El mito de la mafia: 40 años de “El Padrino”
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 18 de marzo de 2012, 20:42h
El 15 marzo de 1972 se estrenó en un cine de Manhattan una película destinada a cambiar la imagen de los inmigrantes italianos en el Mundo y a dar a conocer un fenómeno criminal internacional: El Padrino. Se cumplen 40 años de aquella proyección, de una película que sigue siendo ensalzada y amada fuera de Italia, mirada con desconfianza y algún recelo en la bota. La fascinación de la película resulta innegable. Más cuestionable resulta el tema tratado y, aunque probablemente no entraba en los objetivos de los autores, la habilidad del film de fascinar al espectador, de crear una empatía y complicidad tal que incluso se absuelva a los protagonistas de cualquier exceso de violencia manifestado en la cinta.
La película logra un equilibrio perfecto entre el crimen visible y la violencia implícita, el espectáculo lírico y el horroroso, siendo capaz, en diferentes ocasiones, de generar cierta simpatàia en el espectador hacia un argumento duro e incluso cruel. El uso del flash-back, la complejidad de los personases, un Marlon Brando carismático y agresivo, el estilo narrativo, la estupenda banda sonora, contribuyen a crear una película-mito, artísticamente impecable, llena de escenas inolvidables y frases perennes (parece que comparte el primacía de “frases celebres” junto con Casablanca).
Por otro lado, resulta necesario subrayar que el padrino alimenta una imagen estereotipada, casi folklórica, de un asunto terriblemente serio, donde la justicia es un “asunto privado” y la violencia es legítima en defensa de un presunto código de honor. Por eso merece la pena recordar, que, en la realidad, la mafia y las demás organizaciones criminales italianas nunca han tenido el appeal romántico que Francis Ford Coppola logró dar a este película, a la que, en su origen, la comunidad italiana se opuso firmemente considerándola ofensiva. Tras los 175 minutos de película, el tema mafia y la percepción de la comunidad italo-estadounidense en el mundo ya no era la misma.
A pesar de haber pasado 40 años, anto ayer como hoy, El Padrino, un clásico de y para siempre, ha representado una película imprescindible, pero con la necesaria advertencia de que se trata de una realidad novelada. No se trata de ficción, ni de olvidar que la mafia y su variante norteamericana, Cosa Nostra, representa una organización criminal, violenta y sin escrúpulos. No se trata de prohibir su visión -nunca me ha parecido acertada la idea de que “los trapos sucios se lavan en casa”, como afirmaron tanto Giulio Andreotti al ver la película “Ladrón de bicicletas” del grande Vittorio de Sica, como Silvio Berlusconi ante el éxito mundial de la película de Roberto Saviano “Gomorra”-, sino más bien de combatir su enorme poder de fascinación, recordando la natura criminal de los protagonistas de esta saga. Lamentablemente y en parte debido a la calidad de la misma, su poder de fascinación es tal que centenares de jóvenes italianos (especialmente en el Sur) siguen utilizando la canción de “El padrino” como tono de móvil, sueñan con vivir como Al Pacino en Scarface o con poder amenazar diciendo “le haré una oferta que no podrá rechazar”.
El aniversario de la película puede representar una ocasión para reflexionar sobre el fenómeno, que si es cierto que en Estados Unidos no tiene tanta importancia como antes (sobre todo porque los italianos han sido sustituidos por otras mafias más poderosas), en Italia sigue representando en todas sus variantes territoriales, una poderosa organización económica y criminal que desarrolla sus negocios en el país y fuera de sus confines. Sus intereses económicos siguen expandiéndose, construyendo una estructura clientelar y capilar, postulándose como la principal empresa italiana, la que más dinero mueve. Sus vínculos con la política se mantienen fuertes y sus actividades económicas han trasladado la frontera nacional, irradiándose en todo el mundo, aprovechando la globalización.
La película, objeto de culto para millones de espectadores, no debe interpretarse como una apología de la mafia –nunca lo quisieron sus autores-, siendo necesario desprendernos del aura magnética y mágica que rodea a los protagonistas. Resulta poco afortunado e incluso poco responsable hablar de la mafia en términos entusiásticos, como de algo “simpático”, “comprensible”, un tema “perfecto para escribir una novela o filmar una buena película”, exhibiendo una visión romántica del tema, tal y como están haciendo gala periódicos de medio mundo. La película es admirable, pero, cuidado que la mafia es una cosa seria: honor, familia, violencia, riqueza, poder son elementos de una realidad, la mafia, tan presente y cotidiana en algunas zonas de Italia. Pero, en fin, como decía Borsellino: “Háblate de la mafia. Háblate de ello por la radio, en televisión, en los periódicos. Pero que hablen de ello”.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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