minutos y ya había quedado claro las virtudes locales y los defectos del planteamiento visitante. Y no cambiaría el paisaje con el paso de los minutos. Es más, se agudizó la relación de fuerzas. La importancia en este nivel de saber a lo que uno juega es fundamental y la 'Champions' desnuda a los impostores con una soltura sobresaliente.

La movilidad entre líneas de Dybala y el empuje de la pareja Wesley-Soulé, que torturó al desasistido Cucurella, hacían tambalear a unos madridistas carentes de respuestas. Ni pudieron templar por medio de la posesión (no daban tres pases seguidos) ni alcanzaban a amenazar en vuelo. Un remate desviado del combativo Yan Diomante fue toda la producción ofensiva del Madrid en el prólogo. El partido discurría con dirección hacia el arco defendido por Courtois y las oportunidades romanas se multiplicaban con naturalidad. En el 12 Dybala perdonó un pase de Nahuel Molina, que había llegado sin marca a la línea de fondo; y en el 15 el portero belga salvó a los suyos al interceptar un centro-chut peligroso de Wesley. Y como el Viejo Continente premia los merecimientos, en el minuto 20 Marten de Roon abrió el marcador. La jugada nació de una pérdida de Tchouaméni ante el hambriento Dybala y siguió con la pasividad visitante, que permitió al motor neerlandés, soldado fiel de Gasperini, llegar solo a la media distancia. Dese ahí conectó un cañonazo que se coló tras ser desviado por Malen.
Este golpe dejó algo 'sonado' al favorito, ya que en lo sucesivo a punto estuvo de besar la lona. Dos errores en el pase de Diomande y Mbappé desembocaron, respectivamente, en un latigazo de Malen que Courtois detuvo con problemas -minuto 24- y en un intento del punta 'Oranje' que tapó in extremis un Antonio Rüdiger imperial. Él sostuvo a la retaguardia merengue y corrió un tupido velo sobre el rendimiento de Ibrahima Konaté y Denzel Dumfries, dos auténticas máquinas de perder balones con falencias en el achique. Yacía boca arriba el conjunto español, muy inferior en todas las facetas... pero eso no significa que haya que descartarle. Sus individuales poseen un veneno cotizado. Y la 'Champions' también cobija los imprevistos con gratitud. Así, en el minuto 25, de la nada, Tchouaméni ganó un balón por arriba, Diomande venció otro duelo aéreo, Hermoso la pifió en el despeje y Mbappé empató con un trallazo desde la frontal que desvió lo justo Gianluca Mancini. La pelota viajó hasta las redes con una parábola imposible de detener y pareció despertar las ganas de ganar ibéricas.
El Real Madrid de Güler obra el milagro
Tras el 1-1, y pasada la media hora, el bloque de Chamartín dio un respingo y se remangó. Entonces se abrió el choque, con dominio alterno, y Pierluigi Gollini recibió trabajo sostenido. En el 32 Cucurella se escapó por el espacio generado por el movimiento de Vinicius, controló el pelotazo de Courtois y chutó cerca del poste; en el 34 Diomande se fue de dos zagueros y metió un centro repelido por la defensa; y en el 46 el costamarfileño redondeó su gran labor tras pérdida con un robo alto que derivó en la pared tejida entre Vinicius y Bellingham que el inglés coronó con un zurdazo demasiado cruzado. Pero a este Madrid le duran poco los respingos y no sabe/no quiere mantener los esfuerzos en el tiempo. Llegó al intermedio algo mejorado y arrastrando el descontrol y una desorganización sólo suturada por Rüdiger. Mas el titán de Berlín no puede contener el flujo oponente por sí solo y en la reanudación se desataría la euforia del Olímpico.

Los dos hándicaps defensivos merengues también lo fueron en ataque. Mbappé marcó su gol y no volvió a aportar, prosiguiendo la senda de desacierto en sus intervenciones; y Vinicius no pasó de constituir un cero a la izquierda. Si fuera coyuntural, se podría decir que en esta fecha padeció una desconexión justificada por la noticia de la sanción de cuatro partidos conocida horas antes del partido. Pero no lo es. Lleva así meses. El gran Mundial completado fue un espejismo. Y si ni uno ni otro abandonan la dejadez, el Madrid va a volver a no llegar lejos en los torneos. Los desajustes que provocan cambiaron de banda al brasileño, en un intento a la desesperada de 'Mou' (puso a Diomande a asistir a Cucurella). Mas la Roma viró la diana hacia Dumfries y tardó muy poco en volver a adelantarse. Ocurrió en el 51, precisamente cuando Vinicius puso el broche a su despropósito. Quiso hacer un taconazo en la medular con el equipo saliendo desde atrás, perdió la pelota y se generó un dos para dos que Rodrigo Mora (el diamante que relevó a Dybala) desbrozó con un pase al hueco con el que Malen batió a Courtois. Y los de Concha Espina, descosidos, todavía dispondrían de más margen para despeñarse, ya que en el 57 Soulé afiló una contra en la que el 'capocannoniere' de la Serie A recibió un pase por el centro y resolvió con solvencia el mano a mano ante el meta belga. Todo ello patrocinado por la flacidez madridista.
