TRIBUNA
El final de la posmodernidad de Europa
martes 06 de marzo de 2012, 09:44h
A los europeos les deprime (¿aún más?) saber que Europa es ahora el enfermo del Mundo. ¿Sólo el enfermo económico de tiempos actuales? Europa estaba enferma de aparentes éxitos cuando se presentaba como un ejemplo de civilización universal. La crisis cultural, espiritual y política precedió en el tiempo a la crisis económica, cuyo epicentro financiero se encontraba en Estados Unidos. Desde entonces Europa se siente perdida. Luis Duch y Albert Chillón, dos críticos españoles de la llamada “posmodernidad”, han escrito un libro en el que analizan la bobería intelectual que ha caracterizado la cultura de masas de los países europeos. España no ha estado al margen de esas tendencias. ¿Recuerdan ustedes a aquel diputado que dijo que “Operación Triunfo” era el ejemplo de la nueva moral emprendedora que defendía el gobierno de España? Ahora nos parecerá un disparate; pero en aquellos años, el programa magnetizó las audiencias de 50 países. ¡El diputado sabía de lo que se hablaba!
Duch y Chillón, en un reciente artículo periodístico, nos recuerdan que fue Jean François Lyotard -el animador de un movimiento anti-estalinista y anti-totalitario (“Socialisme où Barbarie”)- el que creó el término “posmoderno”. Se le ocurrió al definir la arquitectura actual –“incoherente, jovial, ecléctica y cara”-, distinta de la anterior, la de Frank Lloys Wrigth, Mies van der Rohe o Walter Gropius, caracterizada por la coherencia y la subordinación de lo estético a las necesidades sociales –“la forma sigue a la función”, dijo Gropius-. El modelo posmoderno fue Las Vegas: edificios y tipos morales artificiales, creados por el dinero e insostenibles desde todas las perspectivas. ¿No tenemos algo parecido en Valencia, y en los muchos ejemplos parecidos que se dieron en España?
Ese tiempo ha pasado, aunque sus huellas estarán con nosotros durante mucho tiempo.
Europa se acostumbró a que otros hicieran los trabajos más duros. En sentido real, al principio en sus colonias; después, con sus emigrantes venidos de países pobres. También con un sentido metafórico: Europa no pagaba su propia defensa (eso quedaba a cargo de los americanos o de los rusos). Pero quizá no sea esto lo más notable. Los países europeos, en especial Francia, se han ido de sus antiguos dominios en otros continentes dejando conflictos abiertos, o agudizando los que ya existían: Oriente Medio, Israel, Vietnam, Irán, y un largo etcétera.
A Alemania, país que estuvo sometido a un cómodo estatus de inferioridad internacional, ahora se le pide que tenga un liderazgo político en consonancia con su liderazgo económico. Estados Unidos, China, los Altos Organismos Económicos Mundiales, le han expresado a la canciller Merkel que no pueden arriesgar inversiones en Europa si la República Federal no asume la misión de defender la economía común europea, incluyendo el sistema monetario del euro. Esta misma semana veremos cuál será la postura de Alemania. Hasta ahora se ha negado a crear unos bonos europeos, es decir, se ha negado a federalizar los instrumentos financieros de la Unión Europea. El ministro español, García Margallo, ya lo dijo: la única solución a la crisis europea será federalizando las soluciones: el tamaño de Grecia, de los problemas griegos, no son superiores, en términos cuantitativos, a los que suponen las regiones pobres y endeudadas existentes en los Estados más ricos de la UE.
Y aquí nos encontramos con otro ejemplo del posmodernismo: el Parlamento Europeo.
Cuando más necesitamos poderes democráticos europeos descubrimos (quizá sea más propio decir: confirmamos) que el Parlamento Europeo apenas cuenta; y más decisivo aún, los parlamentos nacionales, ¡y las elecciones nacionales!, en estos momentos, crean una dinámica opuesta a los intereses europeos. Las decisiones recientes de Merkel, Sarkozy, Cameron, o el referéndum anunciado por Irlanda (“otro susto propio de nacionalistas irredentos”), han sido dictadas por sus necesidades electorales.
Pero ahí están los problemas. Según la UE, los países que están dentro del euro tienen un desempleo del 10, 7% de su población activa. El crédito, en la práctica, no existe para las pequeñas empresas y para las familias. Los 529.000 millones de euros, una cantidad fabulosa que el BCE ha puesto a disposición de los bancos nacionales al 1% de interés, servirán sólo para que los bancos paguen sus propias deudas, muchas de ellas con el BCE. A la economía productiva llegará sólo la calderilla.
La situación de España es dificilísima. Con un desempleo cercano al 24%, y que asciende a casi al 50% en los jóvenes, las medidas para contener el déficit serán, con la recesión, la puntilla para el poco bienestar social que aún existe. Las noticias sobre las jubilaciones de banqueros españoles, que asciende en un caso a ¡más de 63 millones de euros!, puede significar que la era posmoderna termine de mala manera.