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Prioridades y retos en el Ministerio de Asuntos Exteriores

Juan María López-Aguilar
domingo 13 de abril de 2008, 21:11h
Confirmado ya el nombramiento de Miguel Ángel Moratinos al frente del Departamento de Asuntos Exteriores en el nuevo gobierno, parece oportuno aportar, en un ejercicio de síntesis, una reflexión y unas sugerencias para trabajar por una Administración española en el exterior, moderna, actualizada y eficaz, consecuente con el lugar que se desea para nuestro país.

A lo largo de la reciente campaña electoral, se han apuntado y comprometido numerosas propuestas sobre la necesidad de adaptar Administración y estructuras oficiales de la novena “potencia mundial” a los desafíos inmediatos del siglo XXI. Pues bien, creemos con razón y argumentos que la vertiente de España en el exterior debe figurar como necesidad urgente. Porque a la pregunta ya conocida y divulgada, “¿Qué puede hacer una Embajada, un Consulado por ti?”, sólo puede hoy responderse, “modernizarse”, sobre una política de consenso y de Estado.

Sin menosprecio ni olvido desde luego, de cuanto se ha conseguido hasta ahora, de cuanto se ha intentado con esfuerzo, sin embargo la impresión del funcionario español destinado en el extranjero dista aún de ser optimista. Bien por limitación de presupuestos, con crecimientos anuales insuficientes, bien por las nuevas y exigentes competencias en el área de la cooperación internacional, que absorben fondos y equipos, bien por cierta lentitud de “la maquinaria del Palacio de Santa Cruz”... el hecho es que el titular del Departamento, su Subsecretaría y Secretarios de Estado, deberían de inmediato acometer una estrategia renovada. Sería para ello importante, imprescindible, la comprensión y los apoyos de Presidencia/Economía y Hacienda, para elaborar y llevar a buen puerto un ejercicio de aproximación real y necesario.

Sr. Ministro, en el capítulo de personal cuenta Vd. con un equipo humano, desde los miembros de la Carrera Diplomática al resto de funcionarios y contratados, de muy alto nivel: competente y profesional. Sin embargo, urge y se pide un diálogo renovado para obtener decisiones y no promesas, avances y no “buenas palabras”. ¿Sobre qué cauces y vías? En primer lugar, el de la Junta de la Carrera Diplomática cuyo Decreto y “Bombo” de funcionamiento convendría respetar, con las Asociaciones de Diplomáticos, con las Centrales Sindicales, con la Asociación de Cónyuges de Funcionarios, con un “Consejo Superior” remozado y activo…primando, eso sí, en política de nombramientos, sobre todo de Embajadores, antigüedad, experiencia y profesionalidad sobre cualquier sospecha de amiguismo o politización. ¿Por qué no tener en cuenta los criterios de países afines como Reino Unido, Francia o Brasil...?

En segundo lugar, parece urgente diseñar una estrategia más práctica en la relación de Oficinas Consulares, acorde con nuestras necesidades, acorde con una “coordinación Schengen”, cerrando más de una y en cambio, abriendo en capitales donde nuestros intereses actuales, subrayo actuales, lo demanden. Con criterios que deberían proceder no sólo de los hasta ahora en vigor, sino también del sector privado y ese argumento práctico y renovador también es de aplicación al anterior capítulo, el de personal.

Un tercer desafío, tanto o más urgente es el de las comunicaciones y cuanto se refiere al acceso a la información. Cierto es que progresos vía internet ya se comprueban pero no son satisfactorios en su conjunto. Nuestras Representaciones Diplomáticas y sobre todo las Consulares vienen demandando una modernización y puesta al día que evite o reduzca las largas colas en materias de Registro, Visados y otras diligencias. ¿Está ya preparada la estrategia de su Departamento en apoyo de personal y costes ante la inminente entrada en vigor de la “Ley de los Nietos”? ¡Son cientos de miles las solicitudes previstas sólo en América Latina!

Personal, Infraestructuras, Comunicaciones…en una tríada inicial y urgente. Objetivo inmediato que desarrolle, ¡al fin! el programa y documento que en su día elaborara el Embajador Cardona y su equipo. Todo ello en un contexto que permita en su día abordar un segundo esquema y programa de mejoras, ¿por qué no paralelo? sobre estos capítulos e intereses: Escuela Diplomática, formación continua del personal y utilización de nuevas lenguas, “recuperación” de diplomáticos hoy en el sector privado, Edificio/Sede del Ministerio, Organigrama más ajustado y mejor definido, Inspección de Servicios más eficaz, Centro de Análisis y Estrategia, Coordinación con otros Departamentos Ministeriales y ¡atención! con las Comunidades Autónomas mejora en el mutuo acercamiento con las ONG´s, con las Casas de América, Asia, África, Árabe y Sefarad, preparación ante la presidencia española de la Unión Europea...

Parece un largo etcétera, pero créame Sr. Ministro, es una labor minuciosa y entrelazada de modernización y mejora por etapas que no debe ni puede esperar a otra nueva legislatura. Creemos que es razonada, necesaria y urgente... Se lo expone alguien, con respeto y afecto y con treinta y cinco años de antigüedad en la Carrera Diplomática.
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