ROSA DÍEZ: ESPAÑA SIN COMPLEJOS
viernes 11 de abril de 2008, 22:20h
En un momento en el que el PP parece más preocupado por resolver sus problemas internos que por hacer una verdadera oposición, tal y como se ha visto en el debate de investidura, merece la pena destacar la intervención de una novata en el Congreso que, a pesar de su soledad y escaso tamaño -tanto físico como en número de escaños- consiguió hacerse oír más y más claramente que muchos otros. Rosa Díez se enfrentó a su ex compañero de partido, José Luis Rodríguez Zapatero, contra el que en su día llegó a competir por la presidencia del mismo, bajo la atenta mirada de otro de sus adversarios en aquella ocasión, José Bono. Y fue ella la única que se atrevió a mentar los asuntos más profundos y de más hondo calado que se han escuchado a lo largo de estos días en el hemiciclo.
Será quizás por sentirse libre de los anquilosados modos de un gran partido como pueda ser el PP o el PSOE, pero, a diferencia de estos, Rosa Díez trajo un soplo de aire fresco a un escenario demasiado acostumbrado a los rituales rígidos, circunloquios, rodeos y escapismos de la clase política. Con palabras claras, nítidas y contundentes, la diputada de UPyD se atrevió a hablar de los temas que realmente preocupan a los ciudadanos y a llamar a las cosas por su nombre. Puso sobre tapete lo injusto de la actual ley Electoral que hace que, a pesar de ser la quinta fuerza más votada del país, su partido tenga un representante frente a los siete del PNV. Se atrevió a denunciar la falacia del autonomismo asimétrico que, guste o no, se traduce en que los ciudadanos españoles tienen más o menos derechos en función de la ferocidad del nacionalismo o gobierno que rija la autonomía en la que viven.
Se atrevió, incluso, a reclamar la modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial para fomentar una mayor independencia de los jueces, reivindicando que -a pesar de que su ex compañero de partido, Alfonso Guerra, afirmara en su día que “Montesquieu ha muerto”- la auténtica base de una democracia es la separación de poderes -porque es lo que garantizas la libertad y, por tanto, asegura la alternancia-. Tampoco se dejó en el tintero el uso perverso que algunas autonomías han hecho de la transferencia educativa para utilizarla para fines ideológicos.
En resumen, Rosa Díez defendió a las claras, con luz y taquígrafos, una idea políticamente incorrecta: la unidad de España. Muchos la critican, de hecho, acusándola de defender un españolismo rancio y retrógrado. Nada más lejos de la realidad. Ella no se opone a las autonomías, como afirma Zapatero, sino a la diferencia de derechos entre ellas. El derecho a la diferencia no puede convertirse en la diferencia de derecho, como pretenden muchos nacionalismos excluyentes que exigen la pluralidad fuera de su territorio pero excluyen a los demás en el suyo. Otra de sus críticas, de hecho, se centró en las políticas lingüísticas que se están llevando en comunidades como la vasca y catalana que parecen pretender el exterminio del castellano, con la connivencia del PSOE. Habría que preguntarle a Pettit, gran ideólogo de Zapatero, qué pensaría si en alguno de los cantones suizos se prohibiera rotular en el idioma de otro cantón. Resulta grotesco constatar que es más fácil escolarizar a un niño en castellano en Londres o Bruselas, que en Barcelona.
Lo que Díez defiende, en resumidas cuentas, es simplemente un concepto que, de no ser por la absurda inversión de términos existente hoy por hoy en España, resultaría obvio y lógico para cualquiera: la necesidad de un Estado fuerte en el que la única identidad colectiva -como sujetos políticos y de derecho- que exista entre sus ciudadanos sea la de, en palabras de su correligionario Carlos Martínez Gorriarán, “la común identidad que nos convierte en género humano”.
La igualdad, base fundamental de una democracia, la libertad del individuo, la defensa de los derechos básicos, en resumen, sólo se pueden desarrollar en un Estado en el que quepan todos los ciudadanos, en igualdad de condiciones. Defender la unidad de España hoy por hoy no es defender una idea abstracta de dimensiones divinas, como muchos quieren creer. Es simplemente defender un Estado, -llámesele como se quiera- que garantiza a todos y cada uno de sus ciudadanos, a través de un sistema de leyes y reglamentos consensuados, un régimen de derechos y deberes, basado en el individuo. Cuando los derechos de los ciudadanos se fundamentan única y exclusivamente en una cuestión de origen o se subordinan a una comunidad, peligra el germen de la democracia: la libertad del individuo.
