La responsabilidad sobre el déficit es de todos
miércoles 07 de marzo de 2012, 00:15h
Después del anuncio, por parte del presidente Mariano Rajoy, de que el Gobierno se ha fijado un objetivo de déficit conjunto para este año del 5,8 por ciento, caen en cascada los objetivos fijados para el la Administración Central, las Comunidades Autónomas y los ayuntamientos. El Estado ha demostrado no tener un problema excesivo para llevar a cabo su parte del ajuste, a pesar de los enormes problemas a que tiene que enfrentarse. La situación de los ayuntamientos es difícil de controlar en todos ellos, pero tienen poco peso en esta rúbrica. El mayor esfuerzo, y el más difícil, debe hacerse en las autonomías.
Cuando se puso en marcha el modelo autonómico, se hacía bajo dos presupuestos: la cercanía al ciudadano y la eficacia en la gestión. El primero se mantiene, pero del segundo todavía no tenemos noticia. El gasto se ha multiplicado, el número de funcionarios también, pero la provisión de servicios no ha acompañado al progreso general del país. Esta crisis es tan dura que obliga a replantearse la estructura del Estado y el modo en que las Comunidades Autónomas gestionan nuestro dinero.
Pero esta reflexión se tiene que hacer acompasándola con una acomodación del tamaño de las administraciones, de todas, a la nueva situación económica. Y aquí no todos están dispuestos a arrimar el hombro. Pesan más las estrategias políticas, incluso electorales, que la asunción de la responsabilidad. Es el caso, por motivos diversos, de Canarias, Cataluña y Andalucía.
El Gobierno les exige a las administraciones regionales un déficit conjunto del 1,5 por ciento del PIB, lo que supone reducirlo a poco más de la mitad del déficit del pasado año. Es un objetivo realizable. Y está en el interés de todos que se lleve a cabo. Las turbulencias en torno a Grecia nos recuerdan que estamos en el punto de mira de los inversores internacionales y que si no asumimos cada uno la parte de la responsabilidad que nos corresponde, podemos vernos envueltos en un vendaval de desconfianza que nos arrastraría a todos.