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Crónica económica

El Gobierno se atendrá al 4,4% de déficit

jueves 23 de febrero de 2012, 20:30h
El Gobierno ha recibido una mala noticia. No que la economía vaya a decrecer un 1 por ciento este año, sino que esa es la previsión que tiene la Comisión sobre España. Eso quiere decir que su moderación en el objetivo de déficit será menor del que desea Rajoy. Por J.C. Rodríguez
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, lo ha vuelto a dejar claro. El salto al déficit al 4,4 por ciento se basaba en un punto de partida del 6,0 por ciento y será desde un trampolín del 8,0 por ciento del PIB. Y con una previsión de crecimiento del 2,3 por ciento, mientras que la previsión de la CE será de un decrecimiento del 1 por ciento: 3,3 puntos menos.

¿Cuál es la mala noticia? No que vayamos a decrecer. Eso lo sabía ya el Gobierno. Sino que el punto de partida de la Comisión Europea para fijar los nuevos objetivos de déficit no será el punto y medio de decrecimiento que tendremos en 2012, sino sólo un 1,0 por ciento. Es decir, que la CE nos exigirá desde presupuestos más optimistas que los que finalmente serán realidad. Esto hará que el ajuste que deba aprobar el Gobierno en los Presupuestos Generales del Estado será mayor que el que desearía.

Mariano Rajoy ha dicho más cosas. Ha anunciado que presentará los Presupuestos el día 30 de marzo. Y ha dicho que serán realistas. En primer lugar, que hará una previsión realista de la evolución de ingresos. Pero para poder hacerlo, tiene que partir de un cuadro macroeconómico, es decir, de un conjunto de previsiones sobre el PIB, el paro, la inflación y demás que arrojará unas previsiones de ingresos en función de la estructura de impuestos que tenemos.

Pero el Gobierno ya deja caer, en una filtración que es una queja respecto de las previsiones de la CE, que lo que él espera sobre la economía nacional es un comportamiento bastante peor que esa caída del 1,0 por ciento.

Pero no acaban aquí los problemas del Gobierno. Porque aunque Olli Rehn ha reconocido que Bruselas “está trabajando” con las autoridades españolas para fijar un nuevo objetivo, no lo hará sin conocer dos cosas. Primero, cuál es el verdadero déficit de 2011, sobre el que ha habido una gran polémica por la noticia de Reuters de que Rajoy lo había inflado sin una base real. Y, segundo, cuáles son las razones de ese desvío. Esos números no se conocerán hasta el 23 de abril. Y sólo en una fecha posterior decidirá la Comisión Europea fijar un nuevo objetivo.

¿Qué quiere decir esto? Que Mariano Rajoy tendrá que aprobar los presupuestos (que, insistimos, se presentarán el 30 de marzo), basándose todavía en las previsiones actuales de déficit: el 4,4 por ciento en 2012 y el 3,0 por ciento en 2013. Recordemos que según las previsiones del Fondo Monetario Internacional no alcanzaremos el objetivo de déficit de 2011 (del 6,0 por ciento) ni siquiera en 2013, cuando debería ser entonces de la mitad.

Si tener que seguir aferrado al objetivo del 4,4 por ciento es ya de por sí una mala noticia, aún queda otra que lo complica aún más. El diario Wall Street Journal le ha hecho una entrevista al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. En ella le inquiere por la posibilidad de que se relajen los objetivos de déficit de España y Portugal. Y él lo rechaza de plano. Dice que “la consolidación fiscal es inevitable en la actual situación, y con ella se compra el tiempo necesario para las reformas estructurales. Echarse atrás en los objetivos de déficit podía provocar una reacción por parte del mercado. La prima de riesgo y el coste del crédito subirían. Ya hemos pasado antes por todo esto”.

Esta opinión es muy interesante. Desde luego, Mariano Rajoy tiene siempre presente a los mercados. No desaprovecha ninguna ocasión para decir que él cumplirá cualquier objetivo de déficit que fije la Comisión. Pero si 1) tendrá que aprobar unos presupuestos con los objetivos antiguos y 2) el BCE advierte de que España no debería desviarse de éstos si no quiere verse devorada por los mercados, entonces quizás deba prepararse para lo que estaba evitando: hacer el esfuerzo de cumplir el viejo y temible objetivo de déficit del 4,4 por ciento, y confiar en que el nuevo que marque la CE (que tampoco será muy superior), sea sólo un margen de error si las cosas se tuercen.
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