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España, entre la inquietud y la responsabilidad

viernes 06 de abril de 2012, 09:20h
De nuevo un frío viento de los mercados recorre el espinazo de los españoles. Los ciudadanos, que se han visto obligados a su pesar a hacer de la prima de riesgo un motivo para conversar en el bar o en una reunión de amigos, asisten atónitos a la nueva subida, vertiginosa, de la diferencia entre la rentabilidad de nuestro bono a diez años y el mismo producto pero con sello alemán. La Bolsa cae a plomo, y volvemos a los niveles del mes de noviembre con una rapidez, con una facilidad, que ciertamente desalienta.

¿Qué ha ocurrido para que de repente el sentimiento del mercado se venga en nuestra contra? En primer lugar debemos reconocer que no es una cuestión netamente española. Todos los mercados están inquietos, el capital sale de los parqués de todo el Viejo Continente, e Italia no sufre este nuevo temblor de los mercados menos que España. En segundo lugar estas turbulencias coinciden con que el Banco Central Europeo ha dejado de apoyar la adquisición de títulos de deuda de España e Italia. Por último, tampoco podemos resguardarnos en este vendaval europeo para esconder nuestras propias responsabilidades. Los presupuestos generales del Estado, viables sobre el papel, van perdiendo credibilidad cuando se trasladan a la penosa situación económica que vive nuestro país. Nuestros acreedores duda, para empezar, que el Gobierno sea capaz de embridar el excesivo gasto de Autonomías y ayuntamientos, puesto que no lo hizo en años anteriores –es verdad que con otra situación política pero eso poco importa a los mercados.

Pero esta visión tan pesimista de la situación no nos debe permitir que perdamos la perspectiva. El ministro de Economía, Luis de Guindos, le ha devuelto elegantemente el guante que le lanzó Mario Monti al gobierno español, cuando colocó sobre nuestros problemas el foco de la preocupación europea. De Guindos ha señalado que el gobierno español cuenta con un fuerte apoyo político, tras ganar unas elecciones recientes, con el respaldo mayoritario del Parlamento, logrado con una amplia mayoría de votos. Muy en contraste con el gobierno tecnócrata de Mario Monti, que deslumbró en sus primeras medidas, pero que está sufriendo un acusado coste político, en un escenario parlamentario precario, a medida que emerge la dura realidad a la que se enfrenta. Ahora bien, con ese respaldo el Gobierno español ha adquirido, en la misma medida que una gran autoridad, una enorme responsabilidad. Y debe utilizar ese caudal de apoyo con la voluntad de realizar los cambios necesarios para España. En suma, debe mantener el pulso. Aflojar, sería un desastre económico y un suicidio político.
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