Los merengues se descubrieron con 3-1 en el marcador e inmersos en una de las peores imágenes que se recuerdan. Y Mourinho, artífice de unas decisiones muy discutibles y que se sabe sentado en una silla que empieza a calentarse, tomó cartas en el asunto con la misma resolución con la que en 2022 le brindó a los 'giallorossi' el único entorchado continental de su historia. Primero sacó del campo a un Vinicius que ya supone un problema serio y después dio un volantazo total al estilo. Había empezado con Tchouaméni y Fede Valverde en el doble pivote y terminó con Arda Güler y Bernardo Silva. Se la jugó, cuando ya no tenía otra, por la calidad técnica y el juego combinativo. Y para guinda, en el ejemplo paradigmático de la crisis detonada, recurrió a Endrick, al que hasta este momento sólo le había regalado cuatro minutos de fútbol en este curso. Con ese rosario de cambios, y los ajustes de colocar al capitán uruguayo en el lateral diestro e introducir al iluminado Carlos Espí, el ideólogo portugués le cambió la cara por completo a su propuesta, en aspecto y en alma, y sembró las bases para la explosión venidera.
De repente sus muchachos circularon la pelota, incluso con ritmo, y presionaron. Y, eureka, robaron con celeridad la pelota y pasaron a dominar el cuero y la iniciativa. Se hicieron con el gobierno del choque, en resumen. Este giro coincidiría con el lógico bajón físico que pauta la paleta de Gasperini. La 'Loba' se había desfondado (pagando también el derroche del pasado fin de semana en Como) y no pudo más que replegar. Hasta la conclusión sólo alcanzaron a acercarse a Courtois en una contra definida por Mora y tras un error de Konaté. Todo lo demás en el epílogo fue madrileño, con Güler dirigiendo, Diomande rebelándose y Endrick arrasando por la derecha. Entre los tres decretaron una tormenta en el área de Gollini y encerraron a los italianos. Incluso se desperezó Mbappé con un chispazo, aunque el galo sería actor secundario. Fue el genio turco el que terminó por prender la mecha de la afamada heroica merengue continental. Las consecuencias de su suplencia subrayaron su importancia en este Madrid. Entre los minutos 83 y 91 repartió tres asistencias que dieron la vuelta al resultado. Más allá de su claridad, su precisión en el golpeo es algo de lo que no es razonable prescindir. Tres lanzamientos de córner maravillosos manados de su zurda, en ese lapso temporal, devinieron en los tantos de Espí, Endrick y Rüdiger. La metamorfosis les había llevado a la orilla y dejó esta estadística: en la primera mitad chutaron cuatro veces, una de ellas a puerta; y terminaron el segundo acto con 16 remates ejecutados, ocho de ellos entre palos. La lógica es tozuda y mantiene a flote a un proyecto que sigue renqueando y que, al menos hoy, mantiene la sonrisa.
Ficha técnica
3- Roma: Gollini; Hermoso (Koulierakis, min. 81), Ndicka, Gianluca Mancini (Balerdi, min. 63); Marten de Roon, Manu Koné (Pisilli, min. 17), Nahuel Molina, Wesley; Dybala (Rodrigo Mora, min. 46), Soulé (Pellegrini, min. 63) y Malen.
4- Real Madrid: Courtois; Cucurella (Carreras, min. 78), Konaté, Rüdiger, Dumfries (Arda Güler, min. 59); Tchouaméni (Bernardo Silva, min. 70), Fede Valverde; Bellingham, Vinicius (Endrick, min. 59), Diomande (Espí, min. 78); y Mbappé.
Goles: 1-0, min. 20: Marten de Roon; 1-1, min. 25: Mbappé; 2-1, min. 51: Malen; 3-1, min. 57: Malen; 3-2, min. 83: Espí; 3-3, min. 86: Endrick; 3-4, min. 91: Rüdiger.
Árbitro: François Lexetier (Francia). Amonestó a Gianluca Mancini, Wesley, Pellegrini y a Carreras.
Incidencias: partido correspondiente a la 2ª jornada de la Fase Liga de la Liga de Campeones, disputado en el Estadio Olímpico (Roma, Italia).