CRISIS MILITAR EN ECUADOR
15 meses después de su llegada al poder, Raúl Correa se enfrenta al mayor problema interno vivido hasta ahora, en el frente que menos podía imaginar: el Ejército. El conflicto con Colombia ha abierto la caja de Pandora y la aparentemente idílica relación que existía entre las fuerzas armadas y el Ejecutivo -Correa incluso utiliza como leit motiv de su gobierno un himno militar-, se ha tornado en desconfianza y recelo. Como consecuencia, el presidente ha emprendido una remodelación de la cúpula militar, comenzando por el hasta ahora ministro de Defensa, Wellington Sandoval. El hecho que encendió la mecha del conflicto fue la constatación de que el ejército ocultó información fundamental acerca de la presencia de las FARC en Ecuador al ministro de Defensa y, en consecuencia, al propio Correa. Poco después de este descubrimiento, el presidente declaró públicamente que agentes de la CIA se han infiltrado en los servicios secretos ecuatorianos y en algunos mandos de las Fuerzas Armadas, lo que provocó una airada reacción del ejército.
Por una parte, resulta bochornoso que el Gobierno ecuatoriano tuviera que enterarse por la prensa colombiana de que sus servicios de inteligencia estaban realizando un seguimiento de Franklin Aisalla, que falleció junto a Reyes. La excusa de que esa investigación había sido transmitida a la Policía ecuatoriana hacía 5 años, no sólo es insuficiente, sino que revela, además, una preocupante descoordinación entre ambos cuerpos, cuando debería existir una estrecha colaboración. Sin embargo, esto no es excusa para que le presidente Correa lance públicamente acusaciones tan graves hacia los mandos militares como la hecha esta semana. Si realmente cree o tiene pruebas de que hay agentes encubiertos dentro de su ejército, debería iniciarse una investigación seria y consecuente. Declaraciones de ese calibre, no pueden confundirse con recursos políticos o demostraciones de malestar ante lo ocurrido con el caso Reyes.
Por el momento Correa ha sustituido al ministro de Defensa por el ex asesor presidencial Javier Ponce, periodista sin experiencia en temas castrenses o de seguridad, que siempre se ha mostrado muy crítico con la labor del ejército. El nombramiento de Ponce es una señal clara de fuerza del Gobierno frente a la cúpula militar, una especie de castigo y de demostración de autoridad. Sin embargo, no parece lo más conveniente posicionar en un puesto tan sensible a una persona que, además de ser ajena a ese mundo, pueda provocar un gran rechazo a causa de las opiniones que ha expresado hasta ahora. Precisamente, lo que más falta hace para solucionar esta crisis de manera duradera, es limar asperezas y acercar posiciones, de forma que se supere la falta de confianza entre ambas instituciones.
GETAFE vs. BAYERN DE MUNICH
En el fútbol da igual lo bien que juegues, la entrega que le pongas o la ilusión que te empuje. Al final, no ganan los buenos, ganan los grandes. Ayer, el Getafe, un modesto equipo de presupuesto irrisorio, que apenas lleva unos años en primera división, dio una lección de fútbol al todopoderoso Bayern de Munich. El humilde conjunto de la periferia de Madrid, mantuvo pegados al televisor a millones de aficionados al fútbol, ya fueran del Madrid o del Barça, para los que, en ese momento, no existían Ronaldinho ni Schuster. En el palco del estadio Alfonso Pérez pudo verse al Rey y al Príncipe, además de otras figuras del deporte y la política, que asistían al evento como si de una final de Copa de Europa se tratase. Tal es la expectación que levantó el Geta.
El buen resultado de la ida hizo soñar a toda España con la posibilidad de que el Getafe llevase a cabo su gesta, incluso después de que Rubén de la Red fuera expulsado a los pocos minutos de comenzar el encuentro. Los de Laudrup fueron superiores en todo momento e hicieron saltar a la hinchada con tres goles para enmarcar. Pero, a la hora de la verdad, la suerte de los campeones siempre fulmina la ilusión de los pequeños. El Bayern empató la eliminatoria a dos minutos del final y forzó una prórroga que acabaría ganando pocos segundos antes de que el árbitro diera por finalizado el partido.
Antes de que el Getafe se midiera al Bayern de Munich, su presidente, el histórico Franz Beckenbauer, declaró que no tenía ni idea de cuál era ese equipo al que entrenaba Michael Laudrup. Después del partido de anoche, seguro que ya no se le olvida nunca. En cualquier caso, Beckenbauer puede dormir tranquilo, su equipo es grande. En Getafe, sin embargo, costará un poco más conciliar el sueño, porque saben que su equipo es bueno. Muy bueno. Y los buenos sólo ganan en las películas.